21 abr 2010

Capítulo 16: SUCIA

Bella

Me desperté en mi cama, no sabia realmente que había sucedido, ni como había acabado allí, me sentía desorientada y bastante dolorida en el alma, mi mente empezó a llenarse de imágenes, cuando Carso me contó eso, cuando Edward me llamo Isabella, cuando corte con el definitivamente y salí huyendo del lugar acabando,¿aquí?.Tendría que buscar una excusa, algo para explicar mi huida y explicar como había acabado desmayada en la entrada del reino, no quería verle, no quería saber de Mike, no soportaría una reprimenda o incluso algo más horrible, seria capaz de hipnotizarme para sacarme la verdad de todo, no podía permitirlo.
Me di un baño intentando tranquilizarme, me vestí y baje al comedor donde sabia que estaría Mike, esperándome, cuando llegue su mirada furiosa me mirada, me controlada cada movimiento, cada respiración que daba, eso me hacia ponerme mas nerviosa y casi sin fuerzas para hablar y disculparme.
-Buenas tardes-dije amablemente e intentando calmar mi voz- quería pedirte una disculpa y darte una explicación.
-Si, como mi esposa me debes una explicación-dijo furioso-mas vale que sea buena o te acordaras de tu aventura durante toda tu vida-dijo amenazante-
-Salí del reino a pasear, pero después de unas vueltas me di cuenta que estaba perdida y desorientada no sabia donde me encontraba, me apoye en un árbol por el cansancio, acabe llorando y me dormí, cuando desperté eche a correr y cuando llegue aquí me desmaye-dije intentando sonar serena y tranquila.
-Sabes que no me gusta que salgas sola del reino, mira lo que te paso, podía haber sido peor, te podían haber echo daño o incluso matado-dijo levantándose y acercándose a mi- no quiero que nada malo la ocurra a mi mujer, la amo demasiado-dijo besando mis labios.
-Lo siento de verdad, no quería preocuparos ni asustaros, mi intención era solo salir un poco del reino a pasear tranquilamente, nunca me ha gustado estar encerrada entre muros y de vez en cuando me gusta salir fuera a pasear-dije con dulzura, para que no notara nada extraño.
El día paso sin que Mike volviera a preguntar nada de lo ocurrido, pareció creerme, subí al cuarto, me cambie en el baño, para que mi marido no me viese desnuda, al salir me miro picadamente lo que me produjo una arcada que controle, se acerco a mi, me beso el cuello, me agarro de la cintura tumbándome en la cama.
-Mike todavía no estoy preparada-dije despegándome de él.
-Estoy cansada de tu rechazo Jane, serás mía esta noche te guste o no-dijo rasgando mi camisón, besándome por todo el cuerpo, tocándome , cada vez mas furioso y con mas pasión, intenté deshacerme de él, pero su fuerza hizo que no pudiera levantarme de la cama, quito mi ropa interior dejándome desnuda ante él, se quito toda su ropa, penetrándome bruscamente, haciéndome suya a la fuerza, mis lagrimas salían descontroladas, repugnando ese momento con todo mi odio; termino de penetrarme y se tumbo en la cama, quedándose dormido al instante, yo me senté en la cama todavía desnuda y abrazándome las piernas con los brazos, repugnándome.
Volví a mirar a Mike. El sólo recordar lo que acababa de suceder hacia que me sintiese asqueada de mí misma. Sin poder controlarme, me levanté y salí disparada hasta el cuarto de baño. Levanté la tapa del inodoro y vomité violentamente. Seguí allí, durante un buen rato, hasta que nada quedó en mi estómago. Comencé a llorar y me senté en el suelo, abrazándome las piernas, mientras no dejaba de pensar que qué había hecho yo para merecer esto…
Cuando ya no me quedaron lágrimas me puse de pie lentamente. Tenía todo el cuerpo dolorido por culpa de… no, no quería pensar más en eso. Me dirigí a la habitación, tomé mis ropas y como pude, me vestí. Después, salí de aquel cuarto. No quería volver a ver a Mike Newton nunca más en mi vida. No podría volver a mirarle la cara, sabiendo lo que había hecho conmigo. Sé que era mi deber como esposa el complacerlo de esa manera, pero yo no me encontraba preparada para hacer algo así con él. Con lo fácil que fue con Edward. Intenté recordar la noche de nuestra unión, pero sólo me venían imágenes de lo que había pasado con Mike una y otra vez a mi mente. Lágrimas volvieron a caer de mis ojos, así que hice lo único que podía: huir. Pero esta vez lo haría sola, no quería a nadie a mi lado. Me sentía sucia, asqueada, y lo que menos quería era tener a alguien conmigo que lo único que haría sería compadecerse de mí. Yo podría valerme por mí misma.
Busqué una pequeña maleta, que fuese fácil de transportar, y cogí únicamente lo imprescindible. Tenía que aprovechar que era noche temprana y que nadie despertaría hasta horas más tardes, para poder alejarme lo suficiente y poder tener una ligera ventaja. Busqué la carta de Edward, la que me decía en que reinos correríamos menos peligro de ser descubiertos. Sería lo último que tomaría de él…

Edward

Habían pasado semanas desde que Jane había huido de mi lado. Desde entonces, había permanecido en mi cuarto, acostado en la cama, pero sin poder apenas dormir. Mi madre venía a visitarme una y otra vez, intentando hablar conmigo y que le explicara lo que había salido mal. Pero yo no tenía ganas de revivirlo de nuevo. Había estado tan cerca de conseguirlo… Había tenido el futuro que había deseado al alcance de mi mano, y por una estúpida revelación, ella había desaparecido de mi lado… otra vez. Me di la vuelta en la cama, ya que llevaba bastantes horas en la misma posición y me notaba entumecido. Cerré los ojos, y la imagen de Jane vino otra vez a mi mente. Las lágrimas cayeron por mi rostro, pero no tenía fuerzas para secármelas. Sólo quería que este dolor desapareciese, deseaba no haberla conocido nunca, para no haberle otorgado tanto poder sobre mí…
Tocaron a la puerta y alguien entró con brusquedad a mi cuarto. Yo ni me inmuté, porque ya nada me importaba. Cerraron de nuevo la puerta, pero esta vez oí que alguien echaba la llave. Con un esfuerzo sobre humano, giré sobre mí mismo para ver quien osaba molestarme. Era mi madre, y su rostro no auguraba nada bueno.
- Hijo –dijo susurrando fuertemente- tenemos que hablar.
- No hay nada que decir, madre –le dije con la voz rota.
- No Edward, esto es en verdad urgente –dijo ella un poco alterada. Me sorprendió el verla así, ya que por lo general ella era bastante tranquila- Lee esto. –me entregó un papel que llevaba el sello del reino Newton. Una punzada de dolor atravesó mi corazón, pero decidí leer lo que dijese para que mi madre desapareciese rápido y me dejase de nuevo para que me regodeara en la miseria de mi vida.
Anuncio de la casa Newton,
La señora Jane Newton Nioman, soberana del reino Newton, se encuentra desaparecida. Creemos fue secuestrada en mitad de una noche, sacándola de palacio sin que nadie se percatase. Nuestras partidas de búsqueda han sido infructuosas. Pedimos colaboración en los reinos vecinos para encontrarla.
Su desolado marido y familiares lo agradecen
Atentamente les envía un saludo,
Mike Newton, heredero soberano del reino Newton.
Tuve que releer la carta una y otra vez para darme cuenta de lo que estaba leyendo. ¿Mi Jane estaba desaparecida? ¿Había sido secuestrada? No, esto no podía estar pasando… ¿Qué habría sido de ella? Miré a mi madre, desolado, mientras le devolvía la notificación. Sólo ella sabía ahora mismo el dolor que había en mi corazón, y no tardé en arrojarme en sus brazos para que me consolase.
- Hijo, siento que te enteraras así… pero creía que debías saberlo –ella secó mis lágrimas con paciencia, mientras yo intentaba asumir mi pérdida. Quería a Jane a mi lado, pero ahora no sabía ni donde encontrarla…- ¿te importaría explicarme que fue lo que pasó? –miré a mi madre y suspiré. Ya no tenía sentido ocultarle por más tiempo la revelación de los duendes y las hadas…
- Mamá, ella y yo huimos… -comencé a relatar- pero nos vimos inmersos en mitad de una guerra. Jane resultó herida, pero un hada acudió a nuestro rescate. Ella iba inconsciente, yo la llevaba en brazos, y cuando llegamos a un claro del bosque, me apartaron de ella mientras la curaban. Cuando despertó y habló con ellos, se alteró muchísimo, así que me acerqué a ver que ocurría… Todo lo que me dijo era que ellos le habían revelado que su verdadero nombre era Isabella Swan, que la raptaron siendo un bebé. No pudo aceptarlo y cuando yo la llamé por su verdadero nombre, huyó de mí…
- ¿Has dicho Isabella? –Preguntó mi madre- ¿estás seguro de lo que oíste?
- Sí, mamá. Sé que dijeron Isabella, y recordé la historia que tantas veces oí de pequeño sobre la hermana mayor de Ángela. Es ella mamá, ella es Isabella…
- Dios mío, no puede ser cierto –fue lo único que ella atinó a decir, abriendo sus ojos como platos y quedando totalmente pálida.- debemos avisar a Charles y Renny, ellos deberían saber la noticia.
- ¡No puedes hacer eso! –Le grité asustado- tendrías que explicar como te enteraste de la noticia, y no quiero que nadie sepa que yo he estado con Isabella. Tanto el reino Newton como el reino Alatar pondrían precio a mi cabeza, madre.
- Tienes razón, tienes razón –ella se levantó y empezó a andar por toda la habitación, mordiéndose las uñas, nerviosa- pero debemos hacer algo, Edward, no podemos permitir que esto quede así…
- Saldré a buscarla, madre –me puse en pie. Me encontraba animado después de tantos días hundido en la miseria. Tenía que encontrarla…- yo la traeré de vuelta al castillo y, cuando ella esté aquí, iremos al reino Violeta, invocaremos a los duendes y a las hadas, y ellos darán testimonio de que todo lo que te he contado es cierto. Así ella podrá volver a su verdadero hogar…
Mi madre me miró, un poco preocupada. Finalmente se acercó a mí, abrazándome y dejando delicados besos en mi mejilla. Yo le correspondí el abrazo y, después de escasos segundos, nos separamos.
- Déjame que te entregue unas cosas antes de partir –me cogió de la mano, abrió la puerta de mi habitación, y me hizo seguirla por distintos pasillos de palacio- Tienes que prometer que tendrás mucho cuidado, Edward. Lo que quieres hacer es peligroso, pero quiero que sepas que tienes todo mi apoyo. Yo te cubriré para que nadie se extrañe de tu partida, así sólo deberás preocuparte de traer a tu princesa sana y salva. –me sonrió y llegamos al gran salón. Nos dirigimos a la parte de atrás de los tronos, corrió uno de los grandes tapices que había detrás y presiono un ladrillo que había en la pared. Un ruido me sobresaltó, y vi con asombro un cuarto oculto detrás de ellos. Mi madre entró y yo fui detrás de ella.
- ¿Qué es este lugar? –pregunté una vez dentro. No se veía apenas nada, y mi madre encendió un candil que había allí, dando un poco más de iluminación a aquel recinto. Miré a mí alrededor y todo se encontraba lleno de cajas. Mi madre miró pensativa todas y cada una de ellas, hasta que, sin saber porqué, se dirigió a una en concreto. La abrió mientras sonreía.
- ¡Ah, aquí estaba! Mi memoria no me falla nunca –me miró antes de acuclillarse y comenzar a buscar algo de ella. Cogió un par de cosas, se incorporó, y se acercó de nuevo a mi lado- Debes prometerme que cuidarás de todo esto… Te entrego esta espada, que te protegerá cuando la lleves contigo. Cada vez que haya un peligro cerca, ella se iluminará para avisarte de que algo ocurre, y si la lanzas a alguien, aunque no puedas distinguirlo bien, irá directa hacia aquella persona, no hiriéndola de muerte, pero sí dejándola lo suficiente malherida para que tú puedas huir –cogí la espada, sorprendido de su poder. En verdad era hermosa…- Toma también este cuerno. Cuando te encuentres en un peligro extremo, del que temas no salir vencedor, sopla en él y algo o alguien acudirá en tu ayuda. No me preguntes qué ni quién, porque ni yo misma lo comprendo, sólo te digo que no puedes usarlo más que en situaciones límite, porque sino, no funcionará, pero si la situación lo requiere, de alguna forma conseguirás salvarte. –Lo cogí y lo colgué de mi cinturón. En verdad podría resultar útil algo así. Estaba cada vez más impresionado con estas cosas, ¿de dónde habrían salido?- y por último –dijo mi madre, interrumpiendo mis pensamientos- te entrego esta brújula. No es una brújula cualquiera, que sólo apunte al norte. Esta brújula apunta a donde se encuentra aquel objeto que tu corazón desea más que cualquier otra cosa. Úsala para traer de vuelta a Isabella con nosotros…
Miré a mi madre, que se encontraba con lágrimas en los ojos. Me abrazó de nuevo y salimos de aquel cuarto antes de que nadie viese lo que estábamos haciendo. Me cogió de la mano y me acompañó hasta las cuadras, y me ayudó a ensillar mi caballo. Cuando ya lo tenía todo preparado, sacó una bolsita de tela y me la entregó también. La abrí y contenía una gran cantidad de monedas. Lo único que pude hacer fue abrazar de nuevo a mi madre y darle un beso en la mejilla. Daba gracias por tenerla como madre, ya que no podía imaginar a nadie más dulce que ella a mi lado para consolarme y ayudarme como lo estaba haciendo. Subí a mi caballo, preparado para partir, y ella me soltó un suave “Suerte” antes de desaparecer de las cuadras y dirigirse de nuevo a palacio. Yo salí de allí, y decidí ir primero a nuestro claro, para ver si había alguna noticia de Isabella… Tenía que encontrarla, tenía que luchar contra el destino que quería tenernos separados, y conseguir tenerla para siempre, conmigo… a mi lado.

