Note como unos pinchazos se adueñaban de mi, mi nuevo bebe ya quería nacer, llame a Edward, y él aviso al medico que llego enseguida, me llevo en volandas hasta nuestra habitación, donde me prepararon para comenzar el parto. No duro nada, todo fue muy rápido y sin apenas sufrir dolor, por fin tenia en mi brazos a mi pequeña princesa, Marie, era hermosa y se la veía tan pequeña e indefensa que hacia que mas mi corazón se volcara en ella. Estuve unos días en cama, para poder recuperarme del todo y presente a Aro y Anthony a su pequeña hermana, Aro la sonreía como si fuera una muñeca a la que adorar, en cambio Anthony al ser tan pequeño todavía la mirada con incredibilidad.
Llevábamos un mes tranquilo cuando algo hizo que viéramos como todo el reino Nioman y también el reino Newton ardieran, las noticias que nos llegaron fueron de que se habían atacado unos a otros por no cumplir la palabra de matrimonio de Jane Nioman y la muerte de sus dos hijos por ella, haciendo que aquellos reinos tenebrosos y que tantas desgracias habían provocado, desaparecieran para siempre.
10 años después
Marie corría por el jardín con los pequeños Horacio, el pequeño bebe de Nessi y Jake, Jazmín la pequeña de Emmet y Rosalie, mas la pequeña Charlotte hija de Alice y Jasper, todos éramos felices juntos, aunque la muerte de nuestros padres nos habían marcado a mi hermana y a mi, todos conseguimos tener una sonrisa en la cara, ese mismo día mi hermana Ángela se casaba con su amado Ben, al que amo desde su primer día en aquel puesto de las flores.
Estaba muy nerviosa por la boda, aunque todos sabíamos que era porque sentía que nuestros padres no estuviesen a si lado en aquel momento después de tantos años con ellos aunque sin disfrutarles del todo, por la depresión de nuestra madre, pero allí nos encontrábamos en el jardín de nuestro castillo rodeados de todos nuestros allegados y del pueblo, todos felices de que todo la maldad de verdad hubiese acabado y pudiera reinar feliz con Edward y mis tres preciosos hijos a mi lado.
17 may 2010
Capítulo 23: GRAN PERDIDA Y GRAN FINAL
Bella
Me acerque a Edward abrazándole, necesitaba sentirle cerca de mi, saber que esta vez no había sufrido ni una herida, estaba perfecto excepto una pequeña herida en su brazo de la cual salía sangre, pero Alice se acerco curándosela, dejándola cerrada, como si ahí nunca hubiese habido una herida. Nos dirigimos al reino de Edward, Linzzer, esperando noticias sobre mi reino y sobre mis padres.
El camino se hizo un poco largo, me notaba cansada y adormecida, pero al llegar al reino Linzzer la noticia que me dieron fue como una flecha atravesando mi alma, mis padres habrían muerto en la lucha en su reino, además de quedar muy poco del Reino Violeta, mi hermana se echo en mis brazos llorando, demostrando su gran dolor por la perdida de nuestros padres, yo la abrace dándola todo el apoyo que podía darla, ya que mi estado tampoco era extremadamente bueno.
Yo era la encargada de ir al Reino Violeta y reinarle, intentando volver a construirle y que la paz volviera a reinar allí como lo había echo hasta hace unas semanas; Edward, Anthony y Ángela me acompañarían al igual que Emmett para protegernos de lo que pudiese aparecer, cuando llegue al reino mi alma cayo rota al suelo, ver, los restos que había dejado el fuego, los miles de muertos que había, los pocos soldados intentando ayudar a los supervivientes, entre en el castillo, él cual era el que estaba en mejor estado, mandando llamar a todos los sirvientes y soldados y pedirles que organizaran el castillo para poder atender a todos los heridos y dar resguardo a los supervivientes hasta que el reino fuera reconstruido; tanto sirvientes, soldados como Edward, Emmett y Ángela se pusieron enseguida a reconstruir las casas del reino y a preparar un cementerio donde enterrar a todos los muertos, para que pudiesen descansar en paz y no dejarles demasiado tiempo al aire libre y poder rondar una gran enfermedad por el reino, a mi no me dejaban hacer nada por mi embarazo, aunque no estaba apenas avanzado, el otro tuvo complicaciones y querían que con este tuviese el mayor descanso.
No podía estar parada viendo como gente en mi reino gritaba y lloraba del dolor de sus heridas y por las perdidas de muchos de sus familiares; vi a un niño al lado de una mujer llorándola con una tristeza que nunca antes había visto, supuse que era su madre, cuando la llamo mama y la pido que luchara por su vida para no dejarle solo en este mundo tan cruel, me acerque a él con paso tranquilo y sosegado, abrazándole, dándole todo mi apoyo e intentando calmar sus lagrimas.
-Tu madre se pondrá bien, intentare todo para que sobreviva y no te quedes solo- dije sin soltarle llorando.
-No quiero también perder a mi madre por esos atacantes, hicieron cosas horribles- dijo sin apartarse de mi y llorando cada vez mas profundamente.
Llame al medico con una gran urgencia para que mirara a esa mujer, pero la noticia de que estaba muerta solo hizo que el niño empeorara su estado, sus lágrimas cada vez eran mas abundantes; le cogi en brazos subiéndole a mi cuarto, para que viese como se llevaban a su madre a la morgue y así poder darle un baño caliente y que se tranquilizara algo.
-No se tu nombre, pequeño- dije bañándole dulcemente y con cuidado.
-Me llamo Aro majestad- dijo en el agua y sin dejar de llorar.
-No me llames majestad, soy Bella-dije sacándole del agua y secándole, poniéndole ropas limpias y tumbándole en la cama, mientras yo me sentaba a su lado-Aro no quiero que te quedes solo en este mundo y menos porque no es seguro, un niño tan pequeño no puede andar solo por ahí, a saber que podrían hacerte, por lo que te propongo algo-dije mirándole tiernamente.
-Si, dígame Bella-dijo sin moverse apenas unos centímetros de la cama.
-Me gustaría que te quedaras conmigo, mi esposo, mi hijo y mi hermana aquí en el reino y que fueras nuestro hijo adoptivo, se que tienes unos papas, no intento que los olvides- dije temblorosa de su reacción- solo que estés a salvo con nosotros.
-Yo no quiero olvidar a mis papas, pero si que quiero quedarme con vosotros- dijo abrazándome y haciendo que mis lagrimas saliesen llenas de felicidad.
Los meses iban pasando. La reconstrucción del reino avanzaba a pasos agigantados, ya que todos y cada uno de sus habitantes, incluyendo mi pequeña familia, ponía de su parte. Yo me encontraba en reposo permanente, ya que mi prominente barriga me impedía moverme con agilidad, además de que tanto Edward como Ángela no me dejaban ocuparme de lo más mínimo para evitar que me estresase y que algo pudiera sucederle al bebé.
Paseaba por las calles del reino, viendo las nuevas casas que habían levantado y como poco a poco la vida volvía a la normalidad en cada barrio. Las gentes de por allí, felices, paseaban al igual que yo, y hacían sus labores entre conversaciones y risas. Los niños jugaban en los parques, y yo no podía evitar sentirme dichosa. Todo esto se había llevado a cabo desde que yo me ocupaba del reino, y me alegraba ver que todo era como debía ser. Paz y tranquilidad se extendía por todos los confines del reino.
Cuando pasé por el mirador, volví a sonreír. No pude evitar recordar la triple boda que habíamos tenido tan solo unas semanas atrás. Nuestra pequeña familia se hacia cada vez más y más grande… Alice, el hada, se había casado con Jasper, ante la sorpresa, pero aceptación, de todos. Rosalie se había casado con Emmet, ya que a pesar de ser plebeyo, había demostrado su valía con creces, y tanto Esme como Carlisle le habían aceptado como a uno más en su casa al enterarse de la noticia de que su hija se había enamorado de él. Y por último, los pequeños duendes, Nessie y Jacob, se habían unido en la multitudinaria ceremonia, ya que querían estar unidos por todo tipo de rituales, tanto de los duendes como humanos.
Había sido una ceremonia sencilla, pero no por eso dejó de ser hermosa. Se casaron en los jardines del palacio, donde habíamos instalado un pequeño mirador. Vinieron todos y cada uno de los habitantes de ambos reinos, más una legión de hadas, elfos y duendes. Todos querían estar presentes ese día, para desearle suerte a cada pareja. Ese día pude comprobar lo unida que estaba la gente, ya que a pesar del agotamiento de la reconstrucción, nadie quiso perderse la ceremonia. Comprobé que a pesar de todas las desgracias que nos habían sucedido, siempre había una ventana abierta a la felicidad. Después de la misa, que había sido corta, pero emotiva, nos dirigimos al banquete. Mirases a donde mirases, solo veías a cabezas y más cabezas por uno y otro lado. Todo el mundo charlaba, reía, como si nada malo hubiese sucedido nunca, como si nada malo pudiese suceder…
Y aquí me encontraba, feliz y dichosa por haber recuperado mi vida, la que tenía que haber vivido desde un principio.
Me acerque a Edward abrazándole, necesitaba sentirle cerca de mi, saber que esta vez no había sufrido ni una herida, estaba perfecto excepto una pequeña herida en su brazo de la cual salía sangre, pero Alice se acerco curándosela, dejándola cerrada, como si ahí nunca hubiese habido una herida. Nos dirigimos al reino de Edward, Linzzer, esperando noticias sobre mi reino y sobre mis padres.
El camino se hizo un poco largo, me notaba cansada y adormecida, pero al llegar al reino Linzzer la noticia que me dieron fue como una flecha atravesando mi alma, mis padres habrían muerto en la lucha en su reino, además de quedar muy poco del Reino Violeta, mi hermana se echo en mis brazos llorando, demostrando su gran dolor por la perdida de nuestros padres, yo la abrace dándola todo el apoyo que podía darla, ya que mi estado tampoco era extremadamente bueno.
Yo era la encargada de ir al Reino Violeta y reinarle, intentando volver a construirle y que la paz volviera a reinar allí como lo había echo hasta hace unas semanas; Edward, Anthony y Ángela me acompañarían al igual que Emmett para protegernos de lo que pudiese aparecer, cuando llegue al reino mi alma cayo rota al suelo, ver, los restos que había dejado el fuego, los miles de muertos que había, los pocos soldados intentando ayudar a los supervivientes, entre en el castillo, él cual era el que estaba en mejor estado, mandando llamar a todos los sirvientes y soldados y pedirles que organizaran el castillo para poder atender a todos los heridos y dar resguardo a los supervivientes hasta que el reino fuera reconstruido; tanto sirvientes, soldados como Edward, Emmett y Ángela se pusieron enseguida a reconstruir las casas del reino y a preparar un cementerio donde enterrar a todos los muertos, para que pudiesen descansar en paz y no dejarles demasiado tiempo al aire libre y poder rondar una gran enfermedad por el reino, a mi no me dejaban hacer nada por mi embarazo, aunque no estaba apenas avanzado, el otro tuvo complicaciones y querían que con este tuviese el mayor descanso.
No podía estar parada viendo como gente en mi reino gritaba y lloraba del dolor de sus heridas y por las perdidas de muchos de sus familiares; vi a un niño al lado de una mujer llorándola con una tristeza que nunca antes había visto, supuse que era su madre, cuando la llamo mama y la pido que luchara por su vida para no dejarle solo en este mundo tan cruel, me acerque a él con paso tranquilo y sosegado, abrazándole, dándole todo mi apoyo e intentando calmar sus lagrimas.
-Tu madre se pondrá bien, intentare todo para que sobreviva y no te quedes solo- dije sin soltarle llorando.
-No quiero también perder a mi madre por esos atacantes, hicieron cosas horribles- dijo sin apartarse de mi y llorando cada vez mas profundamente.
Llame al medico con una gran urgencia para que mirara a esa mujer, pero la noticia de que estaba muerta solo hizo que el niño empeorara su estado, sus lágrimas cada vez eran mas abundantes; le cogi en brazos subiéndole a mi cuarto, para que viese como se llevaban a su madre a la morgue y así poder darle un baño caliente y que se tranquilizara algo.
-No se tu nombre, pequeño- dije bañándole dulcemente y con cuidado.
-Me llamo Aro majestad- dijo en el agua y sin dejar de llorar.
-No me llames majestad, soy Bella-dije sacándole del agua y secándole, poniéndole ropas limpias y tumbándole en la cama, mientras yo me sentaba a su lado-Aro no quiero que te quedes solo en este mundo y menos porque no es seguro, un niño tan pequeño no puede andar solo por ahí, a saber que podrían hacerte, por lo que te propongo algo-dije mirándole tiernamente.
-Si, dígame Bella-dijo sin moverse apenas unos centímetros de la cama.
-Me gustaría que te quedaras conmigo, mi esposo, mi hijo y mi hermana aquí en el reino y que fueras nuestro hijo adoptivo, se que tienes unos papas, no intento que los olvides- dije temblorosa de su reacción- solo que estés a salvo con nosotros.
-Yo no quiero olvidar a mis papas, pero si que quiero quedarme con vosotros- dijo abrazándome y haciendo que mis lagrimas saliesen llenas de felicidad.
Los meses iban pasando. La reconstrucción del reino avanzaba a pasos agigantados, ya que todos y cada uno de sus habitantes, incluyendo mi pequeña familia, ponía de su parte. Yo me encontraba en reposo permanente, ya que mi prominente barriga me impedía moverme con agilidad, además de que tanto Edward como Ángela no me dejaban ocuparme de lo más mínimo para evitar que me estresase y que algo pudiera sucederle al bebé.
Paseaba por las calles del reino, viendo las nuevas casas que habían levantado y como poco a poco la vida volvía a la normalidad en cada barrio. Las gentes de por allí, felices, paseaban al igual que yo, y hacían sus labores entre conversaciones y risas. Los niños jugaban en los parques, y yo no podía evitar sentirme dichosa. Todo esto se había llevado a cabo desde que yo me ocupaba del reino, y me alegraba ver que todo era como debía ser. Paz y tranquilidad se extendía por todos los confines del reino.
Cuando pasé por el mirador, volví a sonreír. No pude evitar recordar la triple boda que habíamos tenido tan solo unas semanas atrás. Nuestra pequeña familia se hacia cada vez más y más grande… Alice, el hada, se había casado con Jasper, ante la sorpresa, pero aceptación, de todos. Rosalie se había casado con Emmet, ya que a pesar de ser plebeyo, había demostrado su valía con creces, y tanto Esme como Carlisle le habían aceptado como a uno más en su casa al enterarse de la noticia de que su hija se había enamorado de él. Y por último, los pequeños duendes, Nessie y Jacob, se habían unido en la multitudinaria ceremonia, ya que querían estar unidos por todo tipo de rituales, tanto de los duendes como humanos.
Había sido una ceremonia sencilla, pero no por eso dejó de ser hermosa. Se casaron en los jardines del palacio, donde habíamos instalado un pequeño mirador. Vinieron todos y cada uno de los habitantes de ambos reinos, más una legión de hadas, elfos y duendes. Todos querían estar presentes ese día, para desearle suerte a cada pareja. Ese día pude comprobar lo unida que estaba la gente, ya que a pesar del agotamiento de la reconstrucción, nadie quiso perderse la ceremonia. Comprobé que a pesar de todas las desgracias que nos habían sucedido, siempre había una ventana abierta a la felicidad. Después de la misa, que había sido corta, pero emotiva, nos dirigimos al banquete. Mirases a donde mirases, solo veías a cabezas y más cabezas por uno y otro lado. Todo el mundo charlaba, reía, como si nada malo hubiese sucedido nunca, como si nada malo pudiese suceder…
Y aquí me encontraba, feliz y dichosa por haber recuperado mi vida, la que tenía que haber vivido desde un principio.
11 may 2010
Capítulo 22: LUCHA FINAL
Cuando el sol salió aquella mañana ya estaba más que preparado. Me encontraba impaciente por salir, pero tenía que esperar a los soldados. Si por mí hubiera sido, hubiera salido aquella misma noche. Pero necesitaba la ayuda de los chicos, no podía hacer esto solo. No sabía quien se había llevado a Bella, y no podía cometer la locura de lanzarme a la aventura solo. Seguía rondándome una y otra vez el nombre de Newton en la cabeza, pero Mike no pudo ser. Sospechaba de sus padres, pero la brújula no apuntaba en dirección a su reino, y tenía noticias de que ellos se encontraban allí. No podía dejar de darle vueltas a la cabeza, pero no se me ocurría nada. Tal vez todo fuese una coincidencia…
Al salir los primeros rayos de luz, bajé a las cuadras, ensillé mi caballo y esperé en la puerta. Los soldados no se tardaron mucho en llegar, así que pudimos partir temprano. Fuimos a galope, sin parar a comer ni a beber, siguiendo el camino que marcaba mi brújula, mientras notaba que los soldados me miraban como si estuviera completamente loco, aunque no comentaban nada.
Después de varias horas cabalgando, llegamos a una zona del bosque, escondida, donde se encontraba un viejo castillo de piedra en ruinas. Consulté mi brújula una y otra vez, por si era un error. Pero no había fallo posible, la brújula señalaba al edificio parcialmente derruido. Mi Bella estaba ahí dentro. Les hice unas señas a los soldados, para alejarnos un poco de allí, y así poder organizarnos tranquilamente.
Yo entraría por Bella, seguido de unos cuantos hombres. Otros, se quedarían en la entrada, vigilando por si aparecía alguien o, en caso de escuchar embrollo, nos siguieran rápidamente para ayudarnos en la posible lucha que se nos pudiera presentar. Dicho esto, nos dirigimos directamente al castillo. Yo seguía a mi brújula, que nos guió hasta uno de los torreones del edificio. Entramos y de golpe la oí. Gritaba y chillaba, pero era ella, ella estaba ahí.
- Alec, ¡sácame de aquí! No quiero estar contigo, al igual que no quise estar con tu hermano. Te ordeno que me saques de aquí – gritaba sin cesar mi amada – cuando Edward llegue, juro por dios que le voy a decir que te mate y me entregue tu cabeza en una bandeja. – me acerqué a la puerta de donde provenía su voz y con la ayuda de los hombres que me acompañaban, la tiramos abajo. Bella estaba allí, llorosa, asustada de ver la puerta tirada, pero en cuanto me vio, una sonrisa iluminó su rostro y se arrojó a mis brazos.
- Bella… mi Bella… -susurré a su oído, acariciándole la espalda, mientras ella sollozaba, aliviada por verme.
- Edward, he pasado tanto miedo…
- ¿Quién ha sido Bella? ¿Quién te ha hecho esto? – le pregunté.
- Ha sido Alec, él me trajo. –Dijo ella, mientras miraba hacia todos lados, nerviosa- por favor Edward, vámonos, sácame de aquí cuanto antes… -un ruido nos sobresaltó, y Bella se escondió rápidamente en mi espalda.
- ¿Qué es lo que tenemos aquí? – preguntó un chico rubio que acababa de llegar, seguido por una legión de soldados. Me quedé pálido al ver la cantidad de hombres que le seguían… - Veo que tenías razón, Jane. Tu… Edward – soltó mi nombre como si lo escupiera – ha venido a sacarte de aquí… aunque creo que se va a quedar aquí, para siempre… dándole de comer a los buitres – comenzó a reír, soltando una risa socarrona y fuerte, que no hacia más que enfadarme cada vez más.
El tal Alec entró de pronto a la habitación, cogiendo a Bella fuertemente del brazo y apartándola de mí. Intenté evitarlo, pero todos los soldados que iban con él se nos tiraron encima y tuve que ponerme a luchar para salvar mi vida. Bella gritaba mientras Alec se la llevaba, por mitad de aquel tumulto, y no podía hacer nada para evitarlo. Intenté llamar a los soldados que habían quedado en la puerta, pero a través de una ventana, vi con horror que los habían matado a todos. Y ahí estábamos, a punto de morir, solos, sin ningún tipo de ayuda… Entonces recordé el cuerno, mi cuerno, y corrí escaleras arriba, hasta meterme de nuevo en la habitación donde se encontraba Bella. En cuanto me vi libre de manejar mi espada, lo saqué y soplé, una, dos, tres veces. Esperaba que en verdad fuera efectivo…
Volví a salir y me dirigí al centro de todo aquel jaleo, empuñando mi espada, hundiéndola en la carne de aquella gente, una y otra vez. Me sentía mal, no me gustaban las batallas, pero era ellos o yo, y lo único que quería era que todo acabara cuanto antes, para salir en busca de Bella. Me daba terror pensar en lo que aquel mal nacido podía hacerle.
De pronto, una luz cegadora iluminó todo, haciendo que la lucha se detuviese durante unos instantes. Entonces, entraron elfos, duendes y hadas por todas partes. Reconocí a Alice, Reneesme, y a algunos de los duendes que nos habían ayudado a Bella y a mí hace algún tiempo. Todos venían con cara de malas pulgas, y se lanzaron directamente a la batalla. Los soldados de Alec se encontraban desconcertados, pero sin perder un minuto, se pusieron a luchar de nuevo.
Las hadas cegaban a los soldados, los duendes los inmovilizaban con hechizos, y los elfos lanzaban flechas que se clavaban con una puntería asombrosa en rodillas, manos y brazos a quien fuesen dirigidas. Observé que la intención de ellos no era la de matar a nadie, sino herirlos lo suficiente como para detener esta locura, pero de una forma en la que luego sería fácil que se recuperaran. Admiré eso en ellos, su amor a la vida, y el respeto que le tenían. Cuando todo parecía terminar, los pocos soldados que quedaban ilesos se rindieron, viendo la suerte que habían corrido sus compañeros, dejándonos vía libre para salir de allí.
Alice se acercó a mi lado y me miró fijamente, como no atreviéndose a preguntar que había pasado.
- Es Bella, Alice –le contesté antes de que ella se atreviese a decir con palabras lo que con sus ojos me expresaba – la habían secuestrado, y cuando vine a rescatarla, todo resultó ser una encerrona. Cuando parecía que todo había quedado un susto, apareció Alec, con una legión de soldados, y se fue de nuevo junto a ella mientras nosotros nos encontramos así, en medio de esta guerra sin pies ni cabeza.
- Tranquilo Edward, no te agobies. Ahora lo que necesitamos saber es, ¿dónde está Bella?
Iba a sacar mi brújula del bolsillo para indicarle el camino… pero no estaba ahí. Inmediatamente me puse nervioso y paseé de un lado a otro intentando encontrarla. Cuando por fin lo hice, quedé horrorizado. Estaba en el suelo, pisoteada, destrozada… ni siquiera estaba la aguja allí cerca, para intentar repararla. Entonces, fue cuando caí en la cuenta, haciendo que me quedara completamente inmóvil, por los nervios, de la pregunta que había hecho Alice…
“¿dónde está Bella?”
Esa pregunta me atormentaba rondando todo el rato por mi mente, sin saber que hacer, por donde empezar la búsqueda, a quien mas avisar, por mi culpa, habían matado a muchos de los hombres que me acompañaban y otros tantos se encontraban en esa habitación malheridos, las hadas, duendes y elfos, curaban a los heridos, pero por los muertos nada se podía hacer ya, eso me hizo desplomarme al suelo, lleno de dolor, por la impotencia del momento, mi brújula había sido destruida y ya no tenia nada por donde empezar la nueva búsqueda de mi amada.