17 abr 2010

Capítulo 15: FUGA

La visita de mi madre me dio ánimos. Sentí que si ella estaba de nuestra parte, nada podría salir mal. Así que, sonriendo, decidí escribirle una carta a mi amada, y dejársela en nuestro claro, para notificarle un poco sobre mis avances. Recogí mis notas de por la noche, donde había apuntado distintos destinos para nosotros y le hice un breve resumen sobre ellos que incluiría en el sobre. Cuando tuve todo organizado y estuve tranquilo, me puse a escribir.

Mi Julieta,
Ando emocionado por la cantidad de noticias que se suceden, una detrás de otra. El saber que un fruto de nuestro amor está creciendo en ti me convierte en el hombre más dichoso del mundo. Nunca creí que pudiese amar más de lo que te amo a ti, pero creo que mi corazón se ha hecho más grande y ahora tiene el doble de amor para ti y para nuestro pequeño. Me gustaría poder estar a tu lado, poder cuidarte y amarte como te mereces. Pero falta poco tiempo para que ese sueño se haga realidad.
Me encuentro intentando hallar que mejor lugar sería nuestro destino, para cuando nos vayamos juntos. Un lugar tranquilo, donde poder criar a nuestro bebé sin preocuparnos. Adjunto en este sobre te mando una lista de los posibles destinos, para que tú también puedas escoger.
He calculado que para irnos, lo ideal sería hacerlo en un plazo máximo de un mes. Así nadie llegaría a notar tu estado y no se percatarían de nuestros planes.
Nunca olvides lo mucho que te amo, Julieta
Con amor
Tu Romeo


Cerré el sobre y salí de palacio. Me dirigí a las cuadras y ensillé mi caballo. Cuando todo estuvo listo, partí hacia el bosque, hacia nuestro claro, para poder dejar la carta allí. Lo único que esperaba era que coincidiese con ella allí… Mi corazón estaba impaciente por volver a estar a su lado. Pero cuando por fin llegué, el lugar estaba solo. Miré a mí alrededor, y no lo vi tan hermoso como cuando ella estaba allí. Suspiré y finalmente dejé la carta en el lugar acordado. Pero cuando estaba a punto de volver a montar en mi caballo, me lo pensé mejor, y cogí una pluma que llevaba y cogí de nuevo el sobre. Debajo del nombre de Bella, escribí una frase para que ella sonriese al verla, igual que yo estaba sonriendo al pensarla. “Cuida de mi corazón… lo he dejado contigo”…
Con esa sonrisa, finalmente subí a mi caballo. Volví a dirigirme a palacio antes de que nadie me echara de menos y saliese en mi busca. Mientras cabalgaba pensé en un par de cosas que mi madre podría hacer por nosotros, como conseguirnos algo de dinero con el que poder tirar hasta que nos ubicásemos en un sitio y yo consiguiese algún trabajo.
Cuando llegué, fui derecho a mi cuarto y me tumbé un poco en la cama, ya que me encontraba extenuado por tantas emociones. Cerré los ojos, y vi mi futuro. Era junto a ella, y nos vi con más niños. Sonreí de nuevo al ver lo felices que seríamos. Lo único que podía pensar era que haría todo lo posible porque ese futuro dejase de ser un sueño y se convirtiese en una realidad.
Me levante por la mañana con una sonrisa en la cara, la verdad me encontraba de mejor humor de lo que podía creerme, sabia que mi Julieta habría ido a por mi carta y además lo ocurrido con mi madre me daba grandes ánimos para no rendirme, para luchar por lo que realmente quería y amaba, Jane y mi hijo.

Bella

Los días pasaban como años, todo se hacia cada vez mas eterno, todos los días bajaba al claro a buscar cartas de mi amado y dejar mis respuestas, en un par de días nos iríamos juntos, lejos para poder criar a nuestro pequeño, habíamos quedado en nuestro claro, dónde nos habíamos entregado; intentaba comportarme igual como la reina que era, para que nadie notara mis planes.
Mike seguía insistiendo en acostarnos, en que fuera suya, pero solo esa idea me hacia repugnarle mas, dormíamos juntos pero cada uno en su lado y sin tocarnos, me levante sonriendo, ese día era el especial, era el día de mi fuga. Llegue al claro y allí estaba él, esperándome con una sonrisa inmensa acercándose a mi con los brazos abiertos, en aquellos brazos donde encajaba a la perfección, nos besamos con fugacidad notando la necesidad de los dos. Comenzamos andar hacia nuestra nueva vida, huyendo de nuestra triste y antigua vida, llevábamos andando casi cuatro horas cuando empezamos a oír caballos, cañonazos, gritos, enfados, debían de haber empezado mi búsqueda, llegamos a un claro, nos encontrábamos rodeados, no teníamos escapatoria y nos matarían.
La flecha me atravesó el brazo, caí en brazos de Edward, nos encontrábamos en mitad de una guerra entre nuestros reinos; una pequeña hada vino hacia nosotros, toco el brazo de Edward con dulzura, para llamar su atención.
-Acompañarme alteza, la princesa y usted, estaréis a salvo de esta guerra si me seguís- dijo con un tono dulce y mágico.
Edward acepto, me cogio en sus brazos, mientras notaba como mi cuerpo quedaba sin vida; al abrir los ojos me encontraba tumbada en una cama, con dos duendes mirándome, hablaban rápido y me tocaban la herida, echándome algo en ella, empezó arderme el brazo, yo mientras el dolor me atravesaba buscaba con mi mirada a Edward por toda la habitación, no le encontré, ¿Dónde estaba? le necesitaba a mi lado.
-Edward, Edward, ¿Dónde estas?-dije chillando
-Tranquila Edward esta hablando con Alice, el hada que os trajo, no debes alterarte, te encuentras muy delicada-dijo el duende tranquilizándome.
-Necesito verle, tenerle a mi lado por favor-dije suplicante intentándome levantar, el duende apoyo su mano dulcemente en mi hombro tumbándome de nuevo.
-No te muevas por favor princesa Isabella-dijo el duende- ahora llamo al príncipe Edward para que venga a verla alteza.
-Un segundo, ¿Cómo me llamaste?-pregunte desconcertada y mirándole fijamente.
-Princesa Isabella- dijo el duende- así es como se llama usted realmente, a propósito, disculpe mi desconsideración me llamo Carso.
-Yo no me llamo Isabella, soy Jane Nioman, princesa del Reino Alatar y reina del Reino Newton-dije duramente- Carso creo que se equivoca de persona.
-No princesa, usted en verdad se llama Isabella, los poderes que poseemos son muy potentes y curativos, vemos en el tiempo y sabemos que hace 18 años fuiste robada de tu verdadero hogar, el reino Violeta.
Mi cabeza daba vueltas por todo lo que Carso me contaba, sin poder creerme que yo no fuera la princesa Jane, que me hubieran robado nada mas nacer. El duende desapareció por la puerta, al poco apareció Edward, mirándome con preocupación, se acerco a mí abrazándome, yo me eche a llorar desconsoladamente en sus brazos.
-No llores mi niña-dijo Edward abrazándome mas fuerte- ¿Por qué llora mi ángel?
-Edward, Carso el duende que ha estado cuidándome me ha dicho que soy la princesa Isabella del Reino Violeta- vi como su cara cambiaba- que me robaron del reino nada mas nacer y eso no puede ser, soy la princesa Jane del reino Alatar.

-Isabella-dijo Edward tocándome la cara- ese nombre me es familiar- se quedo pensativo y volvió hablar- Isabella iba a ser mi esposa, pero la robaron y me comprometieron con su hermana menor Ángela, la cual no amo.
Me aparte de el rápidamente, levantándome de la cama y saliendo de la casa corriendo, Edward vino tras de mi, agarrándome el brazo.