Alice y Reneesme se acercaron a mí abrazándome, mientras oía como Carso y Jacob hablaban a mis soldados de un plan de búsqueda, de estar todos unidos para ser mas fuertes, mis palabras no salían de mi boca, estaba totalmente rígido notando los brazos de Alice y Reneesme dándome fuerzas, que ya apenas me quedaban. Pero un pinchazo en el corazón por la falta de mi esposa hizo que reaccionara, que me levantara y me girara a todos bruscamente.
-No se por donde comenzar la búsqueda, pero debo encontrar a mi esposa, no puedo permitir que este mas tiempo que Alec, a saber que salvajadas la hará y ella espera un hijo-dije firmemente- os necesitare a todos, pero entiendo que queráis volver al reino después de lo ocurrido con vuestros compañeros- pero nadie se movió de donde estaban, mostrándome así, que me seguirían.
Salimos de aquel castillo en ruinas y nos dirigimos al bosque que había al lado, pudiendo seguir el rastro de algo, íbamos mirando a todos los sitios, hasta que vi un trozo del vestido de Bella, de mi amada esposa, me acerque cogiendole, era un trozo pequeñísimo, seguí al galope viendo mas trozos, ella nos estaba dejando un rastro para poder encontrarla, saber donde se encontraba, seguimos galopando siguiendo su rastro, sin detenernos para nada, hasta que comenzamos a oír alboroto en el bosque, provenía de un claro; allí se encontraba ella con todos los hombres de Alec y él.
Nos fuimos acercando sigilosamente al claro sin acercarnos demasiado para que no notaran nuestra presencia, hasta elaborar un plan y saber como salvarla, vi que la tenia amarrada a un árbol, tenia mala cara y en su estado debía estar mas débil aun, eso hizo que me ardiera el cuerpo, deseando salir y matarla por lo que la estaba haciendo a mi esposa; pero las hadas, duendes y elfos tenían una mejor idea y así no tener que matar a nadie al menos que fuera para salvar la vida de uno mismo. Pararían el tiempo excepto para nosotros, nos daría tiempo de coger a Bella y sacarla de allí, lesionaríamos a los hombres para que no pudiesen moverse como lo habíamos echo con los que habíamos dejado en la torre de aquel castillo, no eran muchos, pero los suficientes para poder matarnos a todos y Alec, quería matarle, necesitaba matarle para asegurarme de que no la volviera a tocar, de que nos dejaría en paz.
-Sabemos que deseas matar a Alec y si de verdad es lo que quieres, podrás, pero en una lucha igualada, el tiempo no se parara para él tampoco solo para sus hombres y los tuyos, mientras nosotros rescatamos a la princesa Isabella- dijo Carso muy serio mirándome.
-No le tengo miedo, me gustaría que fuese igualada, no seria justo que no pudiera defenderse-dije mirando hacia el claro- solo quiero pediros un favor, la última vez que luche olvide quien era, de donde provenía y a ella, esta vez no me dejéis olvidarla, por favor-dije mirándoles suplicantes.
Se dispusieron a parar el tiempo, cuando lo hicieron, entre en aquel claro seguro de mi mismo y con precaución para que al verme no la tomara a ella, como amenaza, le di un pequeño toque en la espalda haciendo que se volteara y le di un puñetazo en la cara, que hizo que se cayese al suelo sangrando por la boca, me miraba con odio y rabia, cuando giro su vista hacia el árbol donde había atado a Bella, lo encontró vacío.
-Maldito seas Edward Cullen, me distes para despistarme y que tus amiguitos robaran a tu amada, la cual me pertenece-dijo levantándose del suelo.
-A ti solo te pertenece la muerte- dije sacando mi espada- ella no es de tu propiedad, por el simple echo de que Isabella Swan, princesa y próxima gobernadora del Reino Violeta- dije cada vez mas seguro, moviendo mi espada hacia él.
Él saco su espada, haciéndonos empezar la lucha, estábamos bastantes igualados, Alec luchaba mucho mejor que su hermano, además de saber manejar la espada, me costaba poder dar un golpe que no fuera en su arma, hasta que no se porque pude clavarle la espada en el costado, haciendo que cayese al suelo de nuevo, pero esta vez para morir allí.
Al salir los primeros rayos de luz, bajé a las cuadras, ensillé mi caballo y esperé en la puerta. Los soldados no se tardaron mucho en llegar, así que pudimos partir temprano. Fuimos a galope, sin parar a comer ni a beber, siguiendo el camino que marcaba mi brújula, mientras notaba que los soldados me miraban como si estuviera completamente loco, aunque no comentaban nada.
Después de varias horas cabalgando, llegamos a una zona del bosque, escondida, donde se encontraba un viejo castillo de piedra en ruinas. Consulté mi brújula una y otra vez, por si era un error. Pero no había fallo posible, la brújula señalaba al edificio parcialmente derruido. Mi Bella estaba ahí dentro. Les hice unas señas a los soldados, para alejarnos un poco de allí, y así poder organizarnos tranquilamente.
Yo entraría por Bella, seguido de unos cuantos hombres. Otros, se quedarían en la entrada, vigilando por si aparecía alguien o, en caso de escuchar embrollo, nos siguieran rápidamente para ayudarnos en la posible lucha que se nos pudiera presentar. Dicho esto, nos dirigimos directamente al castillo. Yo seguía a mi brújula, que nos guió hasta uno de los torreones del edificio. Entramos y de golpe la oí. Gritaba y chillaba, pero era ella, ella estaba ahí.
- Alec, ¡sácame de aquí! No quiero estar contigo, al igual que no quise estar con tu hermano. Te ordeno que me saques de aquí – gritaba sin cesar mi amada – cuando Edward llegue, juro por dios que le voy a decir que te mate y me entregue tu cabeza en una bandeja. – me acerqué a la puerta de donde provenía su voz y con la ayuda de los hombres que me acompañaban, la tiramos abajo. Bella estaba allí, llorosa, asustada de ver la puerta tirada, pero en cuanto me vio, una sonrisa iluminó su rostro y se arrojó a mis brazos.
- Bella… mi Bella… -susurré a su oído, acariciándole la espalda, mientras ella sollozaba, aliviada por verme.
- Edward, he pasado tanto miedo…
- ¿Quién ha sido Bella? ¿Quién te ha hecho esto? – le pregunté.
- Ha sido Alec, él me trajo. –Dijo ella, mientras miraba hacia todos lados, nerviosa- por favor Edward, vámonos, sácame de aquí cuanto antes… -un ruido nos sobresaltó, y Bella se escondió rápidamente en mi espalda.
- ¿Qué es lo que tenemos aquí? – preguntó un chico rubio que acababa de llegar, seguido por una legión de soldados. Me quedé pálido al ver la cantidad de hombres que le seguían… - Veo que tenías razón, Jane. Tu… Edward – soltó mi nombre como si lo escupiera – ha venido a sacarte de aquí… aunque creo que se va a quedar aquí, para siempre… dándole de comer a los buitres – comenzó a reír, soltando una risa socarrona y fuerte, que no hacia más que enfadarme cada vez más.
El tal Alec entró de pronto a la habitación, cogiendo a Bella fuertemente del brazo y apartándola de mí. Intenté evitarlo, pero todos los soldados que iban con él se nos tiraron encima y tuve que ponerme a luchar para salvar mi vida. Bella gritaba mientras Alec se la llevaba, por mitad de aquel tumulto, y no podía hacer nada para evitarlo. Intenté llamar a los soldados que habían quedado en la puerta, pero a través de una ventana, vi con horror que los habían matado a todos. Y ahí estábamos, a punto de morir, solos, sin ningún tipo de ayuda… Entonces recordé el cuerno, mi cuerno, y corrí escaleras arriba, hasta meterme de nuevo en la habitación donde se encontraba Bella. En cuanto me vi libre de manejar mi espada, lo saqué y soplé, una, dos, tres veces. Esperaba que en verdad fuera efectivo…
Volví a salir y me dirigí al centro de todo aquel jaleo, empuñando mi espada, hundiéndola en la carne de aquella gente, una y otra vez. Me sentía mal, no me gustaban las batallas, pero era ellos o yo, y lo único que quería era que todo acabara cuanto antes, para salir en busca de Bella. Me daba terror pensar en lo que aquel mal nacido podía hacerle.
De pronto, una luz cegadora iluminó todo, haciendo que la lucha se detuviese durante unos instantes. Entonces, entraron elfos, duendes y hadas por todas partes. Reconocí a Alice, Reneesme, y a algunos de los duendes que nos habían ayudado a Bella y a mí hace algún tiempo. Todos venían con cara de malas pulgas, y se lanzaron directamente a la batalla. Los soldados de Alec se encontraban desconcertados, pero sin perder un minuto, se pusieron a luchar de nuevo.
Las hadas cegaban a los soldados, los duendes los inmovilizaban con hechizos, y los elfos lanzaban flechas que se clavaban con una puntería asombrosa en rodillas, manos y brazos a quien fuesen dirigidas. Observé que la intención de ellos no era la de matar a nadie, sino herirlos lo suficiente como para detener esta locura, pero de una forma en la que luego sería fácil que se recuperaran. Admiré eso en ellos, su amor a la vida, y el respeto que le tenían. Cuando todo parecía terminar, los pocos soldados que quedaban ilesos se rindieron, viendo la suerte que habían corrido sus compañeros, dejándonos vía libre para salir de allí.
Alice se acercó a mi lado y me miró fijamente, como no atreviéndose a preguntar que había pasado.
- Es Bella, Alice –le contesté antes de que ella se atreviese a decir con palabras lo que con sus ojos me expresaba – la habían secuestrado, y cuando vine a rescatarla, todo resultó ser una encerrona. Cuando parecía que todo había quedado un susto, apareció Alec, con una legión de soldados, y se fue de nuevo junto a ella mientras nosotros nos encontramos así, en medio de esta guerra sin pies ni cabeza.
- Tranquilo Edward, no te agobies. Ahora lo que necesitamos saber es, ¿dónde está Bella?
Iba a sacar mi brújula del bolsillo para indicarle el camino… pero no estaba ahí. Inmediatamente me puse nervioso y paseé de un lado a otro intentando encontrarla. Cuando por fin lo hice, quedé horrorizado. Estaba en el suelo, pisoteada, destrozada… ni siquiera estaba la aguja allí cerca, para intentar repararla. Entonces, fue cuando caí en la cuenta, haciendo que me quedara completamente inmóvil, por los nervios, de la pregunta que había hecho Alice…
“¿dónde está Bella?”
Esa pregunta me atormentaba rondando todo el rato por mi mente, sin saber que hacer, por donde empezar la búsqueda, a quien mas avisar, por mi culpa, habían matado a muchos de los hombres que me acompañaban y otros tantos se encontraban en esa habitación malheridos, las hadas, duendes y elfos, curaban a los heridos, pero por los muertos nada se podía hacer ya, eso me hizo desplomarme al suelo, lleno de dolor, por la impotencia del momento, mi brújula había sido destruida y ya no tenia nada por donde empezar la nueva búsqueda de mi amada.
Alice y Reneesme se acercaron a mí abrazándome, mientras oía como Carso y Jacob hablaban a mis soldados de un plan de búsqueda, de estar todos unidos para ser mas fuertes, mis palabras no salían de mi boca, estaba totalmente rígido notando los brazos de Alice y Reneesme dándome fuerzas, que ya apenas me quedaban. Pero un pinchazo en el corazón por la falta de mi esposa hizo que reaccionara, que me levantara y me girara a todos bruscamente.
-No se por donde comenzar la búsqueda, pero debo encontrar a mi esposa, no puedo permitir que este mas tiempo que Alec, a saber que salvajadas la hará y ella espera un hijo-dije firmemente- os necesitare a todos, pero entiendo que queráis volver al reino después de lo ocurrido con vuestros compañeros- pero nadie se movió de donde estaban, mostrándome así, que me seguirían.
Salimos de aquel castillo en ruinas y nos dirigimos al bosque que había al lado, pudiendo seguir el rastro de algo, íbamos mirando a todos los sitios, hasta que vi un trozo del vestido de Bella, de mi amada esposa, me acerque cogiendole, era un trozo pequeñísimo, seguí al galope viendo mas trozos, ella nos estaba dejando un rastro para poder encontrarla, saber donde se encontraba, seguimos galopando siguiendo su rastro, sin detenernos para nada, hasta que comenzamos a oír alboroto en el bosque, provenía de un claro; allí se encontraba ella con todos los hombres de Alec y él.
Nos fuimos acercando sigilosamente al claro sin acercarnos demasiado para que no notaran nuestra presencia, hasta elaborar un plan y saber como salvarla, vi que la tenia amarrada a un árbol, tenia mala cara y en su estado debía estar mas débil aun, eso hizo que me ardiera el cuerpo, deseando salir y matarla por lo que la estaba haciendo a mi esposa; pero las hadas, duendes y elfos tenían una mejor idea y así no tener que matar a nadie al menos que fuera para salvar la vida de uno mismo. Pararían el tiempo excepto para nosotros, nos daría tiempo de coger a Bella y sacarla de allí, lesionaríamos a los hombres para que no pudiesen moverse como lo habíamos echo con los que habíamos dejado en la torre de aquel castillo, no eran muchos, pero los suficientes para poder matarnos a todos y Alec, quería matarle, necesitaba matarle para asegurarme de que no la volviera a tocar, de que nos dejaría en paz.
-Sabemos que deseas matar a Alec y si de verdad es lo que quieres, podrás, pero en una lucha igualada, el tiempo no se parara para él tampoco solo para sus hombres y los tuyos, mientras nosotros rescatamos a la princesa Isabella- dijo Carso muy serio mirándome.
-No le tengo miedo, me gustaría que fuese igualada, no seria justo que no pudiera defenderse-dije mirando hacia el claro- solo quiero pediros un favor, la última vez que luche olvide quien era, de donde provenía y a ella, esta vez no me dejéis olvidarla, por favor-dije mirándoles suplicantes.
Se dispusieron a parar el tiempo, cuando lo hicieron, entre en aquel claro seguro de mi mismo y con precaución para que al verme no la tomara a ella, como amenaza, le di un pequeño toque en la espalda haciendo que se volteara y le di un puñetazo en la cara, que hizo que se cayese al suelo sangrando por la boca, me miraba con odio y rabia, cuando giro su vista hacia el árbol donde había atado a Bella, lo encontró vacío.
-Maldito seas Edward Cullen, me distes para despistarme y que tus amiguitos robaran a tu amada, la cual me pertenece-dijo levantándose del suelo.
-A ti solo te pertenece la muerte- dije sacando mi espada- ella no es de tu propiedad, por el simple echo de que Isabella Swan, princesa y próxima gobernadora del Reino Violeta- dije cada vez mas seguro, moviendo mi espada hacia él.
Él saco su espada, haciéndonos empezar la lucha, estábamos bastantes igualados, Alec luchaba mucho mejor que su hermano, además de saber manejar la espada, me costaba poder dar un golpe que no fuera en su arma, hasta que no se porque pude clavarle la espada en el costado, haciendo que cayese al suelo de nuevo, pero esta vez para morir allí.
Capítulo 21: FELICIDAD FRUSTRADA
Allí nos habíamos quedado todos en la gran sala del trono, todos felices, todo se había arreglado y tenia a mi verdadera familia allí junto a mi, me habían aceptado alegremente de nuevo.
Pasaban los días y solo se oían risas en el reino, mis padres estaban encantados con mi relación con Edward al igual que los padres de él, no hacían más que hablar de la boda y andar detrás de los preparativos para que fuese cuanto antes; Edward y yo éramos felices ante tal noticia siempre lo habíamos deseado, era nuestro mayor sueño, además ahora teníamos a nuestro pequeño Anthony para formar una feliz y maravillosa familia.
3 meses después
Quedaban apenas unos días para mi boda con mi amado Edward, seria el día mas feliz de mi vida, el mas dichoso; nuestro pequeño seguía creciendo sin poderme creer que estuviese tan bello y fuerte apenas teniendo 4 cortos meses de vida. Alice el hada estaba ayudándome con el vestido, estaba quedando precioso, además de que venia al reino a ver a Jasper el hermano menor de Edward, del cual se había enamorado nada más verle hace tres meses, Rosalie no estaba tan pendiente del vestido por el noviazgo a escondidas con Emmett, aunque sus hermanos les habían pillado.
Alice era encantadora, era ella quien llevaba todo el vestido, zapatos, conjuntos, y además toda la decoración, no me dejaba saber nada al respecto excepto de mi traje y porque tenia que hacerme pruebas con él, estaba mirándome en el espejo, mientras ella me metía un poco el bajo del vestido, cuándo note una gran nausea haciéndome salir corriendo la baño y vomitando, me sentía bastante mareada, por lo que supuse que debía de ser los nervios del casamiento, viéndolo tan cerca, pero una nueva presencia me sobresalto, era Nessi otra hada, venia sonriendo, aun viéndome así en el baño.
-Felicidades bella princesa-dijo sonriendo-espera a su segundo hijo, lo acabamos de saber y vine a informarla.
-¿Un hijo de nuevo?-dije derramando lagrimas por la emoción-dios, un nuevo hijo de mi amado-me levante con cuidado, pidiendo que reunieron a toda mi familia y a la de Edward en el comedor.
Me quite el vestido de novia, poniéndome algo mas adecuado y cómodo y baje hacia el comedor, sabia que me esperaban con inquietud sobre porque les había reunido allí, y la verdad al entrar y ver sus caras de pánico, yo solo pude sonreír, haciendo que ellos se relajaran.
-Os he pedido que nos reunamos aquí, porque quiero daros una noticia maravillosa-dije sonriendo- acabo de saber que llevo en mi seno un nuevo bebe de Edward y yo, haciéndome la persona mas feliz del mundo.
Todos empezaron abrazarse y a reírse mostrando la felicidad que sentían ante tremendo noticia, incluso Rosalie y Emmett se dieron un beso dejando en evidencia su relación ante el reino, sus hermanos y yo les mirábamos asombrados, sus padres estaban sorprendidos ante tal escena, aunque lo aceptaron sin problema porque les sonrieron y les felicitaron también.
No quedaba nada para la boda apenas tres días y todo iba genial, los preparativos estaban todos listos, el reino entero estaba decorado para la gran ceremonia, Alice y todas las hadas se habían encargado de ello, dejándolo con un toque totalmente mágico; los invitados que iban llegando se quedaban impresionados por lo bien que estaba todo preparado y decorado, y mis nervios cada vez salían mas a flor de piel, esperando unirme por fin con mi gran amado.
Ya llego el gran día, Alice, Nessi y Rosalie se encontraban conmigo en el cuarto preparándome con el vestido y el peinado para que todo estuviese perfecto, Nessi y Rosalie se lo tomaban con tantas ganas porque seguramente temerían Alice, sonreí antes esa idea, no podía contener mis nervios y todo mi cuerpo temblaba sin poder parar. Las chicas me avisaron de que ya era la hora de que la novia se preparara y entrara hacia el altar, me coloque agarrada del brazo de Charles y empezamos a caminar hacia el altar donde Edward me esperaba con su inmensa y preciosa sonrisa, la gente sonreía y hablaba de lo bonito que era mi vestido, creo que me centre en eso para poder tranquilizarme algo; llegamos al altar donde Charles me dejo al lado de Edward, que me agarro la mano dulcemente dándome todo su apoyo y energía. La ceremonia empezó, Edward dijo ese gran si que resonó en mi con toda su energía y fuerza y el mío sonó claro y sin duda, nada mas convertirnos en marido y mujer nuestra bonita ceremonia se vio frustrada, por un grito de un criado.
-El Reino Violeta esta ardiendo en llamas, me acaban de informar, apenas queda nada del reino-dijo gritando y cada vez mas asustado, mis padres se miraron alarmados y asustados, decidieron prepararse y salir hacia el reino, Carlisle, Emmett y Jasper acompañarían a nuestros padres mientras que mi hermana y yo nos quedábamos aquí en el Reino Linzzer esperándoles junto a Edward.
Nada mas irse subí a mi cuarto, a cambiarme de ropa, sabia que estaría tranquila porque Anthony se encontraba con Esme, me puse un vestido algo mas cómodo, pero sentí que alguien me tapaba por detrás y se me cerraban los ojos…
Desperté y no sabía dónde estaba. Lo último que recordaba era que estaba en mi cuarto y me había cambiado de ropa, un poco alterada por la noticia del incendio. Miré a mi alrededor, y vi con horror que me encontraba en una minúscula habitación, sin ventanas, sólo con una cama y un lavabo. Fui hacia la puerta, y comencé a golpearla con fuerza, gritando. Lo único que quería era salir de allí y volver con mi familia...
Oí un ruido de llaves. Alguien se acercaba. Así que volví a golpear la puerta con más fuerza, para llamar la atención de quien quiera que viniese. Volví a oír el ruido de las llaves, pero esta vez, en la cerradura de la habitación, así que me hice para atrás, a la espera de ver quien estaba al otro lado. Cuando se abrió la puerta, entró un hombre, rubio, alto, y con cara de pocos amigos.
-¿Quién eres? -le pregunté, con cierto rastro de temor en mi voz.
-Vaya, vaya... así que por fin despertaste, cuñadita -dijo él. ¿Cuñadita? ¿De qué estaba hablando? Al ver mi cara de desconcierto, comenzó a reír y se acercó a mí. - No sabes quien soy, ¿verdad? Soy el hermano de Mike – mi cara cambió de color al oír aquello. Había oído hablar de Alec, el hermano de Mike que estudiaba en el extranjero, pero que por una disputa familiar nunca había vuelto a casa junto a sus padres – veo que has oído hablar de mí – volvió a reír y siguió acercándose, mientras que por mi parte, caminaba hacia atrás, intentando poner la mayor distancia posible entre los dos. Cuando topé con la pared, me quede pegada a ella, mientras con horror veía como se puso frente a mí. Cogió mi mano con suavidad y se la acercó a sus labios, dejando un leve beso en ella.
-¿Qué es lo que quieres? -atiné a preguntar, aunque se me entrecortaba la voz a causa del miedo.
-Quiero recuperar a la familia, y tú eres parte de ella, Jane -acercó su rostro al mío, provocando que comenzara a temblar involuntariamente – me enviaron una carta mis padres, notificándome de la muerte de mi hermano y tu repentina desaparición. Cuál no sería mi sorpresa al volver y encontrarme con que te habías casado con el traidor que mató a Mike. ¿Cómo pudiste? - la olor de su aliento tan cerca de mi cara me provocaba nauseas, y estaba haciendo todo lo posible por no vomitarle encima. No me atrevía a moverme por miedo a su reacción.
-Yo... yo no soy Jane. Nunca he sido Jane. - me miró, sorprendido, pero se quedó callado, esperando que continuase – mi nombre es Bella Swan, princesa del reino Linzzer, y mi marido, Edward, vendrá a por mí antes de lo que imaginas -cuando dije todo esto, me quedé muda, pensando si no habría hablado de más, y de donde habría sacado el valor suficiente para hacerlo.
-¿Con que... Edward? -dijo Alec- no creo que te encuentre ricura, ni siquiera sabes donde estamos... ¿cómo podría localizarte? - una sonrisa invadió su cara, al ver mi expresión abatida. Tenía razón, no podría encontrarme, porque ni yo misma sabía donde estaba...- te quedarás conmigo, porque es tu deber. Te convertirás en mi esposa, y ambos reinaremos Alatar y Newton juntos... - se acercó con intención de besarme, pero aparté el rostro y comencé a llorar. El bufó y sin decir nada más, se apartó de mí. Se dirigió a la puerta y salió, cerrando de nuevo con llave, dejándome sola de nuevo en aquel zulo. Caí de rodillas, mientras las lágrimas caían por mi rostro. Lo único que podía pensar era en Edward, en Anthony, en mi pequeña familia...
Edward
Bella tardaba mucho en cambiarse de ropa, así que subí para ver como se encontraba. Pensé que a lo mejor se encontraba mareada, debido a su estado. No me gustaba dejarla mucho tiempo sola por si algo le sucedía. Toqué a la puerta de la habitación, pero nadie contestó. Intenté abrir, pero estaba cerrada con llave. Al final, pateé la puerta hasta que la abrí a la fuerza, y cuando entré, no había nadie allí. Comencé a gritar su nombre, buscándola por todas partes: en la propia habitación, en el baño, en el vestidor... nada, se había ido y no había dejado ningún rastro. Entonces, vi una nota en el espejo del tocador. Corrí hacia él, y la cogí. Sentí como todo mi mundo se venía abajo.
“Nunca ha sido tuya, así que no puedes lamentar perder algo que nunca has tenido.
Newton.”
Grité de dolor. Se habían llevado a Bella. Pero me extrañaba la firma en la carta. No podía ser él, yo le había matado, de eso estaba seguro. Miré la nota, una y otra vez, intentando encontrar alguna pista sobre el paradero de mi amada. De pronto irrumpió Ángela en la habitación.
-Edward, ¿qué pasa? -no podía ni hablar, así que solo le tendí la nota, esperando que entendiera. Después de leerla varias veces, tal y como hice yo, me miró sorprendida y me abrazó, para consolarme. No le devolví el abrazo, tenso como estaba, mientras en mi cabeza no dejaba de pensar una y otra vez en como encontrarla y traerla de nuevo a mi lado. Finalmente Ángela se separó de mí y me miró directamente a los ojos.
-¿Qué hombres quedan aquí, que no se hayan ido al reino Violeta a sofocar el incendio? -le pregunté, decidido a salir en su busca, llevándome a algunos soldados por si se presentaban problemas.
-No se exactamente cuantos habrá, pero seguro que unos cuantos. A mis padres no les gusta dejar el reino descuidado cuando ellos no se encuentran en él.
-Bien. Llévame junto a ellos. Necesitaré ayuda para traer a tu hermana de vuelta. - cogí su mano y ella me guió hasta fuera del castillo, y nos dirigimos a una gran casa de piedra. Entramos y allí había alrededor de 20 hombres.
-Escuchadme -dije con voz fuerte. No podía dejarme ver débil, necesitaba ser fuerte para salvar a mi Bella- han secuestrado a la princesa Bella. Necesito que algunos de vosotros me acompañéis a rescatarla y traerla de nuevo a su hogar. No os necesitaré a todos, por lo que algunos de vosotros os quedareis aquí, para vigilar el reino, y a la princesa Ángela, para que nada malo ocurra en nuestra ausencia. ¿Algún voluntario? - todos levantaron la mano, lo cual me emocionó. Todos estaban dispuesto a salir en busca de su princesa. - A ver, creo que con la mitad de vosotros será suficiente. Decidid quien viene y quien se queda, y prepararos para el viaje. Partiremos mañana al amanecer.
Salí de allí junto a Ángela de nuevo, para volver a palacio y prepararme también todo lo necesario para mi partida. Llevaría todo lo que me dio mi madre para la vez anterior que fui a buscarla, y necesitaba comida para varios días. Fui a la cocina, para que nos prepararan todo lo necesario.
Esa noche casi no pude dormir. Contaba cada minuto, cada segundo que faltaba para ir tras mi Bella. Miraba mi brújula una y otra vez, atento a la dirección que marcaba. Sabía que no me fallaría, igual que no me falló la última vez. Encontraría a Bella y la traería de vuelta, de eso estaba seguro. Lucharía y pondría mi vida en esta empresa, porque sin ella, yo no tenía vida. Finalmente me dormí, pensando en lo mucho que la echaba de menos y en nuestra noche de bodas frustrada. Mataría al que la había separado de mí, lo juro, como que me llamo Edward Cullen...
Pasaban los días y solo se oían risas en el reino, mis padres estaban encantados con mi relación con Edward al igual que los padres de él, no hacían más que hablar de la boda y andar detrás de los preparativos para que fuese cuanto antes; Edward y yo éramos felices ante tal noticia siempre lo habíamos deseado, era nuestro mayor sueño, además ahora teníamos a nuestro pequeño Anthony para formar una feliz y maravillosa familia.
3 meses después
Quedaban apenas unos días para mi boda con mi amado Edward, seria el día mas feliz de mi vida, el mas dichoso; nuestro pequeño seguía creciendo sin poderme creer que estuviese tan bello y fuerte apenas teniendo 4 cortos meses de vida. Alice el hada estaba ayudándome con el vestido, estaba quedando precioso, además de que venia al reino a ver a Jasper el hermano menor de Edward, del cual se había enamorado nada más verle hace tres meses, Rosalie no estaba tan pendiente del vestido por el noviazgo a escondidas con Emmett, aunque sus hermanos les habían pillado.
Alice era encantadora, era ella quien llevaba todo el vestido, zapatos, conjuntos, y además toda la decoración, no me dejaba saber nada al respecto excepto de mi traje y porque tenia que hacerme pruebas con él, estaba mirándome en el espejo, mientras ella me metía un poco el bajo del vestido, cuándo note una gran nausea haciéndome salir corriendo la baño y vomitando, me sentía bastante mareada, por lo que supuse que debía de ser los nervios del casamiento, viéndolo tan cerca, pero una nueva presencia me sobresalto, era Nessi otra hada, venia sonriendo, aun viéndome así en el baño.
-Felicidades bella princesa-dijo sonriendo-espera a su segundo hijo, lo acabamos de saber y vine a informarla.
-¿Un hijo de nuevo?-dije derramando lagrimas por la emoción-dios, un nuevo hijo de mi amado-me levante con cuidado, pidiendo que reunieron a toda mi familia y a la de Edward en el comedor.
Me quite el vestido de novia, poniéndome algo mas adecuado y cómodo y baje hacia el comedor, sabia que me esperaban con inquietud sobre porque les había reunido allí, y la verdad al entrar y ver sus caras de pánico, yo solo pude sonreír, haciendo que ellos se relajaran.
-Os he pedido que nos reunamos aquí, porque quiero daros una noticia maravillosa-dije sonriendo- acabo de saber que llevo en mi seno un nuevo bebe de Edward y yo, haciéndome la persona mas feliz del mundo.
Todos empezaron abrazarse y a reírse mostrando la felicidad que sentían ante tremendo noticia, incluso Rosalie y Emmett se dieron un beso dejando en evidencia su relación ante el reino, sus hermanos y yo les mirábamos asombrados, sus padres estaban sorprendidos ante tal escena, aunque lo aceptaron sin problema porque les sonrieron y les felicitaron también.
No quedaba nada para la boda apenas tres días y todo iba genial, los preparativos estaban todos listos, el reino entero estaba decorado para la gran ceremonia, Alice y todas las hadas se habían encargado de ello, dejándolo con un toque totalmente mágico; los invitados que iban llegando se quedaban impresionados por lo bien que estaba todo preparado y decorado, y mis nervios cada vez salían mas a flor de piel, esperando unirme por fin con mi gran amado.
Ya llego el gran día, Alice, Nessi y Rosalie se encontraban conmigo en el cuarto preparándome con el vestido y el peinado para que todo estuviese perfecto, Nessi y Rosalie se lo tomaban con tantas ganas porque seguramente temerían Alice, sonreí antes esa idea, no podía contener mis nervios y todo mi cuerpo temblaba sin poder parar. Las chicas me avisaron de que ya era la hora de que la novia se preparara y entrara hacia el altar, me coloque agarrada del brazo de Charles y empezamos a caminar hacia el altar donde Edward me esperaba con su inmensa y preciosa sonrisa, la gente sonreía y hablaba de lo bonito que era mi vestido, creo que me centre en eso para poder tranquilizarme algo; llegamos al altar donde Charles me dejo al lado de Edward, que me agarro la mano dulcemente dándome todo su apoyo y energía. La ceremonia empezó, Edward dijo ese gran si que resonó en mi con toda su energía y fuerza y el mío sonó claro y sin duda, nada mas convertirnos en marido y mujer nuestra bonita ceremonia se vio frustrada, por un grito de un criado.
-El Reino Violeta esta ardiendo en llamas, me acaban de informar, apenas queda nada del reino-dijo gritando y cada vez mas asustado, mis padres se miraron alarmados y asustados, decidieron prepararse y salir hacia el reino, Carlisle, Emmett y Jasper acompañarían a nuestros padres mientras que mi hermana y yo nos quedábamos aquí en el Reino Linzzer esperándoles junto a Edward.
Nada mas irse subí a mi cuarto, a cambiarme de ropa, sabia que estaría tranquila porque Anthony se encontraba con Esme, me puse un vestido algo mas cómodo, pero sentí que alguien me tapaba por detrás y se me cerraban los ojos…
Desperté y no sabía dónde estaba. Lo último que recordaba era que estaba en mi cuarto y me había cambiado de ropa, un poco alterada por la noticia del incendio. Miré a mi alrededor, y vi con horror que me encontraba en una minúscula habitación, sin ventanas, sólo con una cama y un lavabo. Fui hacia la puerta, y comencé a golpearla con fuerza, gritando. Lo único que quería era salir de allí y volver con mi familia...
Oí un ruido de llaves. Alguien se acercaba. Así que volví a golpear la puerta con más fuerza, para llamar la atención de quien quiera que viniese. Volví a oír el ruido de las llaves, pero esta vez, en la cerradura de la habitación, así que me hice para atrás, a la espera de ver quien estaba al otro lado. Cuando se abrió la puerta, entró un hombre, rubio, alto, y con cara de pocos amigos.
-¿Quién eres? -le pregunté, con cierto rastro de temor en mi voz.
-Vaya, vaya... así que por fin despertaste, cuñadita -dijo él. ¿Cuñadita? ¿De qué estaba hablando? Al ver mi cara de desconcierto, comenzó a reír y se acercó a mí. - No sabes quien soy, ¿verdad? Soy el hermano de Mike – mi cara cambió de color al oír aquello. Había oído hablar de Alec, el hermano de Mike que estudiaba en el extranjero, pero que por una disputa familiar nunca había vuelto a casa junto a sus padres – veo que has oído hablar de mí – volvió a reír y siguió acercándose, mientras que por mi parte, caminaba hacia atrás, intentando poner la mayor distancia posible entre los dos. Cuando topé con la pared, me quede pegada a ella, mientras con horror veía como se puso frente a mí. Cogió mi mano con suavidad y se la acercó a sus labios, dejando un leve beso en ella.
-¿Qué es lo que quieres? -atiné a preguntar, aunque se me entrecortaba la voz a causa del miedo.
-Quiero recuperar a la familia, y tú eres parte de ella, Jane -acercó su rostro al mío, provocando que comenzara a temblar involuntariamente – me enviaron una carta mis padres, notificándome de la muerte de mi hermano y tu repentina desaparición. Cuál no sería mi sorpresa al volver y encontrarme con que te habías casado con el traidor que mató a Mike. ¿Cómo pudiste? - la olor de su aliento tan cerca de mi cara me provocaba nauseas, y estaba haciendo todo lo posible por no vomitarle encima. No me atrevía a moverme por miedo a su reacción.
-Yo... yo no soy Jane. Nunca he sido Jane. - me miró, sorprendido, pero se quedó callado, esperando que continuase – mi nombre es Bella Swan, princesa del reino Linzzer, y mi marido, Edward, vendrá a por mí antes de lo que imaginas -cuando dije todo esto, me quedé muda, pensando si no habría hablado de más, y de donde habría sacado el valor suficiente para hacerlo.
-¿Con que... Edward? -dijo Alec- no creo que te encuentre ricura, ni siquiera sabes donde estamos... ¿cómo podría localizarte? - una sonrisa invadió su cara, al ver mi expresión abatida. Tenía razón, no podría encontrarme, porque ni yo misma sabía donde estaba...- te quedarás conmigo, porque es tu deber. Te convertirás en mi esposa, y ambos reinaremos Alatar y Newton juntos... - se acercó con intención de besarme, pero aparté el rostro y comencé a llorar. El bufó y sin decir nada más, se apartó de mí. Se dirigió a la puerta y salió, cerrando de nuevo con llave, dejándome sola de nuevo en aquel zulo. Caí de rodillas, mientras las lágrimas caían por mi rostro. Lo único que podía pensar era en Edward, en Anthony, en mi pequeña familia...
Edward
Bella tardaba mucho en cambiarse de ropa, así que subí para ver como se encontraba. Pensé que a lo mejor se encontraba mareada, debido a su estado. No me gustaba dejarla mucho tiempo sola por si algo le sucedía. Toqué a la puerta de la habitación, pero nadie contestó. Intenté abrir, pero estaba cerrada con llave. Al final, pateé la puerta hasta que la abrí a la fuerza, y cuando entré, no había nadie allí. Comencé a gritar su nombre, buscándola por todas partes: en la propia habitación, en el baño, en el vestidor... nada, se había ido y no había dejado ningún rastro. Entonces, vi una nota en el espejo del tocador. Corrí hacia él, y la cogí. Sentí como todo mi mundo se venía abajo.
“Nunca ha sido tuya, así que no puedes lamentar perder algo que nunca has tenido.
Newton.”
Grité de dolor. Se habían llevado a Bella. Pero me extrañaba la firma en la carta. No podía ser él, yo le había matado, de eso estaba seguro. Miré la nota, una y otra vez, intentando encontrar alguna pista sobre el paradero de mi amada. De pronto irrumpió Ángela en la habitación.
-Edward, ¿qué pasa? -no podía ni hablar, así que solo le tendí la nota, esperando que entendiera. Después de leerla varias veces, tal y como hice yo, me miró sorprendida y me abrazó, para consolarme. No le devolví el abrazo, tenso como estaba, mientras en mi cabeza no dejaba de pensar una y otra vez en como encontrarla y traerla de nuevo a mi lado. Finalmente Ángela se separó de mí y me miró directamente a los ojos.
-¿Qué hombres quedan aquí, que no se hayan ido al reino Violeta a sofocar el incendio? -le pregunté, decidido a salir en su busca, llevándome a algunos soldados por si se presentaban problemas.
-No se exactamente cuantos habrá, pero seguro que unos cuantos. A mis padres no les gusta dejar el reino descuidado cuando ellos no se encuentran en él.
-Bien. Llévame junto a ellos. Necesitaré ayuda para traer a tu hermana de vuelta. - cogí su mano y ella me guió hasta fuera del castillo, y nos dirigimos a una gran casa de piedra. Entramos y allí había alrededor de 20 hombres.
-Escuchadme -dije con voz fuerte. No podía dejarme ver débil, necesitaba ser fuerte para salvar a mi Bella- han secuestrado a la princesa Bella. Necesito que algunos de vosotros me acompañéis a rescatarla y traerla de nuevo a su hogar. No os necesitaré a todos, por lo que algunos de vosotros os quedareis aquí, para vigilar el reino, y a la princesa Ángela, para que nada malo ocurra en nuestra ausencia. ¿Algún voluntario? - todos levantaron la mano, lo cual me emocionó. Todos estaban dispuesto a salir en busca de su princesa. - A ver, creo que con la mitad de vosotros será suficiente. Decidid quien viene y quien se queda, y prepararos para el viaje. Partiremos mañana al amanecer.
Salí de allí junto a Ángela de nuevo, para volver a palacio y prepararme también todo lo necesario para mi partida. Llevaría todo lo que me dio mi madre para la vez anterior que fui a buscarla, y necesitaba comida para varios días. Fui a la cocina, para que nos prepararan todo lo necesario.
Esa noche casi no pude dormir. Contaba cada minuto, cada segundo que faltaba para ir tras mi Bella. Miraba mi brújula una y otra vez, atento a la dirección que marcaba. Sabía que no me fallaría, igual que no me falló la última vez. Encontraría a Bella y la traería de vuelta, de eso estaba seguro. Lucharía y pondría mi vida en esta empresa, porque sin ella, yo no tenía vida. Finalmente me dormí, pensando en lo mucho que la echaba de menos y en nuestra noche de bodas frustrada. Mataría al que la había separado de mí, lo juro, como que me llamo Edward Cullen...
Capítulo 20: LA VERDAD
Me senté en la mesa con el pequeño en mis brazos, viendo como estábamos me recordó a una gran familia y eso hizo que mi cara se iluminara con una gran sonrisa, nunca había tenia una gran familia y menos una que me quisiera como lo hacia la familia de Edward, la voz de Carlisle me saco de mis ensoñaciones.
-Hemos pensando Isabella en avisar a las hadas, duendes y a los reyes del Reino Violeta, tus verdaderos padres-dijo sonriendo-si a ti te parece correcto.
-Claro que si-dije sonriendo-llamarme Bella por favor, Isabella me suena demasiado extraño-dije sin perder la sonrisa-me gustaría que toda la verdad saliese de una vez a la luz, además no les avise antes por el estado de Edward-dije perdiendo parte de la sonrisa por los recuerdos de esos meses tan duros.
-Además de conocer a su hija perdida, conocerán a su precioso nieto, se les caerá la baba, sobre todo a Charles-dijo Esme esbozando una sonrisa dulce.
Carlisle se levanto de la mesa para dar aviso de que mandaran cartas a los reyes del Reino Violeta y al Reino de las Hadas y Duendes, seguíamos comiendo cuando nos dieron el aviso de que mañana estarían todos en el reino, por lo que mis nervios empezaron aparecer, tenia miedo de no ser aceptada por mis padres, después de tanto tiempo; Edward noto mi nerviosismo, quitándome al pequeño Anthony de los brazos y entregándosele de nuevo a Rosalie, para salir él y yo a pasear por el jardín, íbamos agarrados de la mano, como dos adolescentes enamorados, había echado tanto de menos estos momentos a su lado, que se me hacia único este momento así, Edward paro en seco atrayéndome hacia el y depositando un dulce beso en mis labios, mis manos se enroscaron en su cuello, besando con pura pasión, cuando note unos pasos detrás de mi.
-Disculpe majestad- dijo una voz masculina girándome y viendo que era aquel chico que acompañaba a Edward en el claro- que ria saber si le importaría mucho que saliese a cabalgar a caballo con sus hermanos.
-Emmett, llámame Edward por favor-dijo Edward sonriendo- y claro que no me importa, incluso si Bella quiere les podemos acompañar en su paseo durante un rato- dijo girándose hacia mi y mirándome.
-A mi me parece una idea estupenda-dije sonriendo-además desde que llevo en este reino no he salido del castillo por lo del embarazo, pero Anthony- dije con cara de preocupación.
-Mi madre se quedara con el, nadie le tocara en el castillo, además mi madre esta encantada de ser la abuela de ese pequeño ángel-dijo Edward sonriéndome y calmando mi preocupación.
Salimos a cabalgar, íbamos los cinco riéndonos todo el rato, la verdad que Emmett era muy majo, aunque con tanto músculo daba un poco de pudor, pero todo lo que tenia de grande lo tenia de buena persona y un gran corazón, Rosalie no hacia nada mas que mirarle embobada, sabia que sentía algo por él o eso decía su mirada.
Llegamos a un claro, donde nos paramos a descansar, pero Jasper quería volverá casa y nosotros quedarnos un poco mas allí, por lo que Emmett y Edward se marcharon para acompañarle un trozo de camino y no ir solo, aprovechando la ausencia de los chicos, me dispuse hablar con Rosalie.
-Rosalie, ahora que no están los chicos y puedo hablar mas libremente, me gustaría preguntarte una cosa-dije sonriendo.
-Claro Bella, dime-dijo mirándome extrañada.
-¿Te gusta Emmett verdad?-dije sin dejar de mirarla- tu mirada delata tus sentimientos.
-yo…..yo……si la verdad que si, me gusta desde hace tiempo, pero se que mis padres se negarían por nuestra unión, además de que él ni siquiera se a fijado en mi-dijo sonrojándose y con la mirada triste.
-Rosalie, el amor es libre de sentir y se debe de luchar por él, te lo dice la loca que ha vivido demasiadas aventuras por amo- dije sonriendo- por el amor de tu hermano.
Ella se acerco a mí y me abrazo dulcemente, un abrazo como el de una hermana menor, acogedor y calido, justo llegaron los chicos que nos miraron con una sonrisa en la cara y vi como Emmett miraba a Rosalie cariñosamente.
-¿Qué nos hemos perdido en nuestra ausencia?-dijo Edward sonriente sentándose a mi lado.
-Nada cotilla, todo lo quieres saber-dije riéndome.
Estuvimos allí toda la tarde, hasta que notamos como empezaba a oscurecer y decidimos volver al castillo, donde me di un baño, acosté a mi pequeño Anthony y me despedí de todos, incluso de Edward para irme a mi habitación, mañana seria un día importante en mi vida.
No pude dormir apenas nada en toda la noche de los nervios que sentía en mi cuerpo por el día tan importante e intenso que me esperaba, además de que Anthony no dejaba de llorar como si también él estuviese nervioso, me tumbe en la cama con el pequeño en mis brazos acunándole, cuando vi que Edward entraba por al puerta sigilosamente y se sobresaltaba al verme despierta.
-No pensé que estuvieses despierta mi amor-dijo sonriendo-venia a ver a mi hijo y mi amada y proteger sus sueños.
-Mi amor, gracias por amarme tan intensamente-dije mirándole-no podía dormir de los nervios y creo que a Anthony le pasa lo mismo, no ha parado de llorar.
Edward se acerco a la cama, abrazándome suavemente mientras contemplaba a nuestro hijo, estuvimos mucho rato, hasta que me debí de quedar dormida, porque volví abrir los ojos ya era de día y Anthony estaba en su cuna y Edward había desaparecido de mi habitación.
Me levante de al cama dándome un baño relajante y me vestí, intente no vestirme ni con mucha elegancia ni discretamente, me tenían que ver normal,formal,como una princesa, la verdad que nunca me había encontrado con tantos nervios, tenia miedo de su posible rechazo después de tantos años de perdida.
Llegaron a mi habitación avisándome de que los reyes del Reino Violeta y su hija menor ya habían llegado al igual que las hadas y los duendes, deje a Anthony a cargo del servicio, aun no quería bajarlo, entre en la sala del trono temblando del nerviosismo, todo el mundo se giro hacia mi mirándome; vi a los reyes, mis padres me miraban con los ojos llorosos por lo que me supuse que ya les habían dicho el motivo de haberles llamado a este reino, además de que las hadas y duendes no hacían mas que hablar sobre lo ocurrido, sobre quien en realidad era y yo hay andaba en mitad de la multitud totalmente perdida, sin saber que hacer o que decir; Edward vino hacia mi, abrazándome, calmando mis nervios y susurrándome al oído.