-¿A dónde vas Isabella?-dijo tristemente.
-No me llames Isabella- dije fríamente, soltando su mano de mi brazo- soy Jane, no debería estar aquí, sino en mi reino, Newton,¿lo oyes Edward? Pertenezco al reino Newton y ese es mi hogar.
-Jane, Isabella, quien seas me da igual como en verdad te llames te amo y es lo único que me importa, es lo único que me vale para estar contigo-dijo entre sollozos- lo único que quiero es amarte y criar nuestro hijo juntos.
-No, Edward no puede ser, no se porque se me paso esta locura por la cabeza, no puedo huir aquí se acabo todo-dije tristemente y notando como mi corazón se volvió a romper- me entregare a Mike y este bebe será suyo y mío.

Salí corriendo, llegando al claro donde conocí a Edward, mis ojos lloraban desconsoladamente, sin poder controlarlas; seguí corriendo notando como poco a poco me debilitaba, llegue al palacio, entrando sofocadamente en el salón, antes de caer desmayada solo pude decir.
-Nunca- cayendo desmayada.

Edward

Estaba tumbado en mi cama cuando comencé a escuchar pequeños golpes en mi ventana, me acerque y vi que era Alice el pequeño hada que nos había salvado de la guerra; abrí la ventana cuidadosamente dejándola entrar; volví a mi cama sentándome.
-Alice, ¿Qué haces aquí?-dije amigablemente sonriendo.
-Alteza, me quede muy preocupada por la marcha de la princesa Isabella y usted-dijo mirándome con preocupación.
-Alice, por favor no me llames alteza, llámame Edward-dije mirándola fijamente- quería hablar contigo sobre lo relacionado con la princesa Isabella o Jane; la verdad me tiene confundido la historia y no se en verdad como llamarla-baje la mirada tristemente- aunque no creo que me haga falta volver a llamarla; seguramente no quiera verme mas.
-¿Por qué alteza, perdón Edward? ¿Sucedió algo con la princesa?- pregunto Alice.
-Porque cuando Carso la contó la historia de que se llamaba Isabella y había sido robada siendo un bebe, se hecho a llorar en mis brazos pero la llame Isabella y se enfado muchísimo diciéndome que ella era la Princesa Jane del Reino Alatar-mis lagrimas empezaron a caer- si en verdad ella es de ese Reino, nunca podremos estar juntos, nuestros reinos están enfrentados a muerte, mis padres la matarían nada mas entrar al reino al igual ocurriría en mi lugar en su reino seguramente, encima espero un hijo mio-note los brazos de Alice abrazándome- la amo tanto que no me hago a la idea de poder perderla.
-No te preocupes Edward, ella en verdad es la princesa del Reino Violeta, aunque ahora mismo ella no quiera creérselo y nosotros no podemos demostrárselo con pruebas concluyentes, todo se arreglara y podréis estar juntos, nacieron para estar juntos-dijo Alice acariciando mi cara-ahora Edward descansa tranquilamente.
Me tumbe en la cama mientras veía como Alice desaparecía por la ventana, mis ojos se iban cerrando poco a poco, imaginando mi boda con Isabella, felices, amándonos y sin ningún impedimento.

Capítulo 14: NOTICIAS

Bella

Allí me encontraba en ese maldito reino del cual me había convertido reina, sin quererlo ni beberlo, hoy me tocaría cambiarme de dormitorio y dormir con mi esposo, no podía ser; baje al jardín donde me puse a caminar e intentando dejar mi mente en blanco, me notaba un tanto débil, seria de los nervios que había pasado en estas semanas, unas nauseas se apoderaron de mi con un fuerte mareo que hizo que me agarrara a un árbol para no caerme, me senté en el banco mas próximo donde intente respirar profundamente y tranquilizarme; estuve un rato ahí hasta que note que las nauseas y el mareo desaparecían, me levante y entre en el castillo, subiendo a la habitación para darme un baño, pero salí corriendo hacia el WC donde comencé a vomitar, al terminar me senté en el suelo y mi peor pesadilla se echo en mi, tenia toda la pinta de estar embarazada, no podía ser, solo lo había echo una vez, hacia dos semanas en aquel claro con Edward,¿Cómo iba a explicar mi embarazo si no había tenido relaciones con mi esposo?¿Como iba a tener un bebe bastardo ante sus ojos? no podía permitirlo, le matarían y ami tras él, no iba a dejar que el fruto de amor de Edward y yo fuera asesinado, tenia que salvarlo, aunque fuera escapándome del reino; pensé muchas maneras de avisar a Edward y escaparme, pero a cada cual mas imposible y alocada, rezaba para mis adentros por una solución, cuando el pequeño duende del claro, Jacob, llamo a mi ventana con un pequeño tintineo, le abrí dejándole entrar.
-Majestad, venia a felicitarla por su embarazo, aunque veo que no esta muy contenta con esa noticia-dijo Jacob dulcemente
-No estoy contenta porque si mi esposo se entera nos matara a los dos y mi hijo no debe morir-dije entre sollozos-necesito avisar a Edward y escaparme de aquí, necesito salvar a nuestro bebe.
-Nosotros os ayudaremos majestad, nosotros avisaremos a Edward para que se encuentre con usted-dijo Jacob tocando mi cara tiernamente.
Me levante del suelo, cogiendo un papel y una pluma, para escribirle una carta a Edward y Jacob pudiera entregársela.

Hola mi Romeo
Te escribo esta carta con una gran pena y angustia, aunque en verdad también con jubilo, necesito verte urgentemente, mi vida corre riesgo, por lo que no puedo permanecer mas en el reino, espero a nuestro hijo, tuyo y mío romeo, no puedo permitir que Mike le mate por ser bastardo ante él, debo luchar por salvar su vida aunque sea lo ultimo que haga de la mía, son 9 meses lo que debo de esperar y no dejar de luchar; se que con mi marcha una gran guerra se avecina y a lo mejor es demasiado egoísta querer salvar dos vidas por las tantas muertes que puede haber con mi fuga, pero es tu hijo, tuyo y mío. Espero verte esta medianoche en el claro, donde nos unimos.

Tu amada Julieta.


Le entregue la carta a Jacob, quien se marcho rápidamente por la ventana a la hora o así, volvió para avisarme de que Edward había estado de acuerdo en vernos en ese claro a medianoche, Jacob me dijo que pararía el tiempo de nuevo, solo durante una hora como mucho para poder salir del reino, hablar con Edward y volver al reino, eso hizo que mi animo subiese un poco.
Baje al comedor donde cene con mi esposo, él cual no hacia nada mas que sonreírme y tirarme besos como un completo estupido, nos fuimos al dormitorio en conjunto donde el pretendía hacerme suya.
-Por favor Mike, todavía no estoy preparada-dije con la cabeza agachada-me gustaría esperar un poco mas.
El pareció molesto pero no me presiono, algo extraño, sabiendo de todo lo que era capaz, nos metimos en la cama en donde apenas en unos minutos el ya roncaba en su dulce sueño, yo con los ojos abiertos, espero hasta las 23:59, en donde vi que entraba Jacob y paraba el tiempo, haciéndome salir del reino y marchándome rápidamente al claro, donde me esperaba Edward con una enorme sonrisa.
-Mi amor, mi Julieta-me abrazo y beso dulcemente en los labios-me alegro recibir tu carta y la noticia que me dabas en ella, yo también luchare por la vida de dos, de mi pequeño y de ti, no dejare que nadie os haga nada.
-Edward por favor-le puse un dedo en sus labios callándole dulcemente-escúchame no dispongo de mucho tiempo, y necesitaba verte, porque debemos de pensar un plan, intentare mandarte cartas através de Jacob, pero si alguna vez no puedo, vendré a este claro con la escusa de pasear y la dejare en un hueco que ahí en ese árbol de ahí, debajo de las raíces, lo tapa el musgo, por lo que nadie sospechara, tus respuestas también las esperare ahí, cada día vendré a verlas-al terminar de hablar bese sus labios con tal fugacidad que un escalofrío recorrió mi cuerpo-ahora he de regresar al reino, con mi esposo, para que no noten mi marcha.
-No te vayas todavía Jane por favor-dijo sollozando Edward-apenas hemos estado juntos.
-no puedo de verdad Edward, me encantaría pero no puedo-mientras me alejaba de él, me gire para decirle la ultima palabra-NUNCA
-NUNCA- respondió el tristemente.