-No estés asustada, se tomaron la noticia con alegría y te quieren todavía-dije sin dejar de abrazarme
-Hija, hijita querida-dijo Charles acercándose a mi y abrazándome- te buscamos durante tanto tiempo que nunca pensamos en volver a encontrarte- dijo derramando lagrimas, tras el vino Renny y Ángela, las cuales me abrazaron, aunque Renny con mas ímpetu y llorando.
-Hemos pensando Isabella en avisar a las hadas, duendes y a los reyes del Reino Violeta, tus verdaderos padres-dijo sonriendo-si a ti te parece correcto.
-Claro que si-dije sonriendo-llamarme Bella por favor, Isabella me suena demasiado extraño-dije sin perder la sonrisa-me gustaría que toda la verdad saliese de una vez a la luz, además no les avise antes por el estado de Edward-dije perdiendo parte de la sonrisa por los recuerdos de esos meses tan duros.
-Además de conocer a su hija perdida, conocerán a su precioso nieto, se les caerá la baba, sobre todo a Charles-dijo Esme esbozando una sonrisa dulce.
Carlisle se levanto de la mesa para dar aviso de que mandaran cartas a los reyes del Reino Violeta y al Reino de las Hadas y Duendes, seguíamos comiendo cuando nos dieron el aviso de que mañana estarían todos en el reino, por lo que mis nervios empezaron aparecer, tenia miedo de no ser aceptada por mis padres, después de tanto tiempo; Edward noto mi nerviosismo, quitándome al pequeño Anthony de los brazos y entregándosele de nuevo a Rosalie, para salir él y yo a pasear por el jardín, íbamos agarrados de la mano, como dos adolescentes enamorados, había echado tanto de menos estos momentos a su lado, que se me hacia único este momento así, Edward paro en seco atrayéndome hacia el y depositando un dulce beso en mis labios, mis manos se enroscaron en su cuello, besando con pura pasión, cuando note unos pasos detrás de mi.
-Disculpe majestad- dijo una voz masculina girándome y viendo que era aquel chico que acompañaba a Edward en el claro- que ria saber si le importaría mucho que saliese a cabalgar a caballo con sus hermanos.
-Emmett, llámame Edward por favor-dijo Edward sonriendo- y claro que no me importa, incluso si Bella quiere les podemos acompañar en su paseo durante un rato- dijo girándose hacia mi y mirándome.
-A mi me parece una idea estupenda-dije sonriendo-además desde que llevo en este reino no he salido del castillo por lo del embarazo, pero Anthony- dije con cara de preocupación.
-Mi madre se quedara con el, nadie le tocara en el castillo, además mi madre esta encantada de ser la abuela de ese pequeño ángel-dijo Edward sonriéndome y calmando mi preocupación.
Salimos a cabalgar, íbamos los cinco riéndonos todo el rato, la verdad que Emmett era muy majo, aunque con tanto músculo daba un poco de pudor, pero todo lo que tenia de grande lo tenia de buena persona y un gran corazón, Rosalie no hacia nada mas que mirarle embobada, sabia que sentía algo por él o eso decía su mirada.
Llegamos a un claro, donde nos paramos a descansar, pero Jasper quería volverá casa y nosotros quedarnos un poco mas allí, por lo que Emmett y Edward se marcharon para acompañarle un trozo de camino y no ir solo, aprovechando la ausencia de los chicos, me dispuse hablar con Rosalie.
-Rosalie, ahora que no están los chicos y puedo hablar mas libremente, me gustaría preguntarte una cosa-dije sonriendo.
-Claro Bella, dime-dijo mirándome extrañada.
-¿Te gusta Emmett verdad?-dije sin dejar de mirarla- tu mirada delata tus sentimientos.
-yo…..yo……si la verdad que si, me gusta desde hace tiempo, pero se que mis padres se negarían por nuestra unión, además de que él ni siquiera se a fijado en mi-dijo sonrojándose y con la mirada triste.
-Rosalie, el amor es libre de sentir y se debe de luchar por él, te lo dice la loca que ha vivido demasiadas aventuras por amo- dije sonriendo- por el amor de tu hermano.
Ella se acerco a mí y me abrazo dulcemente, un abrazo como el de una hermana menor, acogedor y calido, justo llegaron los chicos que nos miraron con una sonrisa en la cara y vi como Emmett miraba a Rosalie cariñosamente.
-¿Qué nos hemos perdido en nuestra ausencia?-dijo Edward sonriente sentándose a mi lado.
-Nada cotilla, todo lo quieres saber-dije riéndome.
Estuvimos allí toda la tarde, hasta que notamos como empezaba a oscurecer y decidimos volver al castillo, donde me di un baño, acosté a mi pequeño Anthony y me despedí de todos, incluso de Edward para irme a mi habitación, mañana seria un día importante en mi vida.
No pude dormir apenas nada en toda la noche de los nervios que sentía en mi cuerpo por el día tan importante e intenso que me esperaba, además de que Anthony no dejaba de llorar como si también él estuviese nervioso, me tumbe en la cama con el pequeño en mis brazos acunándole, cuando vi que Edward entraba por al puerta sigilosamente y se sobresaltaba al verme despierta.
-No pensé que estuvieses despierta mi amor-dijo sonriendo-venia a ver a mi hijo y mi amada y proteger sus sueños.
-Mi amor, gracias por amarme tan intensamente-dije mirándole-no podía dormir de los nervios y creo que a Anthony le pasa lo mismo, no ha parado de llorar.
Edward se acerco a la cama, abrazándome suavemente mientras contemplaba a nuestro hijo, estuvimos mucho rato, hasta que me debí de quedar dormida, porque volví abrir los ojos ya era de día y Anthony estaba en su cuna y Edward había desaparecido de mi habitación.
Me levante de al cama dándome un baño relajante y me vestí, intente no vestirme ni con mucha elegancia ni discretamente, me tenían que ver normal,formal,como una princesa, la verdad que nunca me había encontrado con tantos nervios, tenia miedo de su posible rechazo después de tantos años de perdida.
Llegaron a mi habitación avisándome de que los reyes del Reino Violeta y su hija menor ya habían llegado al igual que las hadas y los duendes, deje a Anthony a cargo del servicio, aun no quería bajarlo, entre en la sala del trono temblando del nerviosismo, todo el mundo se giro hacia mi mirándome; vi a los reyes, mis padres me miraban con los ojos llorosos por lo que me supuse que ya les habían dicho el motivo de haberles llamado a este reino, además de que las hadas y duendes no hacían mas que hablar sobre lo ocurrido, sobre quien en realidad era y yo hay andaba en mitad de la multitud totalmente perdida, sin saber que hacer o que decir; Edward vino hacia mi, abrazándome, calmando mis nervios y susurrándome al oído.
-No estés asustada, se tomaron la noticia con alegría y te quieren todavía-dije sin dejar de abrazarme
-Hija, hijita querida-dijo Charles acercándose a mi y abrazándome- te buscamos durante tanto tiempo que nunca pensamos en volver a encontrarte- dijo derramando lagrimas, tras el vino Renny y Ángela, las cuales me abrazaron, aunque Renny con mas ímpetu y llorando.
6 may 2010
Capítulo 19: RENACER
Los días pasaban lentamente en el castillo. Andaba de un lado a otro, sin vida, sin dejar de pensar en las palabras que Edward me había dicho. Él no me recordaba, no sabía nada sobre mí, y menos aún de nuestro hijo. Todo lo que habíamos pasado, todo lo que habíamos vivido juntos, para él, no existía.
Cansada de deambular sin rumbo, fui de nuevo a mi habitación. Quería irme de allí, escapar a cualquier lugar donde mis recuerdos no me encontrasen, pero Esme no me lo permitió. Me dijo que era su invitada, que me quedara allí ya que dado mi estado y que me estaban buscando, era peligroso salir de palacio. Pero yo ya no tenía nada que hacer allí.
Todos los días pasaba a ver a Edward. Intentaba aprovechar sus horas de sueño para visitarle, y así poder tocarle, hablarle y cogerle la mano, como si nada hubiera pasado. Cuando él despertaba y me veía a su lado, su mirada de incertidumbre, de confusión, hacía que mi corazón se desgarrase lentamente. Así que normalmente iba de noche, me sentaba a su lado, cogía su mano y vigilaba sus sueños. Algunas veces se removía inquieto, pero otras, permanecía sereno y tranquilo toda la noche. Se me hacia sumamente doloroso permanecer ahí, con él, pero pensándolo seriamente, tanto con la cabeza como con el corazón… no quería irme a ningún otro lugar donde no estuviera él a mi lado. Tenía la esperanza de que recuperase la memoria, sorprendiéndome, como siempre hacia, me dijese todas las cosas hermosas que siempre me había dicho, y me recitase mis versos favoritos al oído…
Cuando comenzó a amanecer, vi que Edward se removió suavemente entre las sábanas. Eso sólo significaba que estaba a punto de despertar… así que me levante, como hacia todas las mañanas, para volver de nuevo a la habitación donde dormía. Con mucho cuidado me incliné, y deposité un suave beso en su frente, lo que provocó que terminara de despertar. Me miró, sus ojos muy abiertos, por la sorpresa de verme en esa posición. Me sonrojé tenuemente, aunque no creo que él llegara a percatarse, ya que rápidamente, pero con suavidad, me giré y salí de su habitación. Me hacia tanto daño mirar sus ojos…
Edward
Desperté cuando sentí una suave caricia en mi frente. No hacia falta abrir mis ojos para saber quien era, ya que su olor a fresas me inundó por completo. Sabía que era ella, la chica misteriosa de ojos verdes, pero necesitaba verla de nuevo. Abrí mis ojos de golpe, y la miré. Quedamos conectados unos segundos con la mirada, provocando que ella se sonrojara levemente, pero antes de poder decirle nada, ella se marchó, como hacia siempre. Quise gritarle que esperara, pero antes de darme cuenta, ella ya no estaba en mi cuarto. Intenté ponerme de pie para seguirla, pero la herida de mi costado me tiraba mucho, por lo que acabé de nuevo acostado en la cama, resoplando y recorriéndome un sudor frío por todo el cuerpo debido al dolor. Me quedé tumbado hasta que mi respiración volvió a normalizarse, mirando en dirección al techo, mientras me esforzaba en recordar… Quería saber quien era ella, sabía que había sido alguien importante en mi vida, algo dentro de mí me lo decía, sobre todo la forma en que mi piel reaccionaba en contacto con la suya, esa chispa eléctrica que conseguí alterar hasta la última neurona de mi cuerpo…
El sonido de alguien abriendo la puerta de mi cuarto me sobresaltó. Giré para ver quien había entrado, encontrándome con el doctor, que venía a hacer su revisión diaria. Me quitó los vendajes, el del costado y el de la cabeza, revisó mis heridas, me echó un ungüento para que sanara antes y volvió a vendarlo todo, para que no corriese riesgo de infección. Todavía me dolía bastante y el contacto de su piel en mis heridas provocaba que se me escapasen gemidos debido al dolor. Él me miraba, con ojos de disculpa, pero seguía impasible en su trabajo.
Cuando terminó, se fue, sin decirme una sola palabra, y acto seguido, entró mi madre a la habitación. Buscó algo con la mirada, pero no debió encontrar lo que esperaba, porque la sonrisa que llevaba en su rostro perdió luminosidad. Así que sólo se me acercó, se sentó a mi lado en la cama y me arrulló en sus brazos. Empezó a tararear algunas canciones de cuna y yo notaba como mis ojos se cerraban lentamente. “Todo tiene que salir bien” fue lo último que la escuché decir, antes de perder la conciencia y perderme en el mundo de los sueños.
Bella
Los días pasaban lentamente, simulando semanas. Ya había perdido la cuenta de cuanto llevaba en el castillo, pero mi barriga empezaba a sobresalir, impidiendo ocultar por más tiempo mi estado. Ya ni tan siquiera visitaba a Edward, porque no quería que él me viese así.
Había perdido peso, lo que a Esme la preocupaba mucho, insistiéndome en que comiese más, por mí y por el bebé, pero la comida se me hacia insípida en la boca. Nada tenía sabor, nada me motivaba, nada me hacia sonreír. Había perdido la razón de mi existencia, él no sabía quien era yo, y ya nada tenía sentido. Intentaba sobrevivir, y aunque amaba a mi pequeño, que crecía lentamente en mí, no tenía fuerzas para salir adelante.
Pasaba el día en la cama, tumbada, mirando por la ventana, recordando los momentos que pasé junto a Edward: la primera vez que nos vimos, las veces que nos escapábamos para vernos en el bosque, nuestra noche en el claro… las lágrimas caían, sin control, por mi rostro y no podía evitar sentirme tan desgraciada. No dejaba de preguntarme una y otra vez si yo no merecía ser feliz. Mi vida no había sido agradable, mi infancia, desdichada, y mi adolescencia, demasiado controlada. Cuando encuentro al amor de mi vida, descubro que somos enemigos. Cuando por fin nos decidimos a estar juntos, me entero de mi procedencia, y por mi testarudez huí de su lado, lo que provocó la noche con Mike… más lágrimas vinieron a mi rostro al recordar aquella noche. Ahora, por último, para colmo de males, estaba embarazada de él, sí, de mi Edward, pero él no sabía nada sobre mí. No sabía que iba a ser padre, y que este bebé fue fruto del amor más hermoso que pudo sentir jamás una pareja anteriormente. Si tan sólo las cosas hubieran sido un poco diferentes…
Seguí llorando un rato más, hasta que ya no quedaban más lágrimas en mi interior y conseguí calmarme. Volví a mirar por la ventana, hasta que mis párpados poco a poco comenzaron a cerrarse y me dormí, en un sueño intranquilo y poco reparador, como había sido cada noche desde que él me había abandonado…
Me levante de la cama notando un dolor muy fuerte en mi vientre, unos pinchazos desgarradores; la perdida de memoria de Edward me había tenido muy nerviosa, ni siquiera había querido llamar a las hadas y duendes e ir al Reino Violeta a contar la verdad sobre mi identidad. Carlisle y Esme me habían permitido quedarme durante estos últimos siete meses en el reino, con Edward sin memoria y yo con mi embarazo tan avanzado no habían querido avisar a los reyes del Reino Violeta.
Avise a Esme de los dolores y pinchazos y ella aviso de urgencia al medico, nada mas llegar el doctor note como se me humedecían las piernas, rompiendo aguas; me llevaron en brazos hasta mi dormitorio, donde comenzó el parto, notaba cada vez mas dolores y como me iba quedando sin fuerzas, solo empujando para traer a mi pequeño al mundo, cuando oí su primer llanto, mis ojos se fueron cerrando, notando como mi cuerpo sin vida, y oí una voz familiar llamándome, mi ángel.
Edward
Entre en aquella habitación de la que venia el llanto de un niño y las voces del doctor, cuando la vi en la cama tendida y agarre su mano, cerrando los ojos e intentando darla fuerzas, cuando empezaron a pasar imágenes por mi mente; la primera vez que la vi en aquel claro apoyada en el árbol recitando Romeo y Julieta, cuando intentamos fugarnos y huyo, cuando la encontré en el Reino Granadine y volvimos aquí, mi lucha con Mike y la muerte de él con mi herida en el dorsal y la cabeza.¿Como podía haber olvidado a mi amada, mí Julieta?
Agarre fuerte su mano, dándole todos los ánimos que podían transmitirle; habían sacado a mi pequeño de la habitación, ni siquiera había visto su cara. Ahora mismo solo me importaba la vida de mi amada, tenia que luchar por su vida con todas las fuerzas que la quedaban.
-Isabella mi amor-dije entre lagrimas-vive, por favor.
Bella
Empecé a notar como mi cuerpo recuperaba fuerzas poco a poco, oía la voz de Edward, suplicándome que luchara por mi vida, se acordaba de mi, eso hizo que sacara fuerzas para luchar por mi vida, para poder estar con él y mi pequeño bebe, abrí los ojos lentamente; buscando con la mirada a Edward, se encontraba a mi lado.
-Edward,¿y nuestro pequeño? quiero verle- dije con voz temblorosa y sin fuerzas.
-Mi amor le sacaron de la habitación, casi te perdemos, nos distes un susto enorme- dijo sin soltarme la mano.
-Quiero ver a mi pequeño Anthony, por favor-dije con tono suplicante.
-¿Anthony? ¿Se llamara así?- dijo esbozando una sonrisa en su cara.
-Si, me entere que es tu segundo nombre y pensé que era una bonita manera de demostrarte que te amo mas que a nada, ya nació nuestro pequeño-dije alegremente y vi como Edward salía de la habitación y volvía a entrar con nuestro pequeño en sus brazos; acercándose a la cama y poniéndomele en los brazos, se le veía tan hermoso dormido, se parecía mucho a su padre.
-Es hermoso-se me empezaron a caer lagrimas de la emoción de tener a mi pequeño en brazos- se parece muchísimo a ti.
-Me han dicho que tiene tus ojos verdes-dijo Edward sonriendo-esos ojos que me cautivaron.
Me quito el niño de los brazos y al instante caí dormida dejándome descansar; estuve una semana en cama por órdenes del doctor, para recuperarme cuanto antes.
Le levante de la cama, no aguantaba mas allí, baje al gran salón, allí se encontraban todos Esme, Carlisle, Jasper, Edward y Rosalie que tenia a mi pequeño en sus brazos.
-Buenas tardes a todos, espero no llegar tarde para comer, me encuentro con bastante hambre-dije sonriendo-
-Isabella,claro que llegas a tiempo, justo nos iban a servir la comida ahora mismo, pediré que coloquen un cubierto mas-dijo Esme con amabilidad sonriendo- nos alegramos tenerte de vuelta, tanto Edward como el pequeño te echaron de menos.
Cansada de deambular sin rumbo, fui de nuevo a mi habitación. Quería irme de allí, escapar a cualquier lugar donde mis recuerdos no me encontrasen, pero Esme no me lo permitió. Me dijo que era su invitada, que me quedara allí ya que dado mi estado y que me estaban buscando, era peligroso salir de palacio. Pero yo ya no tenía nada que hacer allí.
Todos los días pasaba a ver a Edward. Intentaba aprovechar sus horas de sueño para visitarle, y así poder tocarle, hablarle y cogerle la mano, como si nada hubiera pasado. Cuando él despertaba y me veía a su lado, su mirada de incertidumbre, de confusión, hacía que mi corazón se desgarrase lentamente. Así que normalmente iba de noche, me sentaba a su lado, cogía su mano y vigilaba sus sueños. Algunas veces se removía inquieto, pero otras, permanecía sereno y tranquilo toda la noche. Se me hacia sumamente doloroso permanecer ahí, con él, pero pensándolo seriamente, tanto con la cabeza como con el corazón… no quería irme a ningún otro lugar donde no estuviera él a mi lado. Tenía la esperanza de que recuperase la memoria, sorprendiéndome, como siempre hacia, me dijese todas las cosas hermosas que siempre me había dicho, y me recitase mis versos favoritos al oído…
Cuando comenzó a amanecer, vi que Edward se removió suavemente entre las sábanas. Eso sólo significaba que estaba a punto de despertar… así que me levante, como hacia todas las mañanas, para volver de nuevo a la habitación donde dormía. Con mucho cuidado me incliné, y deposité un suave beso en su frente, lo que provocó que terminara de despertar. Me miró, sus ojos muy abiertos, por la sorpresa de verme en esa posición. Me sonrojé tenuemente, aunque no creo que él llegara a percatarse, ya que rápidamente, pero con suavidad, me giré y salí de su habitación. Me hacia tanto daño mirar sus ojos…
Edward
Desperté cuando sentí una suave caricia en mi frente. No hacia falta abrir mis ojos para saber quien era, ya que su olor a fresas me inundó por completo. Sabía que era ella, la chica misteriosa de ojos verdes, pero necesitaba verla de nuevo. Abrí mis ojos de golpe, y la miré. Quedamos conectados unos segundos con la mirada, provocando que ella se sonrojara levemente, pero antes de poder decirle nada, ella se marchó, como hacia siempre. Quise gritarle que esperara, pero antes de darme cuenta, ella ya no estaba en mi cuarto. Intenté ponerme de pie para seguirla, pero la herida de mi costado me tiraba mucho, por lo que acabé de nuevo acostado en la cama, resoplando y recorriéndome un sudor frío por todo el cuerpo debido al dolor. Me quedé tumbado hasta que mi respiración volvió a normalizarse, mirando en dirección al techo, mientras me esforzaba en recordar… Quería saber quien era ella, sabía que había sido alguien importante en mi vida, algo dentro de mí me lo decía, sobre todo la forma en que mi piel reaccionaba en contacto con la suya, esa chispa eléctrica que conseguí alterar hasta la última neurona de mi cuerpo…
El sonido de alguien abriendo la puerta de mi cuarto me sobresaltó. Giré para ver quien había entrado, encontrándome con el doctor, que venía a hacer su revisión diaria. Me quitó los vendajes, el del costado y el de la cabeza, revisó mis heridas, me echó un ungüento para que sanara antes y volvió a vendarlo todo, para que no corriese riesgo de infección. Todavía me dolía bastante y el contacto de su piel en mis heridas provocaba que se me escapasen gemidos debido al dolor. Él me miraba, con ojos de disculpa, pero seguía impasible en su trabajo.
Cuando terminó, se fue, sin decirme una sola palabra, y acto seguido, entró mi madre a la habitación. Buscó algo con la mirada, pero no debió encontrar lo que esperaba, porque la sonrisa que llevaba en su rostro perdió luminosidad. Así que sólo se me acercó, se sentó a mi lado en la cama y me arrulló en sus brazos. Empezó a tararear algunas canciones de cuna y yo notaba como mis ojos se cerraban lentamente. “Todo tiene que salir bien” fue lo último que la escuché decir, antes de perder la conciencia y perderme en el mundo de los sueños.
Bella
Los días pasaban lentamente, simulando semanas. Ya había perdido la cuenta de cuanto llevaba en el castillo, pero mi barriga empezaba a sobresalir, impidiendo ocultar por más tiempo mi estado. Ya ni tan siquiera visitaba a Edward, porque no quería que él me viese así.
Había perdido peso, lo que a Esme la preocupaba mucho, insistiéndome en que comiese más, por mí y por el bebé, pero la comida se me hacia insípida en la boca. Nada tenía sabor, nada me motivaba, nada me hacia sonreír. Había perdido la razón de mi existencia, él no sabía quien era yo, y ya nada tenía sentido. Intentaba sobrevivir, y aunque amaba a mi pequeño, que crecía lentamente en mí, no tenía fuerzas para salir adelante.
Pasaba el día en la cama, tumbada, mirando por la ventana, recordando los momentos que pasé junto a Edward: la primera vez que nos vimos, las veces que nos escapábamos para vernos en el bosque, nuestra noche en el claro… las lágrimas caían, sin control, por mi rostro y no podía evitar sentirme tan desgraciada. No dejaba de preguntarme una y otra vez si yo no merecía ser feliz. Mi vida no había sido agradable, mi infancia, desdichada, y mi adolescencia, demasiado controlada. Cuando encuentro al amor de mi vida, descubro que somos enemigos. Cuando por fin nos decidimos a estar juntos, me entero de mi procedencia, y por mi testarudez huí de su lado, lo que provocó la noche con Mike… más lágrimas vinieron a mi rostro al recordar aquella noche. Ahora, por último, para colmo de males, estaba embarazada de él, sí, de mi Edward, pero él no sabía nada sobre mí. No sabía que iba a ser padre, y que este bebé fue fruto del amor más hermoso que pudo sentir jamás una pareja anteriormente. Si tan sólo las cosas hubieran sido un poco diferentes…
Seguí llorando un rato más, hasta que ya no quedaban más lágrimas en mi interior y conseguí calmarme. Volví a mirar por la ventana, hasta que mis párpados poco a poco comenzaron a cerrarse y me dormí, en un sueño intranquilo y poco reparador, como había sido cada noche desde que él me había abandonado…
Me levante de la cama notando un dolor muy fuerte en mi vientre, unos pinchazos desgarradores; la perdida de memoria de Edward me había tenido muy nerviosa, ni siquiera había querido llamar a las hadas y duendes e ir al Reino Violeta a contar la verdad sobre mi identidad. Carlisle y Esme me habían permitido quedarme durante estos últimos siete meses en el reino, con Edward sin memoria y yo con mi embarazo tan avanzado no habían querido avisar a los reyes del Reino Violeta.
Avise a Esme de los dolores y pinchazos y ella aviso de urgencia al medico, nada mas llegar el doctor note como se me humedecían las piernas, rompiendo aguas; me llevaron en brazos hasta mi dormitorio, donde comenzó el parto, notaba cada vez mas dolores y como me iba quedando sin fuerzas, solo empujando para traer a mi pequeño al mundo, cuando oí su primer llanto, mis ojos se fueron cerrando, notando como mi cuerpo sin vida, y oí una voz familiar llamándome, mi ángel.
Edward
Entre en aquella habitación de la que venia el llanto de un niño y las voces del doctor, cuando la vi en la cama tendida y agarre su mano, cerrando los ojos e intentando darla fuerzas, cuando empezaron a pasar imágenes por mi mente; la primera vez que la vi en aquel claro apoyada en el árbol recitando Romeo y Julieta, cuando intentamos fugarnos y huyo, cuando la encontré en el Reino Granadine y volvimos aquí, mi lucha con Mike y la muerte de él con mi herida en el dorsal y la cabeza.¿Como podía haber olvidado a mi amada, mí Julieta?
Agarre fuerte su mano, dándole todos los ánimos que podían transmitirle; habían sacado a mi pequeño de la habitación, ni siquiera había visto su cara. Ahora mismo solo me importaba la vida de mi amada, tenia que luchar por su vida con todas las fuerzas que la quedaban.
-Isabella mi amor-dije entre lagrimas-vive, por favor.
Bella
Empecé a notar como mi cuerpo recuperaba fuerzas poco a poco, oía la voz de Edward, suplicándome que luchara por mi vida, se acordaba de mi, eso hizo que sacara fuerzas para luchar por mi vida, para poder estar con él y mi pequeño bebe, abrí los ojos lentamente; buscando con la mirada a Edward, se encontraba a mi lado.
-Edward,¿y nuestro pequeño? quiero verle- dije con voz temblorosa y sin fuerzas.
-Mi amor le sacaron de la habitación, casi te perdemos, nos distes un susto enorme- dijo sin soltarme la mano.
-Quiero ver a mi pequeño Anthony, por favor-dije con tono suplicante.
-¿Anthony? ¿Se llamara así?- dijo esbozando una sonrisa en su cara.
-Si, me entere que es tu segundo nombre y pensé que era una bonita manera de demostrarte que te amo mas que a nada, ya nació nuestro pequeño-dije alegremente y vi como Edward salía de la habitación y volvía a entrar con nuestro pequeño en sus brazos; acercándose a la cama y poniéndomele en los brazos, se le veía tan hermoso dormido, se parecía mucho a su padre.
-Es hermoso-se me empezaron a caer lagrimas de la emoción de tener a mi pequeño en brazos- se parece muchísimo a ti.
-Me han dicho que tiene tus ojos verdes-dijo Edward sonriendo-esos ojos que me cautivaron.
Me quito el niño de los brazos y al instante caí dormida dejándome descansar; estuve una semana en cama por órdenes del doctor, para recuperarme cuanto antes.
Le levante de la cama, no aguantaba mas allí, baje al gran salón, allí se encontraban todos Esme, Carlisle, Jasper, Edward y Rosalie que tenia a mi pequeño en sus brazos.
-Buenas tardes a todos, espero no llegar tarde para comer, me encuentro con bastante hambre-dije sonriendo-
-Isabella,claro que llegas a tiempo, justo nos iban a servir la comida ahora mismo, pediré que coloquen un cubierto mas-dijo Esme con amabilidad sonriendo- nos alegramos tenerte de vuelta, tanto Edward como el pequeño te echaron de menos.
2 may 2010
Capítulo 18: DESCONOCIDA
Vivíamos en distintos cuartos, pero nuestros cuarto es estaban al lado, casi todas las noches ella venia a mi cuarto para poder descansar juntos, mis sueños eran tan alegres, tan emocionantes…viviendo juntos nuestro amor Isabella y yo, ella el tema de su nombre no había dicho nada, por lo que no di mayor importancia, habíamos hablado de viajar hacia mi reino, donde la daría cobijo, aunque mi padre se enfadara y me desterrara, algo tendría que pensar.
Al día siguiente recogimos las pocas cosas que teníamos y nos pusimos en marcha, marchándonos de aquel reino el cual nos había dado cobijo durante nuestra estancia en él, nos dirigíamos a mi reino, donde prometí a mi madre volver, estábamos en las profundidades del bosque cuando él y su caballo nos impidieron el paso, solo estaba él sin su guardia, algo extraño, pero mas fácil de esquivar para poder seguir mi camino con mi amada.
-¿A donde creéis que vais? no dejare que te lleves a mi esposa contigo a ningún lado, maldita sea, ella es mía, ella me pertenece-dijo enfurecido Mike.
-Te equivocas Mike, ella no es de nadie, no es un trofeo el cual ganar, ella es un ángel y no se merecía el trato sucio que la distes-dije mirándole furiosamente- hacerla tuya a la fuerza, eso es de ser un cobarde.
-No te atrevas a insultarme, porque acabare con tu vida, devuélveme a Jane, como esposo tengo derecho de reclamar lo que es mío-puso su caballo al lado del mío, ofreciendo la mano a Isabella, la agarre de la cintura, para no dejarla ir, si hacia falta lucharía, moriría, pero ella con Mike no volvería.
-No vuelvo avisarte, déjala que vuelva conmigo o tendremos que pelear-dijo Mike sin dejar de ofrecer la mano a Isabella.
-Edward he de irme con él, no podré soportar la idea de que resultes herido o incluso mueras por mi-dijo Isabella mirándome con los ojos vidriosos.
-No, Isabella no lo hagas, no cometas esa estupidez, hazlo por ese bebe que esperas-dije llorando.
-¿Bebe? ¿Un hijo nuestro mi querida Jane?-dijo Mike sonriendo-me haces el mas dichoso.
Mire a Mike con furia y rabia, tenia el valor de creerse que ese bebe había sido engendrado al hacer suya a la fuerza a mi amada, a mi precioso ángel, ese bastardo debía de morir, no podía permitir que ella volviese junto a el y que la volviera hacer eso o algo peor, saque mi espada apuntándole.
-Entonces deseas luchar por ella-dijo Mike riéndose estrepitosamente- deseas luchar para ver quien se lleva el gran trofeo.
-No, quiero luchar para matarte y que no puedas volverla a tocar-me baje del caballo, dejando encima a Isabella- vete lejos con el caballo, cabalga todo lo rápido que puedas.
Mike se bajo de su caballo atándole a un árbol y saco su espada, amenazante, vi como Isabella me miraba encima del caballo y se alejaba con lagrimas en los ojos, yo me acerque a Mike dando a entender que la lucha debía de empezar, movió su espada rápido intentando cortarme en mi pecho, pero conseguí parar el golpe con mi espada, haciéndole un corte en el brazo, la lucha se hacia intensa, dolida, llevábamos un rato y clave mi espada en el estomago de Mike, pero antes de caer muerto me clavo la espada en mi dorsal, profanando un grito desgarrador y cayendo al claro dándome un fuerte golpe en la cabeza contra una piedra
Bella
Seguía cabalgando cuando oí un grito, su grito, era mi romeo, di media vuelta y me dirigí de nuevo aquel claro, donde los vi a los dos en el suelo, me baje del caballo acercándome corriendo a Edward y tomándole el pulso, todavía seguía vivo, pero su pulso débil, debió llevarle rápido a su reino o moriría, sabia que no estábamos lejos, pero era muy arriesgado, le subí al caballo casi sin entender de donde saque la fuerza para hacerlo y me aleje de aquel sitio todo lo rápido que podía, anocheció y apenas se veía nada, pero no podía o Edward moriría, esa simple idea me atemorizaba, salimos de un bosque profundo cuando vi el reino a los lejos, eso hizo que me animara y siguiera luchando por llegar con las pocas fuerzas que me quedaban.
Entramos en el reino llegando al castillo donde entre corriendo y llorando, chillaba dando el aviso de que traía a su príncipe herido de gravedad, salio un hombre rubio alto y una señora de cabellos castaños, muy joven, supuse que eran sus padres, por sus vestimentas.
-¿Qué le sucedió a mi hijo?-dijo el hombre acercándose y cogiendo a Edward en brazos ¿Y que haces tu aquí?-dijo con brusquedad-No queremos problemas con tu reino y el de tu esposo.
Eso hizo que me rindiera totalmente y cayera de rodillas al suelo, llorando desconsoladamente, note unos brazos abrazándome y ayudándome a poner de pie, cuando la vi a ella, la madre de Edward me miraba triste pero tenía una sonrisa leve en la cara.
-No quiero daros problemas, pero vi tan grave a Edward que no podía dejarlo solo, no podía-dije sin dejar de llorar y agarrando todavía a la mujer- estábamos cerca porque veníamos hacia aquí, cuando Mike nos rodeo en el bosque y Edward y Mike se quedaron luchando, volví cuando oí el grito de su hijo, no podía dejarle morir así, es el padre de mi hijo y la persona que amo-derrumbándome totalmente, quedando inconsciente.
Cuando desperté me encontraba en una cama y la mujer de nuevo a mi lado sonriendo, parecía estar feliz de que yo estuviera aquí, me miraba con ojos tan melancólicos y cariñosos que me hizo sentir cómoda, como nunca me había sentido, me hacia sentir un cariño de madre que nunca antes había sentido.
-Por fin despertaste, me tenias asustada, llevas dos días inconsciente-dijo mirándome triste- no sabíamos que mas hacer por ti, además veía esa pequeña barriguita, mi nieto-dijo sonriendo alegremente- debes de cuidarte, quiero tener un nieto fuerte y saludable, a propósito soy Esmeralda, pero llámame Esme, es un placer por fin conocer a Isabella Swan.
-¿Cómo sabes que el bebe que espero es de Edward? ¿Y como sabe lo de Isabella Swan?-dije mirándola asombrada.
-Mi hijo me lo contó todo, por eso te traía al reino, porque le pedí que volviera contigo, quería conocerte a ti y a mi nieto-dijo con una leve sonrisa- conozco desde hace mucho a tus padres y cuando desapareciste su reino se torno en gris, por tu perdida, Ángela tu hermana menor, nunca ha recibido el trato adecuado de tu madre, ya que al perderte a ti, cayo en una inmensa depresión-dijo mirándome- tu eras la elegida para casarte con Edward desde el día de tu nacimiento, pero al desaparecer y querer unir nuestros reinos, se prometió con tu hermana menor.
-Edward, ¿Dónde esta y como se encuentra? necesito verle-dije intentando levantarme de la cama-necesito saber como esta.
-Tranquilízate Isabella, en tu estado alterarte no es bueno, no quiero que vuelvas a desmayarte-me agarro dulcemente del brazo-acompáñame, te llevare junto a él.
La seguí a través de todo el palacio, dejándome guiar por ella. Me encontraba sumamente nerviosa por el hecho de que la madre de Edward supiera tanto sobre nosotros, aunque si él confiaba en ella… Ciertamente, tenía aspecto de ser una gran mujer, y era sumamente cariñosa. Pero aún así, me ponía nerviosa tanta amabilidad. Sería que no estaba acostumbrada. Llegamos a una puerta, ella la miró y después se giró hacia mí.
- Edward está ahí dentro. Os dejaré solos para que estéis más cómodos. –me dijo con una sonrisa. Yo intenté devolvérsela, pero creo que en vez de ello me salió alguna extraña mueca. Le musité un rápido “Gracias” antes de abrir la puerta y entrar.
Cuando pasé a la habitación, me quedé totalmente helada. Edward estaba allí, durmiendo, pero tenía un aspecto muy demacrado… Se encontraba pálido, su rostro ojeroso, con una gran venda en el pecho y otra en la cabeza. Me acerqué hasta él y tomé su mano mientras intentaba controlar mis lágrimas. Desde que estaba embarazada mis hormonas me hacían llorar más de lo acostumbrado en mí, pero no podía evitarlo. Cogí su mano con suavidad y le quité algunos de los cabellos que le caían por la cara. Me quedé mirándolo durante un rato, hasta que vino Esme y me dijo que venía el médico a revisarle. Salí fuera de allí, con los ojos todavía un poco llorosos debido a la preocupación.
- ¿Has comido algo? –me preguntó Esme, mirándome con ojos amorosos.
- No, la verdad es que no. –le contesté con sinceridad- pero tampoco tengo mucha hambre.
- Eso da igual, debes comer, por ti y por tu pequeño, para que se crezca sano y fuerte. –dicho esto, me cogió del brazo con suavidad y me hizo acompañarla hasta la cocina. Una vez allí ella misma me preparó algo, mientras la miraba con los ojos abiertos como platos. ¿Una reina metida en la cocina?
- No hace falta que prepares nada… si la cocinera no está, podemos venir más tarde –le dije para que no se molestara. No quería incomodarla.
- No pasa nada cariño –me contestó, mientras bullía de un lado a otro, buscando los ingredientes para lo que fuese a preparar- hoy la cocinera tiene el día libre, y a mí me encanta bajar a preparar algo de vez en cuando. Me encanta cocinar, aunque esté mal visto que yo lo haga. –Esto me hizo sonrojarme. Parecía que había adivinado mis pensamientos. Ella me miró y lo único que hizo fue sonreír, con aquella sonrisa tan característica de ella: amigable, amable, dulce… Mi madre nunca había sido así.
Después de un rato tenía delante de mí un gran banquete: zumo de naranja, panqueques, bollos de crema, leche, café, cacao… Creí que sería imposible comerme todo eso por mí misma, pero Esme se sentó a mi lado y las dos comimos sin hablar, aunque se trataba de un silencio cómodo, en el que no había la necesidad de romperlo con palabras insulsas. Terminamos de comer con tranquilidad, y nos pusimos entre las dos a recoger todo y a fregar los platos y demás. Cuando ya todo estuvo recogido, subimos de nuevo a la habitación de Edward.
El médico se encontraba todavía en la habitación, así que nos quedamos fuera esperando a que terminase. Estaba cambiándole los vendajes con mucho cuidado, aunque alguna vez oíamos a Edward quejarse, porque probablemente le haría daño. Cuando el médico terminó, salió fuera y le dijo a Esme si podía hablar con ella. Esme me miró, me hizo el gesto de que entrase a la habitación, mientras ella se quedaba hablando con el doctor. Yo no lo dudé ni un momento, así que entré al cuarto, y una vez allí, vi a Edward despierto. Se encontraba mirando por la ventana, levemente incorporado en la cama. Me acerqué a él rápidamente y le abracé, sobresaltándolo.
- ¡Me diste un susto de muerte! –le recriminé, mientras le miraba a los ojos. Él me miró con extrañeza, aunque ignoré aquello.- pensé que no ibas a sobrevivir y yo… yo… -las lágrimas vinieron de nuevo a mis ojos, y volvía a abrazarle. Había estado tan preocupada… Pero Edward, en lugar de devolverme el abrazo, me separó con suavidad de él y, mirándome a los ojos, soltó la frase más dolorosa que había escuchado en mi vida.
- ¿Quién eres? ¿Te conozco?
Al día siguiente recogimos las pocas cosas que teníamos y nos pusimos en marcha, marchándonos de aquel reino el cual nos había dado cobijo durante nuestra estancia en él, nos dirigíamos a mi reino, donde prometí a mi madre volver, estábamos en las profundidades del bosque cuando él y su caballo nos impidieron el paso, solo estaba él sin su guardia, algo extraño, pero mas fácil de esquivar para poder seguir mi camino con mi amada.
-¿A donde creéis que vais? no dejare que te lleves a mi esposa contigo a ningún lado, maldita sea, ella es mía, ella me pertenece-dijo enfurecido Mike.
-Te equivocas Mike, ella no es de nadie, no es un trofeo el cual ganar, ella es un ángel y no se merecía el trato sucio que la distes-dije mirándole furiosamente- hacerla tuya a la fuerza, eso es de ser un cobarde.
-No te atrevas a insultarme, porque acabare con tu vida, devuélveme a Jane, como esposo tengo derecho de reclamar lo que es mío-puso su caballo al lado del mío, ofreciendo la mano a Isabella, la agarre de la cintura, para no dejarla ir, si hacia falta lucharía, moriría, pero ella con Mike no volvería.
-No vuelvo avisarte, déjala que vuelva conmigo o tendremos que pelear-dijo Mike sin dejar de ofrecer la mano a Isabella.
-Edward he de irme con él, no podré soportar la idea de que resultes herido o incluso mueras por mi-dijo Isabella mirándome con los ojos vidriosos.
-No, Isabella no lo hagas, no cometas esa estupidez, hazlo por ese bebe que esperas-dije llorando.
-¿Bebe? ¿Un hijo nuestro mi querida Jane?-dijo Mike sonriendo-me haces el mas dichoso.
Mire a Mike con furia y rabia, tenia el valor de creerse que ese bebe había sido engendrado al hacer suya a la fuerza a mi amada, a mi precioso ángel, ese bastardo debía de morir, no podía permitir que ella volviese junto a el y que la volviera hacer eso o algo peor, saque mi espada apuntándole.
-Entonces deseas luchar por ella-dijo Mike riéndose estrepitosamente- deseas luchar para ver quien se lleva el gran trofeo.
-No, quiero luchar para matarte y que no puedas volverla a tocar-me baje del caballo, dejando encima a Isabella- vete lejos con el caballo, cabalga todo lo rápido que puedas.
Mike se bajo de su caballo atándole a un árbol y saco su espada, amenazante, vi como Isabella me miraba encima del caballo y se alejaba con lagrimas en los ojos, yo me acerque a Mike dando a entender que la lucha debía de empezar, movió su espada rápido intentando cortarme en mi pecho, pero conseguí parar el golpe con mi espada, haciéndole un corte en el brazo, la lucha se hacia intensa, dolida, llevábamos un rato y clave mi espada en el estomago de Mike, pero antes de caer muerto me clavo la espada en mi dorsal, profanando un grito desgarrador y cayendo al claro dándome un fuerte golpe en la cabeza contra una piedra
Bella
Seguía cabalgando cuando oí un grito, su grito, era mi romeo, di media vuelta y me dirigí de nuevo aquel claro, donde los vi a los dos en el suelo, me baje del caballo acercándome corriendo a Edward y tomándole el pulso, todavía seguía vivo, pero su pulso débil, debió llevarle rápido a su reino o moriría, sabia que no estábamos lejos, pero era muy arriesgado, le subí al caballo casi sin entender de donde saque la fuerza para hacerlo y me aleje de aquel sitio todo lo rápido que podía, anocheció y apenas se veía nada, pero no podía o Edward moriría, esa simple idea me atemorizaba, salimos de un bosque profundo cuando vi el reino a los lejos, eso hizo que me animara y siguiera luchando por llegar con las pocas fuerzas que me quedaban.
Entramos en el reino llegando al castillo donde entre corriendo y llorando, chillaba dando el aviso de que traía a su príncipe herido de gravedad, salio un hombre rubio alto y una señora de cabellos castaños, muy joven, supuse que eran sus padres, por sus vestimentas.
-¿Qué le sucedió a mi hijo?-dijo el hombre acercándose y cogiendo a Edward en brazos ¿Y que haces tu aquí?-dijo con brusquedad-No queremos problemas con tu reino y el de tu esposo.
Eso hizo que me rindiera totalmente y cayera de rodillas al suelo, llorando desconsoladamente, note unos brazos abrazándome y ayudándome a poner de pie, cuando la vi a ella, la madre de Edward me miraba triste pero tenía una sonrisa leve en la cara.
-No quiero daros problemas, pero vi tan grave a Edward que no podía dejarlo solo, no podía-dije sin dejar de llorar y agarrando todavía a la mujer- estábamos cerca porque veníamos hacia aquí, cuando Mike nos rodeo en el bosque y Edward y Mike se quedaron luchando, volví cuando oí el grito de su hijo, no podía dejarle morir así, es el padre de mi hijo y la persona que amo-derrumbándome totalmente, quedando inconsciente.
Cuando desperté me encontraba en una cama y la mujer de nuevo a mi lado sonriendo, parecía estar feliz de que yo estuviera aquí, me miraba con ojos tan melancólicos y cariñosos que me hizo sentir cómoda, como nunca me había sentido, me hacia sentir un cariño de madre que nunca antes había sentido.
-Por fin despertaste, me tenias asustada, llevas dos días inconsciente-dijo mirándome triste- no sabíamos que mas hacer por ti, además veía esa pequeña barriguita, mi nieto-dijo sonriendo alegremente- debes de cuidarte, quiero tener un nieto fuerte y saludable, a propósito soy Esmeralda, pero llámame Esme, es un placer por fin conocer a Isabella Swan.
-¿Cómo sabes que el bebe que espero es de Edward? ¿Y como sabe lo de Isabella Swan?-dije mirándola asombrada.
-Mi hijo me lo contó todo, por eso te traía al reino, porque le pedí que volviera contigo, quería conocerte a ti y a mi nieto-dijo con una leve sonrisa- conozco desde hace mucho a tus padres y cuando desapareciste su reino se torno en gris, por tu perdida, Ángela tu hermana menor, nunca ha recibido el trato adecuado de tu madre, ya que al perderte a ti, cayo en una inmensa depresión-dijo mirándome- tu eras la elegida para casarte con Edward desde el día de tu nacimiento, pero al desaparecer y querer unir nuestros reinos, se prometió con tu hermana menor.
-Edward, ¿Dónde esta y como se encuentra? necesito verle-dije intentando levantarme de la cama-necesito saber como esta.
-Tranquilízate Isabella, en tu estado alterarte no es bueno, no quiero que vuelvas a desmayarte-me agarro dulcemente del brazo-acompáñame, te llevare junto a él.
La seguí a través de todo el palacio, dejándome guiar por ella. Me encontraba sumamente nerviosa por el hecho de que la madre de Edward supiera tanto sobre nosotros, aunque si él confiaba en ella… Ciertamente, tenía aspecto de ser una gran mujer, y era sumamente cariñosa. Pero aún así, me ponía nerviosa tanta amabilidad. Sería que no estaba acostumbrada. Llegamos a una puerta, ella la miró y después se giró hacia mí.