Edward

Volví al reino con la cabeza gacha. En verdad me había hecho feliz la noticia de ser padre, y mucho más poder volver a ver a Jane, aunque no hubiese sido por más de unos minutos. Quería estar con ella para siempre, y ahora tendría la oportunidad que tanto anhelaba. Tendríamos que huir, y sería duro, lo sabía, tener que pasar el resto de nuestra vida como fugitivos, ya que removerían cielo y tierra en los reinos para encontrarnos… Debía planearlo todo con mucho cuidado, deberíamos alejarnos de nuestros reinos y los vecinos, ir a un lugar que nos resultase desconocido en el cual también nosotros resultásemos desconocidos a los demás…
Cuando llegué a casa, me fui directamente a mi habitación. Me relajé al comprobar que nadie se había percatado de mi ausencia, ya que sería muy difícil de explicar que hacia fuera del reino a estas horas de la noche. Me encontraba demasiado excitado por las noticias del día como para dormir, así que decidí comenzar a planear todo lo relacionado con nuestra huida, para que Jane no tuviera que preocuparse con nada y pudiera tener un embarazo todo lo tranquilo que pudiese ser, dada la situación.
Encendí las luces de mi cuarto, aunque antes cerré las ventanas y las tapé, para que nadie viese luz desde fuera del castillo. También cerré la puerta de la habitación con llave y puse algo de ropa debajo de la puerta, para que la rendija de luz que saliese de allí no me delatase. Después de asegurarme de que nadie me descubriría, busqué un viejo atlas en unas estanterías. Era un libro antiguo, que me regaló mi padre cuando vio que la geografía me interesaba cuando era más pequeño. Lo abrí y me puse a investigar todos los reinos que existían. Me puse a pensar cuales eran con los que mis padres no tenían contacto, para huir allí y poder escondernos sin que nos descubrieran.
No sé a que hora de la noche me quedé dormido, pero desperté sentado en el escritorio y con todos los papeles sobre mis anotaciones pegados a mi cara. Alguien estaba intentando entrar en mi cuarto, pero como se encontraba cerrado, me estaban llamando para poder pasar. Rápidamente escondí todo lo que tenían encima de la mesa, me quité la ropa, me puse el pijama y abrí. La sorpresa es que en vez de ser el ama que se encargaba de ayudarme por las mañanas, era mi madre.
- Madre, ¿pasó algo? –le pregunté. Hacia muchísimo tiempo que no venía ella por las mañanas, así que su presencia hizo que me preocupara un poco.
- Nada hijo, ¿no puede tu madre venir a verte a tu cuarto? –me contestó sonriendo, aunque la alegría no le llegó a los ojos.
- Madre… suéltalo, por favor –le insistí. Quería que me confesase el verdadero motivo de su visita. Ella soltó un leve suspiro antes de decidirse a hablar.
- Yo solo… quería saber que tal estabas… El día de la boda de la princesa Jane con lord Newton estuviste muy extraño. –Me quedé asombrado, y seguro que mi boca tenía forma de “o” por la sorpresa. ¿Tanto habían notado lo que me molestaba la boda? ¿Lo habría notado alguien más a parte de mi familia?- Así que empecé a atar cabos sueltos, y la única conclusión lógica que encuentro es que Jane Nioman sea tu chica misteriosa, de la cual me hablaste hace largo tiempo.
- Mamá… yo… no, no es lo que te imaginas… -no sabía que decirle. No pensaba que alguien se hubiese dado cuenta de nada.
- Tranquilo hijo… No voy a decir nada –me contestó ella sonriendo- Sólo quería que supieses que sentía mucho que las cosas no hubieran salido bien entre vosotros. Pero ella… bueno ella no, pero sus padres no son muy queridos por nosotros. ¿Lo sabías, verdad? –sólo pude asentir. Estaba estupefacto por percatarme lo intuitiva que podía llegar a ser mi madre- Hubiese sido un gran problema el que vosotros iniciarais una relación. Sé lo que te prometí, créeme que no lo olvido, al igual que sé que tú tampoco. –recordaba su promesa. La de que podría casarme con quien quisiera, siempre y cuando lo hiciera dentro del plazo- Pero con ella no podría ser…
Empecé a recordar el dolor de todo este tiempo, los muchos altibajos que habíamos tenido, y no pude evitar echarme a llorar. Mi madre me cogió entre sus brazos y me cobijó en ellos, haciendo que yo sollozase más fuerte. Tenía que contarle, tenía que desahogarme con alguien acerca de todo lo que tenía encima. Era demasiado joven para guardar un secreto tan grande.
- Mamá, ella… ella… -intenté hablar, pero entre los hipos del llanto y el que no sabía por donde empezar, hacia que no pudiese decir nada coherente.
- Tranquilo, hijo… Yo siempre estaré aquí para ti. –sus palabras de consuelo me dolieron aún más. Si me iba con Jane, ni mi madre ni nadie estaría más junto a mí. Nadie podría volver a consolarme como estaba haciendo ella ahora conmigo. Debería ser fuerte y apechugar con lo que viniese, para darle ánimos a la madre de mi hijo… mi hijo…
- Ella está embarazada –solté de golpe. No pensé ni en el efecto que podría tener mis palabras, pero ya lo había dicho, así que no tenía sentido guardarme nada- y el hijo que espera es mío.
- Pero… ¿cómo? –me preguntó ella. Supongo que estaría pensando como habíamos logrado estar a solas para tener la suficiente intimidad.
- Mejor no preguntes… no estaría seguro de poder explicarte, porque ni yo mismo tengo muy claro como se dio el lugar. Pero no tengo ninguna duda que lo que ella lleva en su vientre es el fruto de nuestro amor.
Mi madre se quedó callada y pensativa, mirando a ninguna parte. Estuve unos minutos mirándola, y la ansiedad se apoderó de mí. Preferiría que me estuviese gritando, que me pegase, me castigase… en definitiva, que reaccionase y me diese alguna muestra de lo que estaba pasando por su mente en estos momentos. Pasado un largo tiempo, que me resultó eterno, ella sólo se giró y me miró sonriendo.
- Voy a ser abuela –fue lo único que dijo. Me dejó muy sorprendido por su reacción. De la cantidad de cosas que podría decirme, de las muchas que podría echarme en cara, ella sólo pudo ver la parte buena de todo esto. Pero ella era así, siempre fue muy distinta a toda la gente que conocía. Por eso decía mi padre que se había enamorado de ella, porque nunca sabía con que iba a salir. La abracé mientras sonreía yo también, y después nos miramos fijamente a los ojos.
- Sé lo que quieres hacer hijo –me dijo después de que este bonito momento pasase.- Créeme cuando te digo que tienes todo mi apoyo, y que si hay algo en lo que pueda ayudarte antes de que te vayas, sólo tienes que avisarme. –quedé sorprendido de nuevo. Mi madre siempre había sabido leer mis expresiones, pero nunca llegué a pensar que podría ser tan claro para ella- Pero quisiera pedirte una única cosa –la miré expectante antes de que ella realizara su petición- Lo único que te pido es, que antes de irte, me lo digas. Quisiera poder despedirme de ti, tener un buen recuerdo de la última vez que vea a mi hijo –lágrimas asomaron en sus ojos, y se las sequé mientras asentía sonriendo. Volvimos a abrazarnos y cuando nos separamos, ella dejó un beso en mi mejilla. –Lucha por tu amor hijo. Lucha por ser feliz, porque lo mereces…

14 abr 2010

Capítulo 13: BODA

Bella

Desperté sumamente relajada y feliz. Notaba que me tenían abrazada y, cuando miré a mi lado, vi a Edward. Dormía sereno, relajado y sonreía. Miré a mi alrededor y vi que seguíamos en mitad del bosque, en un claro, rodeados de flores. El sol brillaba sobre nosotros… Habíamos dormido demasiadas horas, pero no importaba. Lo único que me importaba era que él estaba a mi lado justo en este momento. Imágenes sobre lo que había pasado entre nosotros vinieron a mi mente, y me hicieron sonreír más si es que eso era posible. Edward había sido tan dulce…
- Espero que la sonrisa que tienes en la cara sea por mí –me susurró al oído mientras me besaba la mejilla, haciendo que me sobresaltara. No me había dado cuenta de que había despertado.
- Estaba recordando lo que pasó anoche… -noté que me ardía la cara, ya que me sonrojé furiosamente.
- Ha sido la mejor noche de mi vida, amor –sonreí cuando le oí usar esa palabra. Amor. Sí, esto era amor, nada de enamoramiento adolescente, ni nada pasajero. Yo le amaba más de lo que podía reconocer, y notaba que el corazón no me cogía en el pecho por el sentimiento tan grande que lo embargaba.
- Para mí también… -entonces recordé que tendríamos que marcharnos, lo que hizo que me pusiera seria de repente.
- ¿Qué os pasa? –preguntó al notar el cambio en mi semblante.
- Creo que… deberíamos irnos. No sé cuando aparecerán los duendes para devolvernos a nuestro lugar…
Él me abrazó y me ayudó a incorporarme. Volví a sonrojarme al comprobar que ambos estábamos desnudos y que nuestras ropas se encontraban desperdigadas. Cuando le miré a la cara vi que él se sentía como yo, porque también estaba sonrojado y, dándome la espalda, empezó a buscar sus ropas y a vestirse, dándome un poco de intimidad. Cuando terminé de ponerme mi ropa me acerqué a él, que seguía de espaldas, y le abracé por detrás. Él se giró y capturó sus labios con los míos.
- Quiero que recuerdes esta noche siempre, Jane. –dijo mientras se sacaba una cadena del cuello y la abría, buscando algo ansioso.- Quiero que, cuando te sientas triste, o demasiado sola, recuerdes cuanto nos amamos, y que algún día, no sé cuando, ni como, ni porqué, tú y yo conseguiremos estar juntos.- Parecía que por fin había encontrado lo que buscaba, ya que volvió a colocarse la cadena y tomó mi mano, mirándome fijamente a los ojos.- Jane, acepta este anillo como símbolo de mi amor eterno. –lo colocó en mi dedo sin dejar de mirarme, y yo sólo pude asentir con la cabeza, mientras volvía a sonreír sin dejar que su mirada se apartara de la mía.
- Claro que lo acepto Edward… -entonces me quité un broche que llevaba en mi vestido y se lo di- Siento no tener otra cosa, pero también querría que conservaras algo mío, como símbolo de mi amor.- el lo cogió, con las manos temblorosas, y lo apretó en su pecho.
- No me olvides nunca Jane… porque te aseguro que yo no podré hacerlo.
- Nunca mi amor… nunca –le dije antes de volver a besarle. Él me abrazó con fuerza, haciendo que entre ambos no quedara nada de espacio, haciendo que estuviésemos muy juntos y que pareciese que nadie podría separarnos.
-Princesa… príncipe… -dijo una voz entre los árboles. Ambos rompimos el beso, pero no nos separamos ni un milímetro, y nos giramos hacia donde procedía la voz. Jacob apareció de entre unos arbustos y nos miraba con ojos serios. – Es la hora…
Edward y yo nos volvimos a mirar, y nos besamos por última vez. Fue un beso largo, desesperado, sabiendo que lo que había pasado aquí nunca más podría suceder. Aprovechábamos el poco tiempo que nos quedaba, y nos separamos cuando ambos notamos que el aire era algo necesario. Un hada se encontraba al lado de Jacob y se acercó hasta Edward.
- Debemos irnos –dijo la pequeña hada, mientras cogía a Edward de un hombro y nos miraba con tristeza. Ambos nos separamos por fin, y cada uno tomó caminos distintos, para volver a nuestra vida cotidiana…
- Nunca Jane –me dijo Edward antes de desaparecer entre los árboles.
- Nunca, mi amor… Nunca –contesté en un susurro mientras Jacob me acompañaba para dejarme de nuevo junto a Tanya…
Allí me dejaron en el carruaje, colocándome como había estado antes de la intrusión de los duendes, desaparecieron de mi vista y comenzó a moverse el carruaje, miraba por la ventana totalmente apenada, dejando atrás todo lo vivido en aquel claro, dejando mi corazón allí; Tanya me dio un leve golpe en el brazo sacándome de mis ensoñaciones, devolviéndome aquel sitio cruel, aquella vida triste y apagada que me tocaba vivir.
Después de un largo viaje, llegue a lo que iba ser mi nuevo hogar, el Reino Mágico Newton, me esperaba en la puerta mi prometido Mike, con una sonrisa que me producía arcadas, sus sirvientes cogieron mis maletas y yo me acerque a Mike, saludándole con una reverencia y una sonrisa leve; Tanya volvió al carruaje marchándose de allí, también sin despedirse, se sentía desdichada en el amor,la familia, los amigos, se encontraba sola y derrotada, ante él, su futuro esposo.
-He pensando que como aun no estamos casados estarías incomoda si compartiéramos dormitorio, por lo que hasta el día de la boda, no dormiremos juntos al menos que tu lo desees- dijo Mike cabizbajo e intentando sonreír.
-Muchas gracias Mike, de verdad-le dije sin mirarle, no entendía este cambio de actitud ni su comportamiento tan amable, me resultaba muy raro-me gustaría darme un baño y cambiarme de ropa, ha sido un viaje largo.
Me acompaño hasta la puerta de mi cuarto, donde mis maletas ya se encontraban allí, me metí en la bañera, cerrando los ojos y trasladándome de nuevo aquel claro lleno de flores donde me había entregado a mi romeo, a mi amor. Las semanas pasaban como si fueran segundos, rápidos, ágiles; allí estaba vistiéndome para mi boda con la ayuda de Tanya que había llegado ayer con mis padres, todos en el reino corrían, preparando los últimos detalles de la boda, querían que saliera perfecta, los invitados empezaban a llegar, eso hizo que me estremeciera pensando en como seria ver la cara de mi amado, agarrado a ella y ver en su cara el dolor por mi enlace.