- Edward está ahí dentro. Os dejaré solos para que estéis más cómodos. –me dijo con una sonrisa. Yo intenté devolvérsela, pero creo que en vez de ello me salió alguna extraña mueca. Le musité un rápido “Gracias” antes de abrir la puerta y entrar.
Cuando pasé a la habitación, me quedé totalmente helada. Edward estaba allí, durmiendo, pero tenía un aspecto muy demacrado… Se encontraba pálido, su rostro ojeroso, con una gran venda en el pecho y otra en la cabeza. Me acerqué hasta él y tomé su mano mientras intentaba controlar mis lágrimas. Desde que estaba embarazada mis hormonas me hacían llorar más de lo acostumbrado en mí, pero no podía evitarlo. Cogí su mano con suavidad y le quité algunos de los cabellos que le caían por la cara. Me quedé mirándolo durante un rato, hasta que vino Esme y me dijo que venía el médico a revisarle. Salí fuera de allí, con los ojos todavía un poco llorosos debido a la preocupación.
- ¿Has comido algo? –me preguntó Esme, mirándome con ojos amorosos.
- No, la verdad es que no. –le contesté con sinceridad- pero tampoco tengo mucha hambre.
- Eso da igual, debes comer, por ti y por tu pequeño, para que se crezca sano y fuerte. –dicho esto, me cogió del brazo con suavidad y me hizo acompañarla hasta la cocina. Una vez allí ella misma me preparó algo, mientras la miraba con los ojos abiertos como platos. ¿Una reina metida en la cocina?
- No hace falta que prepares nada… si la cocinera no está, podemos venir más tarde –le dije para que no se molestara. No quería incomodarla.
- No pasa nada cariño –me contestó, mientras bullía de un lado a otro, buscando los ingredientes para lo que fuese a preparar- hoy la cocinera tiene el día libre, y a mí me encanta bajar a preparar algo de vez en cuando. Me encanta cocinar, aunque esté mal visto que yo lo haga. –Esto me hizo sonrojarme. Parecía que había adivinado mis pensamientos. Ella me miró y lo único que hizo fue sonreír, con aquella sonrisa tan característica de ella: amigable, amable, dulce… Mi madre nunca había sido así.
Después de un rato tenía delante de mí un gran banquete: zumo de naranja, panqueques, bollos de crema, leche, café, cacao… Creí que sería imposible comerme todo eso por mí misma, pero Esme se sentó a mi lado y las dos comimos sin hablar, aunque se trataba de un silencio cómodo, en el que no había la necesidad de romperlo con palabras insulsas. Terminamos de comer con tranquilidad, y nos pusimos entre las dos a recoger todo y a fregar los platos y demás. Cuando ya todo estuvo recogido, subimos de nuevo a la habitación de Edward.
El médico se encontraba todavía en la habitación, así que nos quedamos fuera esperando a que terminase. Estaba cambiándole los vendajes con mucho cuidado, aunque alguna vez oíamos a Edward quejarse, porque probablemente le haría daño. Cuando el médico terminó, salió fuera y le dijo a Esme si podía hablar con ella. Esme me miró, me hizo el gesto de que entrase a la habitación, mientras ella se quedaba hablando con el doctor. Yo no lo dudé ni un momento, así que entré al cuarto, y una vez allí, vi a Edward despierto. Se encontraba mirando por la ventana, levemente incorporado en la cama. Me acerqué a él rápidamente y le abracé, sobresaltándolo.
- ¡Me diste un susto de muerte! –le recriminé, mientras le miraba a los ojos. Él me miró con extrañeza, aunque ignoré aquello.- pensé que no ibas a sobrevivir y yo… yo… -las lágrimas vinieron de nuevo a mis ojos, y volvía a abrazarle. Había estado tan preocupada… Pero Edward, en lugar de devolverme el abrazo, me separó con suavidad de él y, mirándome a los ojos, soltó la frase más dolorosa que había escuchado en mi vida.
- ¿Quién eres? ¿Te conozco?
Capítulo 17: REENCUENTRO
Llegué hasta nuestro claro y al bajarme de mi montura, sentí de nuevo un dolor desgarrador en mi pecho. Tantos y tantos recuerdos venían a mi mente en este lugar… Cada uno más maravilloso que el anterior, y lo que más me dolía era saber que Isabella no estaba a mi lado.
Me aproximé hasta el lugar donde nos dejábamos las cartas, y encontré una para mí… El sobre con mi nombre llevaba la letra de Isabella. Mi corazón latió más rápido de lo normal, y rápidamente abrí el sobre para ver su contenido.
Mi Romeo,
Sé que mi comportamiento fue el de una idiota. No debería haber huido de tu lado. No sabes cuanto me arrepiento de haber huido aquella noche y regresar junto a mi esposo… La noche que pasé a su lado no la olvidaré mientras viva. No entraré en detalles, porque no quiero compartir mi sufrimiento. Lo único que puedo decirte es que no quiero volver a ver a Mike, por lo que he decidido irme para no volver. Y lo que más me duele es saber que nunca más podré estar a tu lado, pero no te merezco. Quizá algún día, el destino quiera que volvamos a vernos, y espero que el dolor se haya ido, por lo menos lo suficiente, para poder recibirte de nuevo en mi vida.
No corras riesgos, mi amor. Vive la vida de una manera feliz, porque es lo que tú te mereces, aunque no podamos estar juntos.
Tuya para siempre,
Tu Julieta
De nuevo aparecieron lágrimas por mis ojos, pero esta vez era de felicidad. Ella se encontraba bien, había huido por voluntad propia, no porque la habían secuestrado. Aún así, ella estaba en peligro, porque cualquiera podría aprovecharse de una mujer que viajaba sola, y más embarazada. Intenté pensar que habría pasado aquella noche cuando volvió a su casa. ¿Sería que él le habría pegado? Sólo de pensarlo, una rabia inmensa sacudió todo mi ser. Tenía que encontrarla, y tenía que ser pronto. Ya pensaría después en vengarme de todo aquel que le hubiese hecho daño, pero lo más importante en este momento era volver a tenerla a mi lado.
Subí de nuevo a mi caballo, y saqué la brújula que me había dado mi madre. Lo que más deseaba en este mundo, no sólo con mi corazón, sino con todo mí ser, era encontrar a Isabella y ponerla a salvo. Quería que ella volviera a mi vida. Miré hacia la brújula y después de observar hacia donde apuntaba, salí a galope. “Pronto volveremos a estar juntos, mi vida” fue lo único que pude pensar mientras corría a través del bosque…
Bella
Dos semanas habían pasado desde que había huido de mi vida. No había sido nada fácil, pero algo dentro de mí me decía que las cosas sólo podían mejorar a partir de ahora. Había dado un nombre falso y llevaba ropa de una de las criadas de palacio que había tomado antes de partir, para que nadie dudase sobre mi identidad.
Había caminado durante dos días, hasta que un matrimonio mayor, muy amable, me había recogido en un carro y me habían acercado hasta mi destino, el reino Grandine. Estaba lo suficientemente alejado de todo lo que había conocido como para que nadie pensase en buscarme aquí. Salí a buscar trabajo, y una mujer sintió lastima de mí al verme aparecer con mi maleta y con mi pequeña pancita, que ya empezaba a sobresalir, así que me contrató como lavandera. Era un trabajo duro, todo el día arrodillada lavando telas sin parar, pero no hacia grandes esfuerzos, así que mi pequeño no sufriría ningún daño. También usaba este trabajo para intentar lavar mi alma, la cual había quedado dañada después de lo que Mike había hecho conmigo. Lo encontraba una manera de purificarme, y cuanto más cansada me encontraba, más cerca me sentía de poder lograrlo.
Cuando terminaba, en cuanto desaparecía el sol, me dirigía a una pequeña casita donde me habían alquilado una habitación. Sólo tenía una cama, un pequeño armario donde tenía mis pocas pertenencias y una mesilla con un candil. No necesitaba más para vivir, y además, pasaba todo el día fuera trabajando. Llegaba tan cansada que no me daba tiempo ni a mirar lo que había a mi alrededor, ya que me dormía en cuanto caía sobre la cama. Me encantaba dormir, ya que mis sueños eran tan dulces…
Mis sueños siempre trataban de lo mismo: mi vida junto a Edward. Soñaba como hubiera sido si nuestra huida hubiese salido bien, viviendo quizás en este mismo lugar, estando solo los dos y nuestro pequeño. En alguna ocasión también soñé que yo en verdad era Isabella Swan, que no me habían raptado y podía pasear libremente con Edward en cualquier parte, tal y como hacía con Ángela. Normalmente ese sueño me sobresaltaba y me hacia despertar bruscamente, pero aún así, era tan dulce…
Durante el día, mientras lavaba, pensaba en como hubiera sido mi vida si no me hubieran secuestrado. Creo que había empezado a asumir que mi vida no era tal y como la había vivido, sino que estaba destinada a otra cosa. Estaba destinada a estar junto a Edward, ya que él mismo me comunicó que nuestro padres nos habían comprometido pero, al desaparecer yo, lo comprometieron con mi hermana… sí, tenía una hermana, y eso me hacía sonreír más que cualquier otra cosa. Siempre había querido tener una, y Ángela era tan dulce. Nos habríamos llevado bien, en caso de habernos conocido mejor. Pero todo esto solo eran ensoñaciones mías. Nada de lo que veía en mi mente se haría realidad, porque yo ya no tenía ninguna de mis dos vidas; ni la que había vivido ni la que podría haber sido en caso de que no me hubiesen secuestrado…
Edward
Seguía cabalgando hacia donde mi brújula me guiaba, sin parar, sin pensarlo, solo deseaba encontrarla, tenerla entre mis brazos de nuevo, abrazarla, ver como se encontraba; después de varios días cabalgando sin parar, llegue al Reino Grandine, donde la brújula dejo de funcionar, eso me dio esperanzas de encontrar allí a Isabella.
Pasee por todo el pueblo, sin lograr una pequeña prueba de que ella se encontraba allí, decidí quedarme en el reino alojado por lo menos una temporada, para ver si podía averiguar algo en el reino, de ella, de si había estado aquí, si la habían visto, algo, aunque fuera miserable, pero algo, llegue a una pequeña casa, donde me alquilaron una pequeña habitación con lo básico, una cama, una pequeña mesilla con un candil y un armario. Me tumbe en la cama pensando en por donde empezar a buscarla, este reino no era uno de los mas grandes, pero sin alguna pista podía tirarme demasiado tiempo buscándola, un tiempo del que no disponía.
Después de varios días allí en el reino, me levante con ánimos de seguir con mi búsqueda, uno de los días con más esperanzas que tenía, un pequeño presentimiento ahogaba en mi pecho, salí de la habitación donde me cruce con una chica, chocándome con ella.
-Disculpe mi torpeza-dije amablemente-iba bastante despistado, espero no haberla echo daño con nuestro choque-sonreí amablemente, pero ella seguía con la cabeza cabizbaja y sin apenas mirarme, baje la mirada triste y vi como la sobresalía un pequeño bulto en la tripa y sonreí acordándome de Isabella-Felicidades, veo que esta embarazada, al igual que la persona que busco, mi Julieta, mi amada-dije con tono de tristeza-
Levanto la mirada, me miro a los ojos, pero sin articular todavía ninguna sola palabra, se la veía con la cara tan sucia y sus ropas, eran harapos, pobre mujer, embarazada y en esas condiciones, seguí mirándola con una leve sonrisa en mi cara, sus ojos eran verdes, un verde profundo que te hacia entrar dentro y no poder salir de ellos, eran…..eran los de mi amada; la levante un poco mas la cara, limpiando con mis manos la suciedad de su cara, ella comenzó a llorar, todavía sin decir nada, seguí limpiándola la cara, hasta que por fin la vi, era ella, mi amada, la abrace con toda mi necesidad, mis ojos empezaron a llorar de una alegría tan grande que nunca antes la había sentido, por fin oi su dulce voz.
-Edward,¿Qué haces aquí?¿como supiste que estaba aquí?-dijo triste
-Amor tu marido, el desgraciado de Mike mando un comunicado de que habías sido secuestrada y nos pedía ayuda para encontrarte a todos los reinos, pero fui a nuestro claro y vi tu nota-dije agarrando su cara, cuando me acorde de que en la nota me ponía que algo la había echo Mike-tienes que decirme mi amada que te hizo ese asqueroso, yo mismo le matara si hace falta.
-No Edward no hagas nada es peligroso, no quiero que te hagan daño-dijo llorando-no puedo contártelo, no quiero volver a vivirlo, es horrible, asqueroso, me ensucio para toda mi vida-se echo en mis brazos llorando, yo la abrace fuerte sin querer soltarla y furioso con Mike, imaginándome las cosas tan horribles que la tenia que haber echo.
-¿Te toco? ¿Ese desgraciado fue capaz de golpearte?-dije sin soltarla.
-Es algo peor lo que me hizo, me forzó a ser suya Edward-dijo llorando intensamente, como nunca la había oído, la aparte de mí, mirándola.
-Voy a matarle-dije con furia- te juro que le voy a matar, como ha sido capaz de hacerte eso, a ti, a mi amada.
-Edward no cometas locuras por favor, te lo suplico, huí, no me volverá a encontrar, no lo hará-me abrazo besándome dulcemente en los labios, eso hizo que mi furia apaciguara y solo deseara estar con ella.
Me aproximé hasta el lugar donde nos dejábamos las cartas, y encontré una para mí… El sobre con mi nombre llevaba la letra de Isabella. Mi corazón latió más rápido de lo normal, y rápidamente abrí el sobre para ver su contenido.
Mi Romeo,
Sé que mi comportamiento fue el de una idiota. No debería haber huido de tu lado. No sabes cuanto me arrepiento de haber huido aquella noche y regresar junto a mi esposo… La noche que pasé a su lado no la olvidaré mientras viva. No entraré en detalles, porque no quiero compartir mi sufrimiento. Lo único que puedo decirte es que no quiero volver a ver a Mike, por lo que he decidido irme para no volver. Y lo que más me duele es saber que nunca más podré estar a tu lado, pero no te merezco. Quizá algún día, el destino quiera que volvamos a vernos, y espero que el dolor se haya ido, por lo menos lo suficiente, para poder recibirte de nuevo en mi vida.
No corras riesgos, mi amor. Vive la vida de una manera feliz, porque es lo que tú te mereces, aunque no podamos estar juntos.
Tuya para siempre,
Tu Julieta
De nuevo aparecieron lágrimas por mis ojos, pero esta vez era de felicidad. Ella se encontraba bien, había huido por voluntad propia, no porque la habían secuestrado. Aún así, ella estaba en peligro, porque cualquiera podría aprovecharse de una mujer que viajaba sola, y más embarazada. Intenté pensar que habría pasado aquella noche cuando volvió a su casa. ¿Sería que él le habría pegado? Sólo de pensarlo, una rabia inmensa sacudió todo mi ser. Tenía que encontrarla, y tenía que ser pronto. Ya pensaría después en vengarme de todo aquel que le hubiese hecho daño, pero lo más importante en este momento era volver a tenerla a mi lado.
Subí de nuevo a mi caballo, y saqué la brújula que me había dado mi madre. Lo que más deseaba en este mundo, no sólo con mi corazón, sino con todo mí ser, era encontrar a Isabella y ponerla a salvo. Quería que ella volviera a mi vida. Miré hacia la brújula y después de observar hacia donde apuntaba, salí a galope. “Pronto volveremos a estar juntos, mi vida” fue lo único que pude pensar mientras corría a través del bosque…
Bella
Dos semanas habían pasado desde que había huido de mi vida. No había sido nada fácil, pero algo dentro de mí me decía que las cosas sólo podían mejorar a partir de ahora. Había dado un nombre falso y llevaba ropa de una de las criadas de palacio que había tomado antes de partir, para que nadie dudase sobre mi identidad.
Había caminado durante dos días, hasta que un matrimonio mayor, muy amable, me había recogido en un carro y me habían acercado hasta mi destino, el reino Grandine. Estaba lo suficientemente alejado de todo lo que había conocido como para que nadie pensase en buscarme aquí. Salí a buscar trabajo, y una mujer sintió lastima de mí al verme aparecer con mi maleta y con mi pequeña pancita, que ya empezaba a sobresalir, así que me contrató como lavandera. Era un trabajo duro, todo el día arrodillada lavando telas sin parar, pero no hacia grandes esfuerzos, así que mi pequeño no sufriría ningún daño. También usaba este trabajo para intentar lavar mi alma, la cual había quedado dañada después de lo que Mike había hecho conmigo. Lo encontraba una manera de purificarme, y cuanto más cansada me encontraba, más cerca me sentía de poder lograrlo.
Cuando terminaba, en cuanto desaparecía el sol, me dirigía a una pequeña casita donde me habían alquilado una habitación. Sólo tenía una cama, un pequeño armario donde tenía mis pocas pertenencias y una mesilla con un candil. No necesitaba más para vivir, y además, pasaba todo el día fuera trabajando. Llegaba tan cansada que no me daba tiempo ni a mirar lo que había a mi alrededor, ya que me dormía en cuanto caía sobre la cama. Me encantaba dormir, ya que mis sueños eran tan dulces…
Mis sueños siempre trataban de lo mismo: mi vida junto a Edward. Soñaba como hubiera sido si nuestra huida hubiese salido bien, viviendo quizás en este mismo lugar, estando solo los dos y nuestro pequeño. En alguna ocasión también soñé que yo en verdad era Isabella Swan, que no me habían raptado y podía pasear libremente con Edward en cualquier parte, tal y como hacía con Ángela. Normalmente ese sueño me sobresaltaba y me hacia despertar bruscamente, pero aún así, era tan dulce…
Durante el día, mientras lavaba, pensaba en como hubiera sido mi vida si no me hubieran secuestrado. Creo que había empezado a asumir que mi vida no era tal y como la había vivido, sino que estaba destinada a otra cosa. Estaba destinada a estar junto a Edward, ya que él mismo me comunicó que nuestro padres nos habían comprometido pero, al desaparecer yo, lo comprometieron con mi hermana… sí, tenía una hermana, y eso me hacía sonreír más que cualquier otra cosa. Siempre había querido tener una, y Ángela era tan dulce. Nos habríamos llevado bien, en caso de habernos conocido mejor. Pero todo esto solo eran ensoñaciones mías. Nada de lo que veía en mi mente se haría realidad, porque yo ya no tenía ninguna de mis dos vidas; ni la que había vivido ni la que podría haber sido en caso de que no me hubiesen secuestrado…
Edward
Seguía cabalgando hacia donde mi brújula me guiaba, sin parar, sin pensarlo, solo deseaba encontrarla, tenerla entre mis brazos de nuevo, abrazarla, ver como se encontraba; después de varios días cabalgando sin parar, llegue al Reino Grandine, donde la brújula dejo de funcionar, eso me dio esperanzas de encontrar allí a Isabella.
Pasee por todo el pueblo, sin lograr una pequeña prueba de que ella se encontraba allí, decidí quedarme en el reino alojado por lo menos una temporada, para ver si podía averiguar algo en el reino, de ella, de si había estado aquí, si la habían visto, algo, aunque fuera miserable, pero algo, llegue a una pequeña casa, donde me alquilaron una pequeña habitación con lo básico, una cama, una pequeña mesilla con un candil y un armario. Me tumbe en la cama pensando en por donde empezar a buscarla, este reino no era uno de los mas grandes, pero sin alguna pista podía tirarme demasiado tiempo buscándola, un tiempo del que no disponía.
Después de varios días allí en el reino, me levante con ánimos de seguir con mi búsqueda, uno de los días con más esperanzas que tenía, un pequeño presentimiento ahogaba en mi pecho, salí de la habitación donde me cruce con una chica, chocándome con ella.
-Disculpe mi torpeza-dije amablemente-iba bastante despistado, espero no haberla echo daño con nuestro choque-sonreí amablemente, pero ella seguía con la cabeza cabizbaja y sin apenas mirarme, baje la mirada triste y vi como la sobresalía un pequeño bulto en la tripa y sonreí acordándome de Isabella-Felicidades, veo que esta embarazada, al igual que la persona que busco, mi Julieta, mi amada-dije con tono de tristeza-
Levanto la mirada, me miro a los ojos, pero sin articular todavía ninguna sola palabra, se la veía con la cara tan sucia y sus ropas, eran harapos, pobre mujer, embarazada y en esas condiciones, seguí mirándola con una leve sonrisa en mi cara, sus ojos eran verdes, un verde profundo que te hacia entrar dentro y no poder salir de ellos, eran…..eran los de mi amada; la levante un poco mas la cara, limpiando con mis manos la suciedad de su cara, ella comenzó a llorar, todavía sin decir nada, seguí limpiándola la cara, hasta que por fin la vi, era ella, mi amada, la abrace con toda mi necesidad, mis ojos empezaron a llorar de una alegría tan grande que nunca antes la había sentido, por fin oi su dulce voz.
-Edward,¿Qué haces aquí?¿como supiste que estaba aquí?-dijo triste
-Amor tu marido, el desgraciado de Mike mando un comunicado de que habías sido secuestrada y nos pedía ayuda para encontrarte a todos los reinos, pero fui a nuestro claro y vi tu nota-dije agarrando su cara, cuando me acorde de que en la nota me ponía que algo la había echo Mike-tienes que decirme mi amada que te hizo ese asqueroso, yo mismo le matara si hace falta.
-No Edward no hagas nada es peligroso, no quiero que te hagan daño-dijo llorando-no puedo contártelo, no quiero volver a vivirlo, es horrible, asqueroso, me ensucio para toda mi vida-se echo en mis brazos llorando, yo la abrace fuerte sin querer soltarla y furioso con Mike, imaginándome las cosas tan horribles que la tenia que haber echo.
-¿Te toco? ¿Ese desgraciado fue capaz de golpearte?-dije sin soltarla.
-Es algo peor lo que me hizo, me forzó a ser suya Edward-dijo llorando intensamente, como nunca la había oído, la aparte de mí, mirándola.
-Voy a matarle-dije con furia- te juro que le voy a matar, como ha sido capaz de hacerte eso, a ti, a mi amada.
-Edward no cometas locuras por favor, te lo suplico, huí, no me volverá a encontrar, no lo hará-me abrazo besándome dulcemente en los labios, eso hizo que mi furia apaciguara y solo deseara estar con ella.
21 abr 2010
Capítulo 16: SUCIA
Bella
Me desperté en mi cama, no sabia realmente que había sucedido, ni como había acabado allí, me sentía desorientada y bastante dolorida en el alma, mi mente empezó a llenarse de imágenes, cuando Carso me contó eso, cuando Edward me llamo Isabella, cuando corte con el definitivamente y salí huyendo del lugar acabando,¿aquí?.Tendría que buscar una excusa, algo para explicar mi huida y explicar como había acabado desmayada en la entrada del reino, no quería verle, no quería saber de Mike, no soportaría una reprimenda o incluso algo más horrible, seria capaz de hipnotizarme para sacarme la verdad de todo, no podía permitirlo.
Me di un baño intentando tranquilizarme, me vestí y baje al comedor donde sabia que estaría Mike, esperándome, cuando llegue su mirada furiosa me mirada, me controlada cada movimiento, cada respiración que daba, eso me hacia ponerme mas nerviosa y casi sin fuerzas para hablar y disculparme.
-Buenas tardes-dije amablemente e intentando calmar mi voz- quería pedirte una disculpa y darte una explicación.
-Si, como mi esposa me debes una explicación-dijo furioso-mas vale que sea buena o te acordaras de tu aventura durante toda tu vida-dijo amenazante-
-Salí del reino a pasear, pero después de unas vueltas me di cuenta que estaba perdida y desorientada no sabia donde me encontraba, me apoye en un árbol por el cansancio, acabe llorando y me dormí, cuando desperté eche a correr y cuando llegue aquí me desmaye-dije intentando sonar serena y tranquila.
-Sabes que no me gusta que salgas sola del reino, mira lo que te paso, podía haber sido peor, te podían haber echo daño o incluso matado-dijo levantándose y acercándose a mi- no quiero que nada malo la ocurra a mi mujer, la amo demasiado-dijo besando mis labios.
-Lo siento de verdad, no quería preocuparos ni asustaros, mi intención era solo salir un poco del reino a pasear tranquilamente, nunca me ha gustado estar encerrada entre muros y de vez en cuando me gusta salir fuera a pasear-dije con dulzura, para que no notara nada extraño.
El día paso sin que Mike volviera a preguntar nada de lo ocurrido, pareció creerme, subí al cuarto, me cambie en el baño, para que mi marido no me viese desnuda, al salir me miro picadamente lo que me produjo una arcada que controle, se acerco a mi, me beso el cuello, me agarro de la cintura tumbándome en la cama.
-Mike todavía no estoy preparada-dije despegándome de él.
-Estoy cansada de tu rechazo Jane, serás mía esta noche te guste o no-dijo rasgando mi camisón, besándome por todo el cuerpo, tocándome , cada vez mas furioso y con mas pasión, intenté deshacerme de él, pero su fuerza hizo que no pudiera levantarme de la cama, quito mi ropa interior dejándome desnuda ante él, se quito toda su ropa, penetrándome bruscamente, haciéndome suya a la fuerza, mis lagrimas salían descontroladas, repugnando ese momento con todo mi odio; termino de penetrarme y se tumbo en la cama, quedándose dormido al instante, yo me senté en la cama todavía desnuda y abrazándome las piernas con los brazos, repugnándome.
Volví a mirar a Mike. El sólo recordar lo que acababa de suceder hacia que me sintiese asqueada de mí misma. Sin poder controlarme, me levanté y salí disparada hasta el cuarto de baño. Levanté la tapa del inodoro y vomité violentamente. Seguí allí, durante un buen rato, hasta que nada quedó en mi estómago. Comencé a llorar y me senté en el suelo, abrazándome las piernas, mientras no dejaba de pensar que qué había hecho yo para merecer esto…
Cuando ya no me quedaron lágrimas me puse de pie lentamente. Tenía todo el cuerpo dolorido por culpa de… no, no quería pensar más en eso. Me dirigí a la habitación, tomé mis ropas y como pude, me vestí. Después, salí de aquel cuarto. No quería volver a ver a Mike Newton nunca más en mi vida. No podría volver a mirarle la cara, sabiendo lo que había hecho conmigo. Sé que era mi deber como esposa el complacerlo de esa manera, pero yo no me encontraba preparada para hacer algo así con él. Con lo fácil que fue con Edward. Intenté recordar la noche de nuestra unión, pero sólo me venían imágenes de lo que había pasado con Mike una y otra vez a mi mente. Lágrimas volvieron a caer de mis ojos, así que hice lo único que podía: huir. Pero esta vez lo haría sola, no quería a nadie a mi lado. Me sentía sucia, asqueada, y lo que menos quería era tener a alguien conmigo que lo único que haría sería compadecerse de mí. Yo podría valerme por mí misma.
Busqué una pequeña maleta, que fuese fácil de transportar, y cogí únicamente lo imprescindible. Tenía que aprovechar que era noche temprana y que nadie despertaría hasta horas más tardes, para poder alejarme lo suficiente y poder tener una ligera ventaja. Busqué la carta de Edward, la que me decía en que reinos correríamos menos peligro de ser descubiertos. Sería lo último que tomaría de él…
Edward
Habían pasado semanas desde que Jane había huido de mi lado. Desde entonces, había permanecido en mi cuarto, acostado en la cama, pero sin poder apenas dormir. Mi madre venía a visitarme una y otra vez, intentando hablar conmigo y que le explicara lo que había salido mal. Pero yo no tenía ganas de revivirlo de nuevo. Había estado tan cerca de conseguirlo… Había tenido el futuro que había deseado al alcance de mi mano, y por una estúpida revelación, ella había desaparecido de mi lado… otra vez. Me di la vuelta en la cama, ya que llevaba bastantes horas en la misma posición y me notaba entumecido. Cerré los ojos, y la imagen de Jane vino otra vez a mi mente. Las lágrimas cayeron por mi rostro, pero no tenía fuerzas para secármelas. Sólo quería que este dolor desapareciese, deseaba no haberla conocido nunca, para no haberle otorgado tanto poder sobre mí…
Tocaron a la puerta y alguien entró con brusquedad a mi cuarto. Yo ni me inmuté, porque ya nada me importaba. Cerraron de nuevo la puerta, pero esta vez oí que alguien echaba la llave. Con un esfuerzo sobre humano, giré sobre mí mismo para ver quien osaba molestarme. Era mi madre, y su rostro no auguraba nada bueno.
- Hijo –dijo susurrando fuertemente- tenemos que hablar.
- No hay nada que decir, madre –le dije con la voz rota.
- No Edward, esto es en verdad urgente –dijo ella un poco alterada. Me sorprendió el verla así, ya que por lo general ella era bastante tranquila- Lee esto. –me entregó un papel que llevaba el sello del reino Newton. Una punzada de dolor atravesó mi corazón, pero decidí leer lo que dijese para que mi madre desapareciese rápido y me dejase de nuevo para que me regodeara en la miseria de mi vida.
Anuncio de la casa Newton,
La señora Jane Newton Nioman, soberana del reino Newton, se encuentra desaparecida. Creemos fue secuestrada en mitad de una noche, sacándola de palacio sin que nadie se percatase. Nuestras partidas de búsqueda han sido infructuosas. Pedimos colaboración en los reinos vecinos para encontrarla.
Su desolado marido y familiares lo agradecen
Atentamente les envía un saludo,
Mike Newton, heredero soberano del reino Newton.
Tuve que releer la carta una y otra vez para darme cuenta de lo que estaba leyendo. ¿Mi Jane estaba desaparecida? ¿Había sido secuestrada? No, esto no podía estar pasando… ¿Qué habría sido de ella? Miré a mi madre, desolado, mientras le devolvía la notificación. Sólo ella sabía ahora mismo el dolor que había en mi corazón, y no tardé en arrojarme en sus brazos para que me consolase.
- Hijo, siento que te enteraras así… pero creía que debías saberlo –ella secó mis lágrimas con paciencia, mientras yo intentaba asumir mi pérdida. Quería a Jane a mi lado, pero ahora no sabía ni donde encontrarla…- ¿te importaría explicarme que fue lo que pasó? –miré a mi madre y suspiré. Ya no tenía sentido ocultarle por más tiempo la revelación de los duendes y las hadas…
- Mamá, ella y yo huimos… -comencé a relatar- pero nos vimos inmersos en mitad de una guerra. Jane resultó herida, pero un hada acudió a nuestro rescate. Ella iba inconsciente, yo la llevaba en brazos, y cuando llegamos a un claro del bosque, me apartaron de ella mientras la curaban. Cuando despertó y habló con ellos, se alteró muchísimo, así que me acerqué a ver que ocurría… Todo lo que me dijo era que ellos le habían revelado que su verdadero nombre era Isabella Swan, que la raptaron siendo un bebé. No pudo aceptarlo y cuando yo la llamé por su verdadero nombre, huyó de mí…
- ¿Has dicho Isabella? –Preguntó mi madre- ¿estás seguro de lo que oíste?
- Sí, mamá. Sé que dijeron Isabella, y recordé la historia que tantas veces oí de pequeño sobre la hermana mayor de Ángela. Es ella mamá, ella es Isabella…
- Dios mío, no puede ser cierto –fue lo único que ella atinó a decir, abriendo sus ojos como platos y quedando totalmente pálida.- debemos avisar a Charles y Renny, ellos deberían saber la noticia.
- ¡No puedes hacer eso! –Le grité asustado- tendrías que explicar como te enteraste de la noticia, y no quiero que nadie sepa que yo he estado con Isabella. Tanto el reino Newton como el reino Alatar pondrían precio a mi cabeza, madre.
- Tienes razón, tienes razón –ella se levantó y empezó a andar por toda la habitación, mordiéndose las uñas, nerviosa- pero debemos hacer algo, Edward, no podemos permitir que esto quede así…
- Saldré a buscarla, madre –me puse en pie. Me encontraba animado después de tantos días hundido en la miseria. Tenía que encontrarla…- yo la traeré de vuelta al castillo y, cuando ella esté aquí, iremos al reino Violeta, invocaremos a los duendes y a las hadas, y ellos darán testimonio de que todo lo que te he contado es cierto. Así ella podrá volver a su verdadero hogar…
Mi madre me miró, un poco preocupada. Finalmente se acercó a mí, abrazándome y dejando delicados besos en mi mejilla. Yo le correspondí el abrazo y, después de escasos segundos, nos separamos.
- Déjame que te entregue unas cosas antes de partir –me cogió de la mano, abrió la puerta de mi habitación, y me hizo seguirla por distintos pasillos de palacio- Tienes que prometer que tendrás mucho cuidado, Edward. Lo que quieres hacer es peligroso, pero quiero que sepas que tienes todo mi apoyo. Yo te cubriré para que nadie se extrañe de tu partida, así sólo deberás preocuparte de traer a tu princesa sana y salva. –me sonrió y llegamos al gran salón. Nos dirigimos a la parte de atrás de los tronos, corrió uno de los grandes tapices que había detrás y presiono un ladrillo que había en la pared. Un ruido me sobresaltó, y vi con asombro un cuarto oculto detrás de ellos. Mi madre entró y yo fui detrás de ella.
- ¿Qué es este lugar? –pregunté una vez dentro. No se veía apenas nada, y mi madre encendió un candil que había allí, dando un poco más de iluminación a aquel recinto. Miré a mí alrededor y todo se encontraba lleno de cajas. Mi madre miró pensativa todas y cada una de ellas, hasta que, sin saber porqué, se dirigió a una en concreto. La abrió mientras sonreía.
- ¡Ah, aquí estaba! Mi memoria no me falla nunca –me miró antes de acuclillarse y comenzar a buscar algo de ella. Cogió un par de cosas, se incorporó, y se acercó de nuevo a mi lado- Debes prometerme que cuidarás de todo esto… Te entrego esta espada, que te protegerá cuando la lleves contigo. Cada vez que haya un peligro cerca, ella se iluminará para avisarte de que algo ocurre, y si la lanzas a alguien, aunque no puedas distinguirlo bien, irá directa hacia aquella persona, no hiriéndola de muerte, pero sí dejándola lo suficiente malherida para que tú puedas huir –cogí la espada, sorprendido de su poder. En verdad era hermosa…- Toma también este cuerno. Cuando te encuentres en un peligro extremo, del que temas no salir vencedor, sopla en él y algo o alguien acudirá en tu ayuda. No me preguntes qué ni quién, porque ni yo misma lo comprendo, sólo te digo que no puedes usarlo más que en situaciones límite, porque sino, no funcionará, pero si la situación lo requiere, de alguna forma conseguirás salvarte. –Lo cogí y lo colgué de mi cinturón. En verdad podría resultar útil algo así. Estaba cada vez más impresionado con estas cosas, ¿de dónde habrían salido?- y por último –dijo mi madre, interrumpiendo mis pensamientos- te entrego esta brújula. No es una brújula cualquiera, que sólo apunte al norte. Esta brújula apunta a donde se encuentra aquel objeto que tu corazón desea más que cualquier otra cosa. Úsala para traer de vuelta a Isabella con nosotros…
Miré a mi madre, que se encontraba con lágrimas en los ojos. Me abrazó de nuevo y salimos de aquel cuarto antes de que nadie viese lo que estábamos haciendo. Me cogió de la mano y me acompañó hasta las cuadras, y me ayudó a ensillar mi caballo. Cuando ya lo tenía todo preparado, sacó una bolsita de tela y me la entregó también. La abrí y contenía una gran cantidad de monedas. Lo único que pude hacer fue abrazar de nuevo a mi madre y darle un beso en la mejilla. Daba gracias por tenerla como madre, ya que no podía imaginar a nadie más dulce que ella a mi lado para consolarme y ayudarme como lo estaba haciendo. Subí a mi caballo, preparado para partir, y ella me soltó un suave “Suerte” antes de desaparecer de las cuadras y dirigirse de nuevo a palacio. Yo salí de allí, y decidí ir primero a nuestro claro, para ver si había alguna noticia de Isabella… Tenía que encontrarla, tenía que luchar contra el destino que quería tenernos separados, y conseguir tenerla para siempre, conmigo… a mi lado.
Me desperté en mi cama, no sabia realmente que había sucedido, ni como había acabado allí, me sentía desorientada y bastante dolorida en el alma, mi mente empezó a llenarse de imágenes, cuando Carso me contó eso, cuando Edward me llamo Isabella, cuando corte con el definitivamente y salí huyendo del lugar acabando,¿aquí?.Tendría que buscar una excusa, algo para explicar mi huida y explicar como había acabado desmayada en la entrada del reino, no quería verle, no quería saber de Mike, no soportaría una reprimenda o incluso algo más horrible, seria capaz de hipnotizarme para sacarme la verdad de todo, no podía permitirlo.
Me di un baño intentando tranquilizarme, me vestí y baje al comedor donde sabia que estaría Mike, esperándome, cuando llegue su mirada furiosa me mirada, me controlada cada movimiento, cada respiración que daba, eso me hacia ponerme mas nerviosa y casi sin fuerzas para hablar y disculparme.
-Buenas tardes-dije amablemente e intentando calmar mi voz- quería pedirte una disculpa y darte una explicación.
-Si, como mi esposa me debes una explicación-dijo furioso-mas vale que sea buena o te acordaras de tu aventura durante toda tu vida-dijo amenazante-
-Salí del reino a pasear, pero después de unas vueltas me di cuenta que estaba perdida y desorientada no sabia donde me encontraba, me apoye en un árbol por el cansancio, acabe llorando y me dormí, cuando desperté eche a correr y cuando llegue aquí me desmaye-dije intentando sonar serena y tranquila.
-Sabes que no me gusta que salgas sola del reino, mira lo que te paso, podía haber sido peor, te podían haber echo daño o incluso matado-dijo levantándose y acercándose a mi- no quiero que nada malo la ocurra a mi mujer, la amo demasiado-dijo besando mis labios.
-Lo siento de verdad, no quería preocuparos ni asustaros, mi intención era solo salir un poco del reino a pasear tranquilamente, nunca me ha gustado estar encerrada entre muros y de vez en cuando me gusta salir fuera a pasear-dije con dulzura, para que no notara nada extraño.
El día paso sin que Mike volviera a preguntar nada de lo ocurrido, pareció creerme, subí al cuarto, me cambie en el baño, para que mi marido no me viese desnuda, al salir me miro picadamente lo que me produjo una arcada que controle, se acerco a mi, me beso el cuello, me agarro de la cintura tumbándome en la cama.
-Mike todavía no estoy preparada-dije despegándome de él.
-Estoy cansada de tu rechazo Jane, serás mía esta noche te guste o no-dijo rasgando mi camisón, besándome por todo el cuerpo, tocándome , cada vez mas furioso y con mas pasión, intenté deshacerme de él, pero su fuerza hizo que no pudiera levantarme de la cama, quito mi ropa interior dejándome desnuda ante él, se quito toda su ropa, penetrándome bruscamente, haciéndome suya a la fuerza, mis lagrimas salían descontroladas, repugnando ese momento con todo mi odio; termino de penetrarme y se tumbo en la cama, quedándose dormido al instante, yo me senté en la cama todavía desnuda y abrazándome las piernas con los brazos, repugnándome.
Volví a mirar a Mike. El sólo recordar lo que acababa de suceder hacia que me sintiese asqueada de mí misma. Sin poder controlarme, me levanté y salí disparada hasta el cuarto de baño. Levanté la tapa del inodoro y vomité violentamente. Seguí allí, durante un buen rato, hasta que nada quedó en mi estómago. Comencé a llorar y me senté en el suelo, abrazándome las piernas, mientras no dejaba de pensar que qué había hecho yo para merecer esto…
Cuando ya no me quedaron lágrimas me puse de pie lentamente. Tenía todo el cuerpo dolorido por culpa de… no, no quería pensar más en eso. Me dirigí a la habitación, tomé mis ropas y como pude, me vestí. Después, salí de aquel cuarto. No quería volver a ver a Mike Newton nunca más en mi vida. No podría volver a mirarle la cara, sabiendo lo que había hecho conmigo. Sé que era mi deber como esposa el complacerlo de esa manera, pero yo no me encontraba preparada para hacer algo así con él. Con lo fácil que fue con Edward. Intenté recordar la noche de nuestra unión, pero sólo me venían imágenes de lo que había pasado con Mike una y otra vez a mi mente. Lágrimas volvieron a caer de mis ojos, así que hice lo único que podía: huir. Pero esta vez lo haría sola, no quería a nadie a mi lado. Me sentía sucia, asqueada, y lo que menos quería era tener a alguien conmigo que lo único que haría sería compadecerse de mí. Yo podría valerme por mí misma.
Busqué una pequeña maleta, que fuese fácil de transportar, y cogí únicamente lo imprescindible. Tenía que aprovechar que era noche temprana y que nadie despertaría hasta horas más tardes, para poder alejarme lo suficiente y poder tener una ligera ventaja. Busqué la carta de Edward, la que me decía en que reinos correríamos menos peligro de ser descubiertos. Sería lo último que tomaría de él…
Edward
Habían pasado semanas desde que Jane había huido de mi lado. Desde entonces, había permanecido en mi cuarto, acostado en la cama, pero sin poder apenas dormir. Mi madre venía a visitarme una y otra vez, intentando hablar conmigo y que le explicara lo que había salido mal. Pero yo no tenía ganas de revivirlo de nuevo. Había estado tan cerca de conseguirlo… Había tenido el futuro que había deseado al alcance de mi mano, y por una estúpida revelación, ella había desaparecido de mi lado… otra vez. Me di la vuelta en la cama, ya que llevaba bastantes horas en la misma posición y me notaba entumecido. Cerré los ojos, y la imagen de Jane vino otra vez a mi mente. Las lágrimas cayeron por mi rostro, pero no tenía fuerzas para secármelas. Sólo quería que este dolor desapareciese, deseaba no haberla conocido nunca, para no haberle otorgado tanto poder sobre mí…
Tocaron a la puerta y alguien entró con brusquedad a mi cuarto. Yo ni me inmuté, porque ya nada me importaba. Cerraron de nuevo la puerta, pero esta vez oí que alguien echaba la llave. Con un esfuerzo sobre humano, giré sobre mí mismo para ver quien osaba molestarme. Era mi madre, y su rostro no auguraba nada bueno.
- Hijo –dijo susurrando fuertemente- tenemos que hablar.
- No hay nada que decir, madre –le dije con la voz rota.
- No Edward, esto es en verdad urgente –dijo ella un poco alterada. Me sorprendió el verla así, ya que por lo general ella era bastante tranquila- Lee esto. –me entregó un papel que llevaba el sello del reino Newton. Una punzada de dolor atravesó mi corazón, pero decidí leer lo que dijese para que mi madre desapareciese rápido y me dejase de nuevo para que me regodeara en la miseria de mi vida.
Anuncio de la casa Newton,
La señora Jane Newton Nioman, soberana del reino Newton, se encuentra desaparecida. Creemos fue secuestrada en mitad de una noche, sacándola de palacio sin que nadie se percatase. Nuestras partidas de búsqueda han sido infructuosas. Pedimos colaboración en los reinos vecinos para encontrarla.
Su desolado marido y familiares lo agradecen
Atentamente les envía un saludo,
Mike Newton, heredero soberano del reino Newton.
Tuve que releer la carta una y otra vez para darme cuenta de lo que estaba leyendo. ¿Mi Jane estaba desaparecida? ¿Había sido secuestrada? No, esto no podía estar pasando… ¿Qué habría sido de ella? Miré a mi madre, desolado, mientras le devolvía la notificación. Sólo ella sabía ahora mismo el dolor que había en mi corazón, y no tardé en arrojarme en sus brazos para que me consolase.
- Hijo, siento que te enteraras así… pero creía que debías saberlo –ella secó mis lágrimas con paciencia, mientras yo intentaba asumir mi pérdida. Quería a Jane a mi lado, pero ahora no sabía ni donde encontrarla…- ¿te importaría explicarme que fue lo que pasó? –miré a mi madre y suspiré. Ya no tenía sentido ocultarle por más tiempo la revelación de los duendes y las hadas…
- Mamá, ella y yo huimos… -comencé a relatar- pero nos vimos inmersos en mitad de una guerra. Jane resultó herida, pero un hada acudió a nuestro rescate. Ella iba inconsciente, yo la llevaba en brazos, y cuando llegamos a un claro del bosque, me apartaron de ella mientras la curaban. Cuando despertó y habló con ellos, se alteró muchísimo, así que me acerqué a ver que ocurría… Todo lo que me dijo era que ellos le habían revelado que su verdadero nombre era Isabella Swan, que la raptaron siendo un bebé. No pudo aceptarlo y cuando yo la llamé por su verdadero nombre, huyó de mí…
- ¿Has dicho Isabella? –Preguntó mi madre- ¿estás seguro de lo que oíste?
- Sí, mamá. Sé que dijeron Isabella, y recordé la historia que tantas veces oí de pequeño sobre la hermana mayor de Ángela. Es ella mamá, ella es Isabella…
- Dios mío, no puede ser cierto –fue lo único que ella atinó a decir, abriendo sus ojos como platos y quedando totalmente pálida.- debemos avisar a Charles y Renny, ellos deberían saber la noticia.
- ¡No puedes hacer eso! –Le grité asustado- tendrías que explicar como te enteraste de la noticia, y no quiero que nadie sepa que yo he estado con Isabella. Tanto el reino Newton como el reino Alatar pondrían precio a mi cabeza, madre.
- Tienes razón, tienes razón –ella se levantó y empezó a andar por toda la habitación, mordiéndose las uñas, nerviosa- pero debemos hacer algo, Edward, no podemos permitir que esto quede así…
- Saldré a buscarla, madre –me puse en pie. Me encontraba animado después de tantos días hundido en la miseria. Tenía que encontrarla…- yo la traeré de vuelta al castillo y, cuando ella esté aquí, iremos al reino Violeta, invocaremos a los duendes y a las hadas, y ellos darán testimonio de que todo lo que te he contado es cierto. Así ella podrá volver a su verdadero hogar…
Mi madre me miró, un poco preocupada. Finalmente se acercó a mí, abrazándome y dejando delicados besos en mi mejilla. Yo le correspondí el abrazo y, después de escasos segundos, nos separamos.