Edward

Iba con mi familia en el carruaje, hacia el Reino Newton, no quería ir allí, ver como mi Julieta, mi amor, se casaba con ese miserable, había buscado mil formas de no ir, pero ningún plan habría funcionado, mi familia me obligaba a ver ese enlace, estaban entusiasmados porque se casara, creo que seguían con miedo de que yo abandonara mi compromiso con Ángela para fugarme con Jane y de haberlo podido hacer así habría sido, me habría escapado con ella lejos.
Llegamos al reino, justo media hora antes de que el enlace comenzara, nuestro carruaje fue llevado por uno de los sirvientes del reino, me supongo que aparcar y no molestar la entrada; entramos en la iglesia, sentándonos en la tercera fila, ya que ni mis padres ni los de Ángela querían perderse detalle, me dejaron justo en el borde del banco al lado del pasillo, la vería tan de cerca, casi pudiéndola tocar, eso hacia que mi fuero interno ardiera de odio y dolor.
Pasaban los minutos, rapidamente cuando escuche que sonaba la música, dando paso a la novia, a mi amor, note como mis ojos se humedecían, aguantando las lagrimas con todas mis fuerzas, sin dejar ver mi delibilidad, sin poderla mostrar, paso por mi lado, sin mirarme, con la cabeza recta y la mirada a su prometido, llego al altar donde Mike la agarro del brazo y ella a el también, llego el momento del si, quiero, el suyo resonó dentro de mi quemando cada rincón oculto de mi cuerpo; mi familia se acerco a ella y su esposo para felicitarla y yo les seguí, ella jugaba con algo que tenia en una cadena en el cuello, mi anillo, eso me animo, aunque no mucho, me acerque a Mike felicitándole dándole mi mano con respeto,aunque por dentro me hubiese gustado partirle la cara y a ella la bese la mano y en apenas un susurro la dije.
-Nunca-sonriéndola.
-Nunca-respondió ella con un leve susurro y su voz tan dulce.
Después de eso, ella siguió recibiendo felicitaciones de todos los reinos y Mike no hacia mas que besarla, lo que hacia que me entraran ganas de levantarme de mi silla en mitad del comedor y matarle, dejando libre a mi amor, solo para mi, deje que mi humor se calmara y apenas miraba, para que mi familia no notara mi tristeza y mi dolor se apagase poco a poco, terminamos de comer y nos dispusimos de nuevo al viaje hacia nuestro reino dejando a los reyes del Reino Newton atrás de nosotros, comenzando su nueva vida juntos.

Capítulo 12: ESPECIAL

Edward

Ya había oscurecido, la verdad que lo agradecía, desde la ultima vez que había visto a Jane mi mente estaba desorientada y poco ubicada en su sitio; estaba en la cama con los ojos cerrados y alguien llamo a mi ventana, era un toque suave, me acerque y vi a una pequeña hada, con cabellos cobrizos, un color algo extraño pero parecido al mío, abrí la ventana dejándola pasar.
-Príncipe siento molestaros a estas horas de la noche, pero debe de acompañarme al bosque por favor-dijo mirándome sonriendo- hay un tema serio que tratar allí- hizo una pequeña reverencia y volvió a mirarme-Yo seré su guía, me llamo Reneesme, aunque mi familia y amigos me llaman Nessi.
-Encantado Reneesme-dije sonriendo- pero no puedo salir del reino a estas horas sin que la guardia me vea y avises a mis padres, los cuales montarían un escándalo a tu reino, por persuadirme de salir a estas horas del reino-dije amablemente pero serio- el asunto le intentare de tratar mañana diciendo que salgo a pasear.
-No príncipe debe ser ahora, por favor, si no fuera importante y urgente no habría venido a estas horas, debe entender que es de suma importancia-dijo el hada poniéndose cada vez mas nerviosa-me han enviado a por usted y si llego al bosque sin vos acabaran conmigo-dijo derramando lagrimas.
-De acuerdo Reneesme, iré contigo espero que nadie se de cuenta de mi falta en el reino-dije seriamente- ahora el problema esta en como salgo sin ser visto, mi habitaciones s una de las mas altas.
-Cierre los ojos príncipe-dijo sonriendo y la obedecí cerré mis ojos y note brisa en mi cara, ya estábamos fuera del castillo, en los jardines.
-¿Cómo hiciste eso Reneesme?-pregunte intrigado- ha sido mágico-sonreí.
-No tenemos tiempo de hablar, debemos ir al bosque rápidamente y como bien has dicho ha sido magia-dijo echando a correr-no podemos arriesgarnos a ir a caballo, para no hacer ruido.
La seguí hasta un claro del bosque, donde deje de verla y solo oía su voz.
-Príncipe sigue recto y encontraras otro claro, ahí estoy-dijo Reneesme con un susurro como si fuera el aire.
Seguí andando hasta el claro, cuando la vi, ¿Qué hacia ella allí? ¿Por esa razón me habían traído? ¿Como castigo por seguir amándola? No podía ser real, debía de ser solamente una ilusión, pero mi ilusión me miraba, sonreí y caminaba hacia mi, además también hablaba con la voz angelical de mi Julieta.
-Edward, ¿Qué haces aquí?-dijo sonriendo y mirándome-¿Eres una ilusión o eres mi amado de verdad?-dijo bajando la mirada triste.
-Soy yo en realidad, tu amado no lo creo, pues hace un año y medio, me desprendiste de tu lado, diciendo que no me amabas y que debía olvidarte-dije triste- hace unos días vi tus labios rozar por otros que no eran los míos y creí enloquecer.
-No te imaginas lo que me dolió aquel beso –me dijo Jane, muy triste- creo que Mike sólo intentó fanfarronear delante de todos, porque nunca antes se había acercado a mí, y no lo ha vuelto a hacer después de aquel día. Tampoco te imaginas el asco que me dio, ni lo mal que no pasé por sentir esos labios sobre los míos, en vez de los tuyos… -agachó su mirada, creo que avergonzada, pero yo no quería dejar de mirar aquellos ojos, así que me acerqué a ella, con delicadeza le cogí la barbilla y le levanté la cara, haciendo que me mirase fijamente.
- ¿Por qué me hacéis esto? –Le pregunté- ¿Por qué hacéis que tenga la ilusión de que me amais y, cuando menos me lo espero, rompéis mi corazón una y otra vez? –ella me miró, con dolor en sus ojos, que se le pusieron brillantes por las lágrimas que se acumulaban en ellos.
- Edward, en verdad yo te amo –me dijo, sonrojándose al hablar, pero sin apartar sus ojos de los míos- pero que nosotros mantuviésemos una relación, no traería más que problemas. Por eso intento que os alejéis de mí, para no sufrir con vuestra compañía, porque cuando estoy contigo sólo me apetece besarte, sin importarme nada más en el mundo…
- Entonces… sólo decidme… ¿por qué?
- ¿No lo entiendes Edward? En un par de semanas voy a casarme con Mike… Iba a su casa, para mudarme con él hoy mismo. Mis padres me han echado de casa… -su voz empezó a entrecortarse y vi que comenzaba a llorar mientras hablaba- Ni siquiera se han despedido de mí cuando me he ido. Intenté hablar con ellos sobre la boda, para cancelarla o por lo menos atrasarla, darme tiempo a planear algo para evitarla, y no me hicieron caso. Me he sentido tan sola…
- Yo nunca os dejaría sola. Siempre estaría a vuestro lado, dando apoyo en cualquier decisión que toméis, o simplemente poniendo mi hombro para que lloréis cuando algo saliese mal…
Ella apoyó su cabeza en mi pecho, mientras se desahogaba. Yo le acariciaba el pelo y dejaba suaves besos en su coronilla, tratando de darle confianza y seguridad. Tanto tiempo había soñado tenerla así entre mis brazos…
- Jacob me dijo una cosa –comentó ella con la voz tomada por el llanto- Jacob es el duende que me trajo aquí a esperarte –me explicó al ver mi cara de duda-. Me comentó que lo que ocurra aquí será como si nunca hubiese pasado. El tiempo está detenido hasta que volvamos cada uno a su lugar. Nadie notará que nos hayamos ido o el tiempo que hemos estado fuera.
- Entonces no quiero marcharme nunca de aquí. Quiero estar contigo para siempre –le dije rápidamente y ella se puso a sonreír.
- No creo que podamos hacer eso, algún límite tendremos. Pero… -dudaba de si hablar o no y yo le di un beso en la mejilla y entrelacé mi mano con la suya, para que viese que no tenía nada que temer.- En unas semanas me convertiré en una mujer casada y Mike me tendrá demasiado vigilada como para poder intentar veros. Así que…
- ¿Qué? –Le pregunté dolido- ¿Os vais a ir para no alargar más lo inevitable? Yo no podré Jane, no podré con la agonía que invade mi pecho, pensando que estarás en otros brazos que no sean los míos, que…-me silenció poniendo un dedo en mi boca mientras no dejaba de sonreír.
- No Edward, no me has entendido… Quiero que si esta es nuestra primera y última noche junta, sea especial.
- ¿Especial? ¿En qué sentido? –le pregunté, dudando sobre lo que me querría decir. Ella simplemente se acercó a mí y me besó con dulzura, mientras suavemente pasaba las manos alrededor de mi cuello y las bajaba lentamente por mi espalda, dejándome bien claro que era lo quería que pasara, a lo cual no opuse ninguna resistencia…

10 abr 2010

Capítulo 11: DUENDES

Edward

Ángela me despertó cuando llegamos a su casa. Tenía que acompañarla hasta dentro, y que sus padres viesen que no había llegado sola. Desde que nació Ángela la tenían sobreprotegida y no la dejaban un segundo sola. Supongo que por miedo a que le pasara lo mismo que a Isabella… Isabella… ¿qué habría sido de ella? Sus padres la buscaron en vano, porque nunca se supo de ella. ¿Quién era capaz de llevarse un bebé? Los años habían pasado, casi 18 desde que todo pasó, y nunca tuvimos noticias de lo que le había sucedido. Intentaba imaginar como sería ella, en caso de que estuviera viva. Estaría a punto de cumplir la mayoría de edad… Si hubiese estado aquí, ahora estaría a punto de casarme con ella en vez de hacerlo con Ángela, ya que mi madre me había comentado que era ella a quien habían elegido para ser mi prometida…
Un codazo me sacó de estos pensamientos. Miré y era Ángela, para avisarme de que sus padres ya venían para hablar conmigo, seguramente para preguntarme si habíamos sufrido algún percance en nuestra salida. Intentaría acabar pronto la conversación, para poder irme y quedar sólo con mis pensamientos. Necesitaba aclarar mis ideas, y sobre todo, necesitaba trazar un plan para sacar a Jane de mi corazón…

Bella

Me desperté demasiado temprano. Me arrepentí de haber abierto los ojos tan sólo para descubrir que estaba de nuevo en mi habitación… Estaba teniendo un buen sueño. Soñé que todo era distinto, que mis padres y los de Edward se llevaban bien, que había paz entre los reinos y que éramos libres de profesarnos nuestro amor. Lo mejor de todo era que en este sueño no estaba Mike ni Ángela para eclipsar mi felicidad… Pero cuando desperté, tuve que volver a la realidad, aquella en la que Edward estaba comprometido y yo también, aquella en la que si alguien descubría cuanto nos amábamos nos mataría, aquella en que de ninguna manera podríamos estar juntos…
Unas lágrimas escaparon por mis ojos al pensar en todo esto, pero las sequé rápidamente y decidí ponerme en pie e intentar despejar mi cabeza. Me había prometido a mí misma que no iba a volver a llorar por él, y debía intentar cumplir mi promesa. En unas semanas me iría a vivir con los Newton, para preparar los últimos detalles de la boda, para la cual, no faltaban ni dos meses. Tanya estaba preparando mi equipaje para que no tuviese que volver después a por cosas de última hora. Creo que ella se alegraba de librarse de mí, aunque el sentimiento era mutuo, porque no hacia más que recoger mis cosas sin dejar de sonreír…
Yo miraba todo lo que había preparado, mientras recordaba momentos felices en casa. Me entristecía irme y dejar a mis padres, pero ellos eran quienes me habían puesto en esta situación. Llevaba ya varios días sin hablar con ellos, exactamente desde que me habían notificado que tenía que irme a vivir con Mike. Pensé que no tendría que irme hasta la boda y, enterarme de que tendría que irme antes, me hacía sentirme un tanto violenta. No quería irme a ningún sitio… bueno, no, exactamente, no quería irme con Mike, no quería volver a verle porque me resultaba insoportable y repulsivo… Nunca pensé en casarme con alguien así, pero le odiaba con toda mi alma… ¿Cómo pudo hacerme eso delante de Edward? ¿Cómo pudo besarme y, cuando me vio llorar, que pensara que era de felicidad? No entiendo como alguien puede ser tan arrogante… Lo que más me dolió fue ver la cara de mi ángel, no podía evitar sentirme mal, puesto que fui yo quien le alejó de mí. Pero el tenía razón la primera vez. ¿Cómo íbamos a estar juntos, si todo lo que nos rodeaba estaba en nuestra contra?
Pasaban los días apenas sin darme cuenta, sin apenas poder hacer anda solamente mi equipaje para mi salida final de casa y ahí me vi derramando lagrimas ante mis padres, los cuales ni se movían de sus tronos ni siquiera me abrazaban para despedirse, salí del reino hacia el carruaje; la habían mandado conmigo seguramente para que me controlara y yo no pudiera escaparme.
Iba en el carruaje con Tanya a mi lado, nos dirigíamos al reino mágico Newton; a instalarme allí unas semanas antes del enlace, entramos en el bosque, estaba oscureciendo apenas se veía nada a través de la ventana del carruaje; note que el carruaje y los soldados que nos acompañaban se detuvieron, sabia que todavía quedaba tiempo para llegar, lo que me extraño muchísimo. Uno de los soldados se acerco al carruaje; explicándome que les habían cortado el camino unos duendes, de repente algo ataco al soldado y también a Tanya que se encontraba a mi lado; cuando vi un duende que me miraba sonriendo.
-Princesa-hizo una reverencia_ no pretendíamos asustarla solo salvarla del casamiento no deseado que va a tener-dijo mirándome serio-poseemos poderes que nos hacen mágicos del tiempo y la verdad, convivimos con las hadas quienes son curativas, sus lagrimas cicatrizan rápidamente la mas horrible herida y sus pociones pueden llegar a salvar tu vida, aun estando a las puertas de la muerte.
Le miraba extrañada, ¿Por qué me contaba esto? ¿Por qué me trataba como una amiga? no entendía nada, ¿habían golpeado y amordazado a mis soldados y a Tanya para solo decirme esto? El duende seguía mirándome sonriéndome, me agarro de la mano, queriéndome sacar del carruaje; yo no sabia si seguirle o no, creo que mi cara mostró mi duda.
-Princesa no tengas miedo, acompáñame, no la haremos nada-dijo sonriendo- me llamo Jacob.
Salí del carruaje la verdad que algo en mi interior me decía que confiara, que me fuera con él, pero sabía que si abandona el carruaje mis padres enfurecerían y mi prometido con ellos.
-No puedo mi prometido me espera y si no llego se enfurecerá y os atacara a vos y a tu reino-dije tristemente- no quiero una guerra por mi culpa.
-Princesa por favor acompáñeme, somos los magos del tiempo y la verdad-dijo sonriendo- volverá aquí y nosotros retrocederemos el tiempo, sólo usted y nosotros los duendes recordaremos lo sucedido.
Eso hizo que avanzara con el por el bosque sin importarme nada, ni temer a nada, hacia mucho que no me sentía tan libre. Llegamos a un claro donde el duende se despidió y me dejo ahí, sin nadie, abandonada, ¿para eso había parado mi carruaje? ¿Para dejarme ahora ahí sola y perdida?

8 abr 2010

Capítulo 10: DOLOR DESGARRADOR

No podía creerme que coincidiéramos, iba con ella, había echo caso de lo que un año atrás le había dicho, qué hiciera vida con ella, hacían tan buena pareja que me dolía, aunque ella todavía era menor, en cuanto cumpliera la mayoría de edad habría enlace. Eso hizo recordar que el mío era en un par de meses, ya estaban preparando todo para el gran enlace, las invitaciones estaban siendo mandadas ya a todos los reinos, sabia que se lo mandarían a todos, mis padres querían presumir de que su princesa ya se casaba; todos los días rezaba para que Edward no fuera a mi enlace, que tuviera otros asuntos y no pudiera asistir. El brazo de Mike por mi cintura me saco de mis pensamientos y vi que Edward y Ángela se dirigían a nosotros, no podía ser.
-Majestades-dijo Edward inclinadote y Ángela con él- quería felicitaros por su futuro enlace en unos meses, mi reino estará en su enlace apoyándoles en todo momento-beso mi mano, mientras su mirada me atravesaba todo el cuerpo.
-Muchas gracias, majestades-dijo Mike inclinándose y yo con el- es un placer poder contar con la presencia de vuestros reinos en mi enlace, con esta joven y preciosa princesa- sonreí ante sus palabras, para que Edward no notara nada y por detrás de ellos apareció su escudero, el chico del bosque que iba con él.
Me solté con cuidado del brazo de Mike y volví al puesto de telas, dejando a Edward, su escudero y Mike hablando, Ángela se vino conmigo al puesto de telas mirándolas sonriendo y acercándose a mi, hablándome casi en un susurro.
-Las telas se ven tan hermosas-dijo Ángela sonriendo- para un vestido para tu futuro enlace-me miro-¿Puedo preguntarte algo princesa?
-Claro y llámame Jane-dije sonriéndola, mirándola.
-¿Hay algo entre Edward y tu verdad?- dijo mirándome seriamente.
-No princesa, con su prometido yo no tengo nada-dije asustada, no podía permitir que nadie se enterara.
-No hace falta que me mientas Jane-dijo mirándome-llámame Ángela, os miráis con tanto amor, por lo menos Edward, te mira de unas maneras tan apasionadas.
Eso me hundió mas, su prometida se había dado cuenta de las miradas, yo intentaba no mirarla a la cara, para que mi cara no la gritase todo el amor que sentía por Edward, no podía permitirlo. Yo había cortado todo con Edward un año atrás y no podía volver a caer.
-Ángela de verdad, entre tu prometido y yo no hay nada-dije mirando a las telas- espero que nuestros reinos tenga una bonita amistad tras el enlace, nada mas.
Ángela sólo me sonrió en respuesta y seguimos mirando telas. Mike y Edward se acercaron hasta nosotras, y yo intenté no expresar ninguna emoción en mi cara al mirar a mi amado. Fijé la vista en el contenido del puesto, cuando Mike me abrazó por la cintura y me habló susurrando a mi oído.
- Hay una cosa que tengo ganas de hacer desde hace tiempo –me dijo mientras me volteaba dejándome bastante sorprendida. Se acercó a mí lentamente, pero con decisión, sin darme tiempo a reaccionar. Cuando sentí sus labios sobre los míos, los noté ásperos, y sobre todo, me resultaron asquerosos. Intenté apartarlo de mí, pero el interpretó mi gesto como de pasión y me agarró con más fuerza. Sin poder evitarlo, grandes lágrimas escaparon de mis ojos, por la pena que sentía en mi corazón, de no ser los labios que quería sentir sobre los míos…
Cuando por fin se apartó de mí, vio mis lágrimas y una sonrisa se puso en su rostro.
- ¿Son lágrimas de felicidad? –me dijo mientras sonreía mirando a su alrededor, orgulloso.
- Claro, señor –dije bajando mi cabeza, e intentando que no se me quebrara la voz - ¿de qué iban a ser, si no? –miré a mi alrededor y vi el rostro de Edward. Se veía tan triste, y su mirada me mostraba tanto dolor, que no pude evitar sollozar un poco más fuerte. Aparté mi mirada de él y volví a mirar a Mike.
- No me llames señor, Jane. No cuando en apenas unos meses te convertirás en mi esposa, haciéndome el hombre más feliz de todos los reinos. –Edward volvió a hacer un gesto de dolor cuando oyó estas palabras, pero decidí ignorarle para no causarme más dolor a mí misma. –Creo que deberíamos volver a casa, mi amor –me dijo mientras cogía mi mano con dulzura, invitándome a caminar a su lado – tus padres estarán preocupados, ya que estuvimos fuera más tiempo de lo habitual –miro a Edward y a Ángela, y les hizo un gesto de despedida con la cabeza. Yo sólo levanté mi mano en señal de adiós, sin atreverme ni siquiera a mirarles. Nos fuimos de allí, dirección a mi casa. No podía dejar en aquellos ojos verdes, en su mirada de dolor… y en las muchas ganas que tenía de dar media vuelta e ir a consolarle.

Edward

En cuanto se fueron decidí que era hora de irnos nosotros también. No podía estar allí más tiempo, necesitaba estar solo, en algún lugar tranquilo, para desahogarme. Subí junto con Ángela al carro que nos había traído hasta aquí, me senté y me puse a mirar por la ventana, sumido en mis pensamientos. Había vuelto a ver a Jane, aunque me arrepentía de ello. No podía evitar sentirme enojado cuando vi que se besaban. Yo quería ser el único que pudiese besar sus labios, quería gritarle al mundo que estaba enamorado de ella, y que ella era sólo mía. Pero no tenía caso, no era merecedor de su amor, ya me lo había hecho saber en mi última visita…
Me cogieron suavemente del brazo, sobresaltándome, ya que había olvidado que estaba acompañado. Ángela me miraba, preocupada.
- Es por Jane, ¿verdad? – yo negué con la cabeza. No quería que ella se preocupara por mí, y mucho menos que supiera los motivos que provocaban que estuviera así. – Edward, no me engañas, te conozco desde siempre, y sé que algo va mal con ella. En cuanto la miraste, supe que la querías…
¿Quererla? No, yo no sentía eso por Jane. No había palabra que se ni un poco al sentimiento que tenía por ella. Yo la amaba por encima de todo, antepondría mi felicidad a la suya… Nunca podría volver a amar a nadie como lo hacía con ella… Empecé a llorar sin poderlo evitar, no quería que se casara con Mike, y yo no quería casarme con Ángela. El destino era cruel y nos mantenía separados… Ángela me abrazó para consolarme, y yo solo lloré y lloré en sus brazos… Noté que me pensaban los párpados, y me dormí con la imagen del beso entre Jane y Mike en mi cabeza…

7 abr 2010

Capítulo 9: OLVIDO

Bella

Me sentía muy desgraciada. Pasaba el día encerrada en el castillo, con Tanya como única compañía, lo cuál no era para nada agradable. Tenía que pasarme el día aprendiendo a cocinar, para cuando viniese algún invitado especial, a vestirme adecuadamente y a conocer todas las reglas de protocolo para ser siempre cortes y que la gente comentase lo buena anfitriona que era… Todo eso me daba exactamente igual, pero sabiendo que mi fatídico destino era acabar con Mike, por lo menos manteniéndome ocupada con toda esta parafernalia no pensaba en lo que me venía encima…
Tanya me felicitó por el modo en que hacía las reverencias a la vez que sonreía de manera dulce, aunque sin ser excesivamente cordial, así que me dijo que podía salir un rato al jardín a despejarme antes de continuar con las lecciones. En verdad me tenía harta, pero no quería volver a discutir con mis padres, así que lo mejor era hacer todo lo que me dijesen y sobrellevarlo de la mejor manera posible. Bajé a los jardines con la cabeza gacha y con un nudo en el estómago. Mike vendría a visitarme en la tarde, y tenía que ponerle mi mejor cara. Odiaba tener que comportarme con él de manera educada, cuando lo único que me apetecía era escupirle y decirle cuan arrogante me resultaba. Llevaba viniendo a verme todas las tardes desde hace un par de semanas, y ni una sola vez me preguntó como me encontraba. Sólo me decía todas las propiedades que poseía y la enorme casa que había mandado construir para nosotros, aunque sin preguntarme algo sobre mis preferencias en esta, claro está. Le odiaba profundamente, pero tenía que resignarme. La felicidad no estaba hecha para mí…
Iba por los jardines, andando despacio y disfrutando de un momento de soledad, cuando oí que alguien me chistaba. Seguí hacia delante ignorando el sonido, porque no sabía si era para mí y además, estaba muy concentrada en mis ensoñaciones como para perder el tiempo con alguna broma estúpida. Me jalaron del brazo, haciendo que me girara furiosa por molestarme de esa manera. Pero entonces vi sus ojos. Aquellos ojos que me hacían perderme en ellos y no desear salir de allí.
- Princesa Jane, por favor, tengo que hablar con vos –me dijo mi dulce ángel, haciéndome salir de mis ensoñaciones y fijarme en todo su rostro- ¿Podemos ir a algún lugar un poco más privado? Si alguien me ve aquí, no quiero ni imaginar que suerte correría.
- Sí, claro. Acompañadme –él me tomó la mano, pero le solté con delicadeza mientras andábamos. No quería tocarle, ni acostumbrarme a su tacto, porque al final, él volvería a abandonarme y nadie estaría aquí para recoger los pedazos de mi corazón. Me dirigí hacia el armario de utensilios de jardinería, pues a estas horas ya habrían arreglado los jardines y no entraría nadie de nuevo hasta mañana. –Bien, ¿qué queríais decirme? –le miré de nuevo y su rostro estaba impregnado de dolor.
- Jane, tengo que confesaros algo –me dijo con dudas, antes de atreverse a continuar. – Lo que os dije aquel día en el bosque, todo lo de que no os amaba… Todo fue la más falsa de las blasfemias, mi corazón late por vos. No os he podido sacar de mi mente, y menos todavía de mi corazón. Esto total e irrevocablemente enamorado de vos.- me quedé helada cuando escuché sus palabras. No sabía como reaccionar, sólo noté que Edward me abrazaba y me susurraba con dolor al oído “Perdóname” una y otra vez. Le correspondí el abrazo y nos quedamos ahí unos momentos, sin atreverme si quiera a moverme, por temor a que todo fuese una broma pesada.
Edward se apartó de mí con lentitud y apoyó su frente en la mía. Nos miramos a los ojos durante unos segundos, mientras él se acercaba a mí lentamente. Cerré mis ojos y, cuando sus labios se posaron sobre los míos, creí volar y explotar de felicidad. Pasé mis manos por su cuello con la intención de acercarlo más a mí, pero en ese instante, algo hizo click en mi cabeza. Nosotros no podíamos estar juntos, ya que nuestros padres nunca nos lo permitirían, así que al alzar mis manos lo que hice fue apartarle de mí, aunque me tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para esto.
- Edward, esto no puede ser –le dije agachando la cabeza, para evitar mirarle a los ojos y perder el hilo de mis palabras- Nosotros no podemos estar juntos, así que lo mejor será que te vayas y te olvides de mí. En cuanto cumpla los 18 me casaré con Mike Newton, al igual que debes hacer tú, casarte con tu prometida. Es la única manera de poder vivir en paz.
- No princesa, no puedo vivir sin vos –me dijo él, pero le ignoré y abrí la puerta de aquel pequeño cuarto.
- Pues deberéis aprender, Edward. – “al igual que yo”, pensé mientras salía de aquel cuarto y me dirigía de nuevo a palacio, a seguir con mi instrucción de la perfecta esposa, con mis ojos llenos de lágrimas y mi corazón donde estuviese él…

Edward

Vi como se marchaba Jane dejándome allí, solo, con el corazo roto, no me amaba ya, no me quería volver a ver, dentro de dos años seria la reina del reino Mago, se convertiría en Jane Newton, mi cabeza no soportaba procesar esa idea, que me quemaba y enfurecía por dentro haciéndome enloquecer, quería salir de allí y gritarle a todo su reino que la amaba, que me daba igual la muerte en la hoguera, porque su falta de amor ya era mi muerte lenta y dolorosa.
Salí del reino Alatar, allí estaba Emmet esperándome con los caballos, me miraba impaciente, creo que quería saber que había ocurrido aunque no se atreviese a preguntar.
-Emmet me rechazo, no sirvió de nada colarme ni arriesgarme- le mire tristemente- me ha dicho que debo casarme con mi prometida, que ella así lo hará nada mas cumplir los 18-agache la mirada-apenas quedan dos años, la perdí para siempre Emmet.
-Edward, no se preocupes, eres el príncipe mas deseado, ya encontrara otro amor-me dijo mirando serio-aunque la verdad debería seguir la orden de sus padres de casarse con Ángela, aunque no la ame, puede provocar una guerra entre el reino Violeta y el de usted, eso no seria correcto, sus padres tienen una gran amistad con lo reyes del reino Violeta y seria una situación realmente incomoda para los dos reinos.
-Lo se Emmet, se el riesgo que corre mi reino al negarme a ese casamiento, pero yo pido que también comprendan que con esa boda, están matando mi corazón y mis ganas de vivir-dije cabalgando-quiero casarme con la mujer que ame, no con la que me impongan, además Ángela es como mi hermana pequeña-sonreí- la primera vez que la cogi en brazos, era todavía un niño,mi madre me hizo una promesa que nunca he olvidado y la tendré siempre en mi mente-dije mirando sonriente a Emmet-hasta los 23 años tengo tiempo todavía.

1 año mas tarde

Bella

Me levante de la cama a regañadientes, mi prometido vendría al reino a verme como hacia diariamente desde hacia un año, pero hoy quería bajar por los pueblos que rodeaban los demás reinos a dar un paseo; yo sabia que lo hacia por lucir a su futura esposa, porque siempre habían dicho que se quedaría soltero, de la maldad que tenia en el corazón.
Tanya me ayudo arreglarme, estaba encantada con mi actitud y mi manera de comportarme, como siempre habían deseado mis padres; en ese momento me vino a la cabeza Edward, ¿Por qué regresaba a mi mente después de un año de olvido o al menos de intento? Intente centrarme en otra cosa, para que mi esposo no notara nada raro en mi comportamiento; baje al gran salón donde Mike me esperaba en la compañía de mis padres.
-Hola mi bella dama-me beso mi mano-se te ve mas hermosa que nunca esta mañana-dijo sonriéndome, intente sonreírle sin parecer demasiado superficial.
-Muchas gracias Señor Newton-dije inclinándome ante él.
-Por favor, llámame Mike, además nada de Señor, hasta el día de nuestra boda, que me convertiré en el Señor Mike Newton Nioman y el hombre más feliz.
Me alegre que saliésemos del reino, hacia el pueblo, no soportaba tener que comportarme con tanta falsedad por mis padres, además con Mike casi nunca hablaba por no decir nunca, excepto cuando mis padres estaban delante. Llegamos al pueblo, Mike hablaba de guerra y magia negra con unos extraños que nos habían parado, yo miraba mientras tanto unos puestos de tela, había muchísimos modelos y de un montón de colores, gire la cabeza cuando vi de lejos a Edward agarrado del brazo a su prometida, Ángela, en ese momento mi mundo se cayo a mis pies dejándome rota frente al puesto.

5 abr 2010

Capítulo 8: FUGA

Ángela

Estaba harta del trato de mi madre hacia mí, aunque me habían explicado el secuestro de mi hermana mayor, yo estaba segura que en verdad me odiaba, pensaba en mi increíble hermana todos los días, deseando que fuera yo, no entendía que mi madre la admirara tanto cuando la robaron siendo un bebe; encima me querían casar con Edward, al cual veía como a mi hermano mayor, la verdad que tampoco me preocupaba demasiado ese asunto, todavía tenia el sueño de poder escaparme con mi amado, él cual quería conocer deseosamente, para impedir mi boda con Edward; querían casarnos para unir nuestros reinos a toda costa.
Hoy llegaban de visita al reino Rosalie y Jasper, mis padres no hacían mas que hablar de ello, seguro que también venía mi prometido, eso ya no me hacia tanta ilusión, tampoco podía decirle nada de que no quería casarme con él, porque seguramente se lo contaría a mis padres y no me convenía estar peor.
Vi como venia hacia mí corriendo y con una sonrisa, empezamos andar por el jardín con una sonrisa en la boca las dos, sabia que algo tenía que contarme por lo que nos alejamos de nuestras madres.
-Ángela, me he enamorado-dijo Rose sonriendo-es el escudero de mi hermano Edward, es guapo, fuerte , aunque es mayor que yo, no me importa, le amo, mi corazón me suplica estar con él.
-Rose, se te ve feliz, pero tu mirada muestra tristeza-dije abrazándola- no quiero que estés triste, ya veras como las dos conseguimos ser felices, por lo menos a ti todavía no te han hecho el contrato de matrimonio-dije agachando la mirada- y has conocido a tu verdadero amor aunque el sea mayor.
Estuvimos un rato hablando de todo lo relación con el escudero guapo que la gustaba a Rose, sonreía por ver que ella lo había encontrado y que aun había esperanza de que yo también lo encontrara. Decidimos bajar por el pueblo a pasear, queríamos estar las dos mas rato juntas ya que no nos veíamos tan a menudo como nos gustaría, no pusieron queja solo que nos acompañaban Edward y su escudero Emmet, a lo que Rose se alegro enormemente.
Llegamos al pueblo, había un mercadillo, Emmet, Jasper y Edward iban detrás nuestra, dejándonos a Rose y a mi mas tranquilas, empezamos a mirar un puesto de flores, donde el chico era hermoso al igual que las flores que vendía; el chico me ofreció una rosa con una sonrisa dulce en su cara.
-Una flor para otra más bella-dijo sin quitar su dulce sonrisa.
-Muchas gracias, es muy amable, soy Ángela Swan-dije amablemente.
-Si, princesa la conozco, es un honor poder atenderla-dije amablemente.
- Pues es muy descortés el que me conozcáis, mientras que yo no se nada de vos, ni tan siquiera vuestro nombre –le sonreí al decirle esto. En verdad el chico me había caído bien, y quería saber algo más sobre él.
- Mi nombre es Ben Cheney, princesa. Trabajo de jardinero en vuestro palacio, y a veces os he visto pasear por los jardines –me cogió la mano y me dejó un suave beso en ella, haciendo que me sonrojara por su amabilidad.
- No recuerdo haberos visto con anterioridad –le confesé un poco avergonzada- pero a partir de ahora estaré más atenta cuando pasee para veros.
- Eso espero princesa… -me dijo Ben antes de irse. Me quedé mirándolo fijamente mientras pensaba en lo mucho que me había gustado este chico…


Edward

Me sentía tremendamente mal. Había hecho que mi amor huyese de mí, que creyese que la despreciaba, cuando lo único que ansiaba era tenerla a mi lado… ¿Cómo pude ser tan idiota para dejarla escapar? Recuerdo cuando vino a avisarme para que no corriese peligro… En verdad ella me quería, tanto como para arriesgarse a que la castigasen para siempre sólo porque no me ocurriese nada… Me sentía sumamente mal, necesitaba ir con ella y explicarle el porqué de mis palabras, pero cuando les confesé a mis padres la guerra que habían planeado en nuestra contra se habían puesto sobre protectores al extremo de que no podía salir de palacio sin compañía por temor a que me secuestraran y me usaran para algún tipo de chantaje. Así que heme aquí, en mi cuarto, en mi cama, consumiéndome por la desesperación de no saber nada de mi Julieta. Ni tan siquiera sabía si había llegado bien a casa después de contarme aquello… Me arrepentía tanto de no haberla besado cuando tuve ocasión, de haber probado sus dulces labios que me hacían perder la razón… Tenía que idear la forma de salir de aquí y poder visitarla, aún sabiendo lo que me esperaría cuando regresase, pero no podía pasar más tiempo sin verla…
Cerré mi cuarto con llave para que nadie me viese, y cogí todas las sabanas que tenía para atarlas unas con otra, semejando una gran cuerda para poder fugarme por mi ventana. Si salía por la puerta, de seguro Emmet estaría vigilando para no dejarme ir solo, y no quería tener que golpearle de nuevo. Cuando terminé de construir la cuerda, me aseguré de que fuese resistente y no se desarmase cuando me descolgara por ella, dándole fuertes tirones. Seguidamente, me asomé por la ventana y vi que no había nadie en los jardines. Perfecto, tendría que hacerlo ya y ser rápido, antes de que alguien apareciese y me descubriese, quedando mi plan en nada.
Até la cuerda a la pata de mi cama, la aseguré bien y empecé a descender por ella. Tenía terror por las alturas, pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Cuando me faltaba poco para llegar al suelo, la cuerda se soltó y caí sobre los setos, provocando que estuviese a punto de gritar aunque en el último momento conseguí contenerme… Eso echaría a perder todo mi plan. Me puse de pie y miré hacia mi ventana. Esto estaba saliendo a pedir de boca. Al soltarse la cuerda, quitaba las pruebas de mi fuga. Sólo tenía que esconder bien las sábanas para que nadie las encontrase y así no se sabría como había huido. Sonreí con felicidad mientras las escondía y después echaba a correr. Era una gran distancia la que nos separaba, pero no iría a por el caballo para no arriesgarme a que me descubriesen en las cuadras. Todo lo que tenía que hacer para estar de nuevo con mi Julieta…

3 abr 2010

Capítulo 7: AMISTAD

Bella

Poco a poco fui despertando. Me sentía muy relajada y, sobre todo, descansada, como no me había sentido en meses. No pude evitar sonreír ante esta sensación. Iba a girarme pensando que estaba en mi cama, pero entonces noté que me encontraba entre unos brazos y que, además, uno de ellos me acariciaba el pelo. Abrí los ojos sorprendida y me encontré ante esos ojos verdes que habían invadido mis sueños durante tanto tiempo…
- ¿Todavía sigo dormida? –pregunté sin poder evitarlo. No era posible que él estuviese ahí, conmigo, y menos todavía que viese tanto amor en su mirada.
- No, princesa. Esto es real. –Me contestó mientras la sonrisa se iba de su rostro- Si creéis estar dormida cuando me veis, siento mucho ser el motivo de vuestras pesadillas.
- No eres ninguna pesadilla… -le dije mientras me sonrojaba- Además, en mis pesadillas con vos solo se repite la escena de hace unos meses una y otra vez –no pude evitar sentirme triste cuando ese recuerdo volvía de nuevo a mí. Decidí levantarme e irme, antes de volver a irritarle y que me dijese algo que prefería no oír.
- ¿Dónde vais? –me preguntó al ver como me ponía en pie.
- A algún lugar donde no pueda molestaros. No quiero ser una carga para vos. Gracias por haberme ayudado cuando me caí. –giré la cabeza y me quedé mirando a ningún punto en concreto. Me daba igual donde mirar, mientras no fuese a él- Sólo quería daros la noticia de la guerra. Ya lo he hecho, así que ya no pinto nada aquí. Ahora sólo me queda volver a casa.
- No os vayáis, por favor –me dijo él en tono suplicante. No me giré ni a verle, pero me quedé estática, sin hablar, sin moverme. No quería reflejar ninguna emoción en mi rostro, pero sobre todo, no quería humillarme a mí misma ni darle la satisfacción de que él supiese todo lo que provocaba en mí. –Tengo que hablar con vos… por favor.
- No hay nada que hablar –fue lo único que atiné a decir.- Ya quedó todo dicho tiempo atrás. No tenéis que darme las gracias, lo hice porque me parecía una injusticia lo que mis padres planeaban. Sentí el deber de avisaros, pero ya está –mi voz sonaba fría y cortante. Sentía un gran dolor en mi pecho por tratarle así, pero no podía hacerlo de otra forma. Entonces noté que me cogía la mano. Me la miré y después le miré a la cara. No había oído tan siquiera que se moviese del sitio. Al ver sus ojos vi en ellos tristeza, dolor, sufrimiento… un sinfín de sensaciones tan doloras que no pude escapar de ellos. Sólo quería consolarle, que dejase de sentirse así… Él me abrazó y yo me acomodé en sus brazos. Era una sensación maravillosa sentirme ahí, en aquel hueco en que encajaba a la perfección. Pero algo me sorprendió. Edward comenzó a llorar. No había notado que me había mojado mi hombro al principio, pero cuando sentí sus sollozos, lo único que pude hacer fue abrazarlo con más fuerza.
Él me apartó con suavidad y apoyó su frente en la mía, mientras las lágrimas caían por su rostro. Levanté mi mano y se las sequé una a una. Entonces poco a poco se fue acercando a mis labios. Me quedé allí, quieta, expectante, deseosa de probarlos.
- ¡Por fin os encuentro!- dijo el chico que estaba antes con él, apareciendo desde unos arbustos.- Majestad, no podéis desaparecer así como así, y menos sin decirme donde vais.
- Lárgate Emmet –le dijo Edward con dureza. Me miró de nuevo a los ojos, pero yo ya me había dado cuenta de lo que había estado a punto de hacer. Por poco beso a mi enemigo, tanto de reino como de corazón. Él me lo había dejado muy claro, y lo único que sentí fue que había querido utilizarme. Tenía que huir de allí.
- Yo… lo siento pero… debería volver a casa –volví a rehuir su mirada, pero esta vez conseguí soltar su agarre sin que se opusiera- Si notan que no estoy y se dan cuenta de que vine aquí…
No dije nada más, en mis palabras quedaba escrito entre líneas lo que podría pasarme. Así que sólo di media vuelta y me alejé de allí, pero sin prisas. Lo único que pensé en esos momentos era que yo me iba… pero dejaba mi corazón en este sitio, y en todos los que él estuviese.
Salí corriendo de allí, hacia el reino, alejándome de él, llegue al reino con los ojos llenos de lagrimas, me tumbe en la cama, comenzando un llanto mas intenso y desesperado, sin poder creerme que hubiese estado con él, después de tres meses, nos habíamos abrazado y casi apunto de besarnos; no sabia quien era aquel chico que el acompañaba, el que me había salvado de besarle. ¿Quien seria aquel nuevo chico?

Edward

Vi como se marchaba, como se alejaba de mi, mis lagrimas salían descontroladas recorriendo todo mi rostro, se alejaba y no podía hacer nada mas para detenerla, me odia por todo lo que la había dicho hacia tres meses atrás, era un ser despreciable, no me di cuenta de la presencia de Emmet hasta que volvió hablar.
-Majestad, deberíamos volver se esta haciendo tarde y sus padres harán preguntas de donde se encontraba-dijo Emmet tranquilamente.
-Tienes razón, aunque la verdad las preguntas y enojo de mis padres, me es indiferente-dije sin dejar de llorar- Emmet la chica que acabes de ver salir corriendo es la persona que amo y voy amar toda mi vida, ella es mi Julieta.
-Majestad, ¿esa chica es su amada?-pregunto Emmet intrigado-pero si es la joven princesa del reino Alatar majestad, sus padres nunca permitirían esa relación-dijo dándome un pequeño golpe en el hombro dándome ánimos.
-Ya lo se Emmet, por eso estoy tan preocupado-dije con tristeza- se que nuestro amor es imposible y por eso la dije todas aquellas mentiras tres meses atrás, ella todavía se cree lo que la dije y no me dejo explicarme, huyo de mi-se me quebró la voz-vayamos para el reino quiero contarte toda la historia y si mis padres me ven paseando por el jardín contigo se quedarán mas tranquilos.
Nos fuimos hacia el reino montando nuestros caballos, dejamos los caballos en el establo y empezamos a caminar por el jardín, sabia que Emmet era mi escudero pero también se estaba convirtiendo en mi mejor amigo.
-Emmet lo que te voy a contar es totalmente un secreto, no puedes contar nada, te lo pido como un amigo no como el príncipe-dije mirándole fijamente.
-Claro alteza puede confiar en mí-dijo Emmet.
-A partir de este momento deja de llamarme alteza y llámame Edward-dije con una sonrisa-por favor.
Comencé a explicárselo, con cautela y mirando su cara mientras caminábamos por el jardín.