- Déjame que te entregue unas cosas antes de partir –me cogió de la mano, abrió la puerta de mi habitación, y me hizo seguirla por distintos pasillos de palacio- Tienes que prometer que tendrás mucho cuidado, Edward. Lo que quieres hacer es peligroso, pero quiero que sepas que tienes todo mi apoyo. Yo te cubriré para que nadie se extrañe de tu partida, así sólo deberás preocuparte de traer a tu princesa sana y salva. –me sonrió y llegamos al gran salón. Nos dirigimos a la parte de atrás de los tronos, corrió uno de los grandes tapices que había detrás y presiono un ladrillo que había en la pared. Un ruido me sobresaltó, y vi con asombro un cuarto oculto detrás de ellos. Mi madre entró y yo fui detrás de ella.
- ¿Qué es este lugar? –pregunté una vez dentro. No se veía apenas nada, y mi madre encendió un candil que había allí, dando un poco más de iluminación a aquel recinto. Miré a mí alrededor y todo se encontraba lleno de cajas. Mi madre miró pensativa todas y cada una de ellas, hasta que, sin saber porqué, se dirigió a una en concreto. La abrió mientras sonreía.
- ¡Ah, aquí estaba! Mi memoria no me falla nunca –me miró antes de acuclillarse y comenzar a buscar algo de ella. Cogió un par de cosas, se incorporó, y se acercó de nuevo a mi lado- Debes prometerme que cuidarás de todo esto… Te entrego esta espada, que te protegerá cuando la lleves contigo. Cada vez que haya un peligro cerca, ella se iluminará para avisarte de que algo ocurre, y si la lanzas a alguien, aunque no puedas distinguirlo bien, irá directa hacia aquella persona, no hiriéndola de muerte, pero sí dejándola lo suficiente malherida para que tú puedas huir –cogí la espada, sorprendido de su poder. En verdad era hermosa…- Toma también este cuerno. Cuando te encuentres en un peligro extremo, del que temas no salir vencedor, sopla en él y algo o alguien acudirá en tu ayuda. No me preguntes qué ni quién, porque ni yo misma lo comprendo, sólo te digo que no puedes usarlo más que en situaciones límite, porque sino, no funcionará, pero si la situación lo requiere, de alguna forma conseguirás salvarte. –Lo cogí y lo colgué de mi cinturón. En verdad podría resultar útil algo así. Estaba cada vez más impresionado con estas cosas, ¿de dónde habrían salido?- y por último –dijo mi madre, interrumpiendo mis pensamientos- te entrego esta brújula. No es una brújula cualquiera, que sólo apunte al norte. Esta brújula apunta a donde se encuentra aquel objeto que tu corazón desea más que cualquier otra cosa. Úsala para traer de vuelta a Isabella con nosotros…
Miré a mi madre, que se encontraba con lágrimas en los ojos. Me abrazó de nuevo y salimos de aquel cuarto antes de que nadie viese lo que estábamos haciendo. Me cogió de la mano y me acompañó hasta las cuadras, y me ayudó a ensillar mi caballo. Cuando ya lo tenía todo preparado, sacó una bolsita de tela y me la entregó también. La abrí y contenía una gran cantidad de monedas. Lo único que pude hacer fue abrazar de nuevo a mi madre y darle un beso en la mejilla. Daba gracias por tenerla como madre, ya que no podía imaginar a nadie más dulce que ella a mi lado para consolarme y ayudarme como lo estaba haciendo. Subí a mi caballo, preparado para partir, y ella me soltó un suave “Suerte” antes de desaparecer de las cuadras y dirigirse de nuevo a palacio. Yo salí de allí, y decidí ir primero a nuestro claro, para ver si había alguna noticia de Isabella… Tenía que encontrarla, tenía que luchar contra el destino que quería tenernos separados, y conseguir tenerla para siempre, conmigo… a mi lado.
17 abr 2010
Capítulo 15: FUGA
La visita de mi madre me dio ánimos. Sentí que si ella estaba de nuestra parte, nada podría salir mal. Así que, sonriendo, decidí escribirle una carta a mi amada, y dejársela en nuestro claro, para notificarle un poco sobre mis avances. Recogí mis notas de por la noche, donde había apuntado distintos destinos para nosotros y le hice un breve resumen sobre ellos que incluiría en el sobre. Cuando tuve todo organizado y estuve tranquilo, me puse a escribir.
Mi Julieta,
Ando emocionado por la cantidad de noticias que se suceden, una detrás de otra. El saber que un fruto de nuestro amor está creciendo en ti me convierte en el hombre más dichoso del mundo. Nunca creí que pudiese amar más de lo que te amo a ti, pero creo que mi corazón se ha hecho más grande y ahora tiene el doble de amor para ti y para nuestro pequeño. Me gustaría poder estar a tu lado, poder cuidarte y amarte como te mereces. Pero falta poco tiempo para que ese sueño se haga realidad.
Me encuentro intentando hallar que mejor lugar sería nuestro destino, para cuando nos vayamos juntos. Un lugar tranquilo, donde poder criar a nuestro bebé sin preocuparnos. Adjunto en este sobre te mando una lista de los posibles destinos, para que tú también puedas escoger.
He calculado que para irnos, lo ideal sería hacerlo en un plazo máximo de un mes. Así nadie llegaría a notar tu estado y no se percatarían de nuestros planes.
Nunca olvides lo mucho que te amo, Julieta
Con amor
Tu Romeo
Cerré el sobre y salí de palacio. Me dirigí a las cuadras y ensillé mi caballo. Cuando todo estuvo listo, partí hacia el bosque, hacia nuestro claro, para poder dejar la carta allí. Lo único que esperaba era que coincidiese con ella allí… Mi corazón estaba impaciente por volver a estar a su lado. Pero cuando por fin llegué, el lugar estaba solo. Miré a mí alrededor, y no lo vi tan hermoso como cuando ella estaba allí. Suspiré y finalmente dejé la carta en el lugar acordado. Pero cuando estaba a punto de volver a montar en mi caballo, me lo pensé mejor, y cogí una pluma que llevaba y cogí de nuevo el sobre. Debajo del nombre de Bella, escribí una frase para que ella sonriese al verla, igual que yo estaba sonriendo al pensarla. “Cuida de mi corazón… lo he dejado contigo”…
Con esa sonrisa, finalmente subí a mi caballo. Volví a dirigirme a palacio antes de que nadie me echara de menos y saliese en mi busca. Mientras cabalgaba pensé en un par de cosas que mi madre podría hacer por nosotros, como conseguirnos algo de dinero con el que poder tirar hasta que nos ubicásemos en un sitio y yo consiguiese algún trabajo.
Cuando llegué, fui derecho a mi cuarto y me tumbé un poco en la cama, ya que me encontraba extenuado por tantas emociones. Cerré los ojos, y vi mi futuro. Era junto a ella, y nos vi con más niños. Sonreí de nuevo al ver lo felices que seríamos. Lo único que podía pensar era que haría todo lo posible porque ese futuro dejase de ser un sueño y se convirtiese en una realidad.
Me levante por la mañana con una sonrisa en la cara, la verdad me encontraba de mejor humor de lo que podía creerme, sabia que mi Julieta habría ido a por mi carta y además lo ocurrido con mi madre me daba grandes ánimos para no rendirme, para luchar por lo que realmente quería y amaba, Jane y mi hijo.
Bella
Los días pasaban como años, todo se hacia cada vez mas eterno, todos los días bajaba al claro a buscar cartas de mi amado y dejar mis respuestas, en un par de días nos iríamos juntos, lejos para poder criar a nuestro pequeño, habíamos quedado en nuestro claro, dónde nos habíamos entregado; intentaba comportarme igual como la reina que era, para que nadie notara mis planes.
Mike seguía insistiendo en acostarnos, en que fuera suya, pero solo esa idea me hacia repugnarle mas, dormíamos juntos pero cada uno en su lado y sin tocarnos, me levante sonriendo, ese día era el especial, era el día de mi fuga. Llegue al claro y allí estaba él, esperándome con una sonrisa inmensa acercándose a mi con los brazos abiertos, en aquellos brazos donde encajaba a la perfección, nos besamos con fugacidad notando la necesidad de los dos. Comenzamos andar hacia nuestra nueva vida, huyendo de nuestra triste y antigua vida, llevábamos andando casi cuatro horas cuando empezamos a oír caballos, cañonazos, gritos, enfados, debían de haber empezado mi búsqueda, llegamos a un claro, nos encontrábamos rodeados, no teníamos escapatoria y nos matarían.
La flecha me atravesó el brazo, caí en brazos de Edward, nos encontrábamos en mitad de una guerra entre nuestros reinos; una pequeña hada vino hacia nosotros, toco el brazo de Edward con dulzura, para llamar su atención.
-Acompañarme alteza, la princesa y usted, estaréis a salvo de esta guerra si me seguís- dijo con un tono dulce y mágico.
Edward acepto, me cogio en sus brazos, mientras notaba como mi cuerpo quedaba sin vida; al abrir los ojos me encontraba tumbada en una cama, con dos duendes mirándome, hablaban rápido y me tocaban la herida, echándome algo en ella, empezó arderme el brazo, yo mientras el dolor me atravesaba buscaba con mi mirada a Edward por toda la habitación, no le encontré, ¿Dónde estaba? le necesitaba a mi lado.
-Edward, Edward, ¿Dónde estas?-dije chillando
-Tranquila Edward esta hablando con Alice, el hada que os trajo, no debes alterarte, te encuentras muy delicada-dijo el duende tranquilizándome.
-Necesito verle, tenerle a mi lado por favor-dije suplicante intentándome levantar, el duende apoyo su mano dulcemente en mi hombro tumbándome de nuevo.
-No te muevas por favor princesa Isabella-dijo el duende- ahora llamo al príncipe Edward para que venga a verla alteza.
-Un segundo, ¿Cómo me llamaste?-pregunte desconcertada y mirándole fijamente.
-Princesa Isabella- dijo el duende- así es como se llama usted realmente, a propósito, disculpe mi desconsideración me llamo Carso.
-Yo no me llamo Isabella, soy Jane Nioman, princesa del Reino Alatar y reina del Reino Newton-dije duramente- Carso creo que se equivoca de persona.
-No princesa, usted en verdad se llama Isabella, los poderes que poseemos son muy potentes y curativos, vemos en el tiempo y sabemos que hace 18 años fuiste robada de tu verdadero hogar, el reino Violeta.
Mi cabeza daba vueltas por todo lo que Carso me contaba, sin poder creerme que yo no fuera la princesa Jane, que me hubieran robado nada mas nacer. El duende desapareció por la puerta, al poco apareció Edward, mirándome con preocupación, se acerco a mí abrazándome, yo me eche a llorar desconsoladamente en sus brazos.
-No llores mi niña-dijo Edward abrazándome mas fuerte- ¿Por qué llora mi ángel?
-Edward, Carso el duende que ha estado cuidándome me ha dicho que soy la princesa Isabella del Reino Violeta- vi como su cara cambiaba- que me robaron del reino nada mas nacer y eso no puede ser, soy la princesa Jane del reino Alatar.
-Isabella-dijo Edward tocándome la cara- ese nombre me es familiar- se quedo pensativo y volvió hablar- Isabella iba a ser mi esposa, pero la robaron y me comprometieron con su hermana menor Ángela, la cual no amo.
Me aparte de el rápidamente, levantándome de la cama y saliendo de la casa corriendo, Edward vino tras de mi, agarrándome el brazo.
-¿A dónde vas Isabella?-dijo tristemente.
-No me llames Isabella- dije fríamente, soltando su mano de mi brazo- soy Jane, no debería estar aquí, sino en mi reino, Newton,¿lo oyes Edward? Pertenezco al reino Newton y ese es mi hogar.
-Jane, Isabella, quien seas me da igual como en verdad te llames te amo y es lo único que me importa, es lo único que me vale para estar contigo-dijo entre sollozos- lo único que quiero es amarte y criar nuestro hijo juntos.
-No, Edward no puede ser, no se porque se me paso esta locura por la cabeza, no puedo huir aquí se acabo todo-dije tristemente y notando como mi corazón se volvió a romper- me entregare a Mike y este bebe será suyo y mío.
Salí corriendo, llegando al claro donde conocí a Edward, mis ojos lloraban desconsoladamente, sin poder controlarlas; seguí corriendo notando como poco a poco me debilitaba, llegue al palacio, entrando sofocadamente en el salón, antes de caer desmayada solo pude decir.
-Nunca- cayendo desmayada.
Edward
Estaba tumbado en mi cama cuando comencé a escuchar pequeños golpes en mi ventana, me acerque y vi que era Alice el pequeño hada que nos había salvado de la guerra; abrí la ventana cuidadosamente dejándola entrar; volví a mi cama sentándome.
-Alice, ¿Qué haces aquí?-dije amigablemente sonriendo.
-Alteza, me quede muy preocupada por la marcha de la princesa Isabella y usted-dijo mirándome con preocupación.
-Alice, por favor no me llames alteza, llámame Edward-dije mirándola fijamente- quería hablar contigo sobre lo relacionado con la princesa Isabella o Jane; la verdad me tiene confundido la historia y no se en verdad como llamarla-baje la mirada tristemente- aunque no creo que me haga falta volver a llamarla; seguramente no quiera verme mas.
-¿Por qué alteza, perdón Edward? ¿Sucedió algo con la princesa?- pregunto Alice.
-Porque cuando Carso la contó la historia de que se llamaba Isabella y había sido robada siendo un bebe, se hecho a llorar en mis brazos pero la llame Isabella y se enfado muchísimo diciéndome que ella era la Princesa Jane del Reino Alatar-mis lagrimas empezaron a caer- si en verdad ella es de ese Reino, nunca podremos estar juntos, nuestros reinos están enfrentados a muerte, mis padres la matarían nada mas entrar al reino al igual ocurriría en mi lugar en su reino seguramente, encima espero un hijo mio-note los brazos de Alice abrazándome- la amo tanto que no me hago a la idea de poder perderla.
-No te preocupes Edward, ella en verdad es la princesa del Reino Violeta, aunque ahora mismo ella no quiera creérselo y nosotros no podemos demostrárselo con pruebas concluyentes, todo se arreglara y podréis estar juntos, nacieron para estar juntos-dijo Alice acariciando mi cara-ahora Edward descansa tranquilamente.
Me tumbe en la cama mientras veía como Alice desaparecía por la ventana, mis ojos se iban cerrando poco a poco, imaginando mi boda con Isabella, felices, amándonos y sin ningún impedimento.
Mi Julieta,
Ando emocionado por la cantidad de noticias que se suceden, una detrás de otra. El saber que un fruto de nuestro amor está creciendo en ti me convierte en el hombre más dichoso del mundo. Nunca creí que pudiese amar más de lo que te amo a ti, pero creo que mi corazón se ha hecho más grande y ahora tiene el doble de amor para ti y para nuestro pequeño. Me gustaría poder estar a tu lado, poder cuidarte y amarte como te mereces. Pero falta poco tiempo para que ese sueño se haga realidad.
Me encuentro intentando hallar que mejor lugar sería nuestro destino, para cuando nos vayamos juntos. Un lugar tranquilo, donde poder criar a nuestro bebé sin preocuparnos. Adjunto en este sobre te mando una lista de los posibles destinos, para que tú también puedas escoger.
He calculado que para irnos, lo ideal sería hacerlo en un plazo máximo de un mes. Así nadie llegaría a notar tu estado y no se percatarían de nuestros planes.
Nunca olvides lo mucho que te amo, Julieta
Con amor
Tu Romeo
Cerré el sobre y salí de palacio. Me dirigí a las cuadras y ensillé mi caballo. Cuando todo estuvo listo, partí hacia el bosque, hacia nuestro claro, para poder dejar la carta allí. Lo único que esperaba era que coincidiese con ella allí… Mi corazón estaba impaciente por volver a estar a su lado. Pero cuando por fin llegué, el lugar estaba solo. Miré a mí alrededor, y no lo vi tan hermoso como cuando ella estaba allí. Suspiré y finalmente dejé la carta en el lugar acordado. Pero cuando estaba a punto de volver a montar en mi caballo, me lo pensé mejor, y cogí una pluma que llevaba y cogí de nuevo el sobre. Debajo del nombre de Bella, escribí una frase para que ella sonriese al verla, igual que yo estaba sonriendo al pensarla. “Cuida de mi corazón… lo he dejado contigo”…
Con esa sonrisa, finalmente subí a mi caballo. Volví a dirigirme a palacio antes de que nadie me echara de menos y saliese en mi busca. Mientras cabalgaba pensé en un par de cosas que mi madre podría hacer por nosotros, como conseguirnos algo de dinero con el que poder tirar hasta que nos ubicásemos en un sitio y yo consiguiese algún trabajo.
Cuando llegué, fui derecho a mi cuarto y me tumbé un poco en la cama, ya que me encontraba extenuado por tantas emociones. Cerré los ojos, y vi mi futuro. Era junto a ella, y nos vi con más niños. Sonreí de nuevo al ver lo felices que seríamos. Lo único que podía pensar era que haría todo lo posible porque ese futuro dejase de ser un sueño y se convirtiese en una realidad.
Me levante por la mañana con una sonrisa en la cara, la verdad me encontraba de mejor humor de lo que podía creerme, sabia que mi Julieta habría ido a por mi carta y además lo ocurrido con mi madre me daba grandes ánimos para no rendirme, para luchar por lo que realmente quería y amaba, Jane y mi hijo.
Bella
Los días pasaban como años, todo se hacia cada vez mas eterno, todos los días bajaba al claro a buscar cartas de mi amado y dejar mis respuestas, en un par de días nos iríamos juntos, lejos para poder criar a nuestro pequeño, habíamos quedado en nuestro claro, dónde nos habíamos entregado; intentaba comportarme igual como la reina que era, para que nadie notara mis planes.
Mike seguía insistiendo en acostarnos, en que fuera suya, pero solo esa idea me hacia repugnarle mas, dormíamos juntos pero cada uno en su lado y sin tocarnos, me levante sonriendo, ese día era el especial, era el día de mi fuga. Llegue al claro y allí estaba él, esperándome con una sonrisa inmensa acercándose a mi con los brazos abiertos, en aquellos brazos donde encajaba a la perfección, nos besamos con fugacidad notando la necesidad de los dos. Comenzamos andar hacia nuestra nueva vida, huyendo de nuestra triste y antigua vida, llevábamos andando casi cuatro horas cuando empezamos a oír caballos, cañonazos, gritos, enfados, debían de haber empezado mi búsqueda, llegamos a un claro, nos encontrábamos rodeados, no teníamos escapatoria y nos matarían.
La flecha me atravesó el brazo, caí en brazos de Edward, nos encontrábamos en mitad de una guerra entre nuestros reinos; una pequeña hada vino hacia nosotros, toco el brazo de Edward con dulzura, para llamar su atención.
-Acompañarme alteza, la princesa y usted, estaréis a salvo de esta guerra si me seguís- dijo con un tono dulce y mágico.
Edward acepto, me cogio en sus brazos, mientras notaba como mi cuerpo quedaba sin vida; al abrir los ojos me encontraba tumbada en una cama, con dos duendes mirándome, hablaban rápido y me tocaban la herida, echándome algo en ella, empezó arderme el brazo, yo mientras el dolor me atravesaba buscaba con mi mirada a Edward por toda la habitación, no le encontré, ¿Dónde estaba? le necesitaba a mi lado.
-Edward, Edward, ¿Dónde estas?-dije chillando
-Tranquila Edward esta hablando con Alice, el hada que os trajo, no debes alterarte, te encuentras muy delicada-dijo el duende tranquilizándome.
-Necesito verle, tenerle a mi lado por favor-dije suplicante intentándome levantar, el duende apoyo su mano dulcemente en mi hombro tumbándome de nuevo.
-No te muevas por favor princesa Isabella-dijo el duende- ahora llamo al príncipe Edward para que venga a verla alteza.
-Un segundo, ¿Cómo me llamaste?-pregunte desconcertada y mirándole fijamente.
-Princesa Isabella- dijo el duende- así es como se llama usted realmente, a propósito, disculpe mi desconsideración me llamo Carso.
-Yo no me llamo Isabella, soy Jane Nioman, princesa del Reino Alatar y reina del Reino Newton-dije duramente- Carso creo que se equivoca de persona.
-No princesa, usted en verdad se llama Isabella, los poderes que poseemos son muy potentes y curativos, vemos en el tiempo y sabemos que hace 18 años fuiste robada de tu verdadero hogar, el reino Violeta.
Mi cabeza daba vueltas por todo lo que Carso me contaba, sin poder creerme que yo no fuera la princesa Jane, que me hubieran robado nada mas nacer. El duende desapareció por la puerta, al poco apareció Edward, mirándome con preocupación, se acerco a mí abrazándome, yo me eche a llorar desconsoladamente en sus brazos.
-No llores mi niña-dijo Edward abrazándome mas fuerte- ¿Por qué llora mi ángel?
-Edward, Carso el duende que ha estado cuidándome me ha dicho que soy la princesa Isabella del Reino Violeta- vi como su cara cambiaba- que me robaron del reino nada mas nacer y eso no puede ser, soy la princesa Jane del reino Alatar.
-Isabella-dijo Edward tocándome la cara- ese nombre me es familiar- se quedo pensativo y volvió hablar- Isabella iba a ser mi esposa, pero la robaron y me comprometieron con su hermana menor Ángela, la cual no amo.
Me aparte de el rápidamente, levantándome de la cama y saliendo de la casa corriendo, Edward vino tras de mi, agarrándome el brazo.
-¿A dónde vas Isabella?-dijo tristemente.
-No me llames Isabella- dije fríamente, soltando su mano de mi brazo- soy Jane, no debería estar aquí, sino en mi reino, Newton,¿lo oyes Edward? Pertenezco al reino Newton y ese es mi hogar.
-Jane, Isabella, quien seas me da igual como en verdad te llames te amo y es lo único que me importa, es lo único que me vale para estar contigo-dijo entre sollozos- lo único que quiero es amarte y criar nuestro hijo juntos.
-No, Edward no puede ser, no se porque se me paso esta locura por la cabeza, no puedo huir aquí se acabo todo-dije tristemente y notando como mi corazón se volvió a romper- me entregare a Mike y este bebe será suyo y mío.
Salí corriendo, llegando al claro donde conocí a Edward, mis ojos lloraban desconsoladamente, sin poder controlarlas; seguí corriendo notando como poco a poco me debilitaba, llegue al palacio, entrando sofocadamente en el salón, antes de caer desmayada solo pude decir.
-Nunca- cayendo desmayada.
Edward
Estaba tumbado en mi cama cuando comencé a escuchar pequeños golpes en mi ventana, me acerque y vi que era Alice el pequeño hada que nos había salvado de la guerra; abrí la ventana cuidadosamente dejándola entrar; volví a mi cama sentándome.
-Alice, ¿Qué haces aquí?-dije amigablemente sonriendo.
-Alteza, me quede muy preocupada por la marcha de la princesa Isabella y usted-dijo mirándome con preocupación.
-Alice, por favor no me llames alteza, llámame Edward-dije mirándola fijamente- quería hablar contigo sobre lo relacionado con la princesa Isabella o Jane; la verdad me tiene confundido la historia y no se en verdad como llamarla-baje la mirada tristemente- aunque no creo que me haga falta volver a llamarla; seguramente no quiera verme mas.
-¿Por qué alteza, perdón Edward? ¿Sucedió algo con la princesa?- pregunto Alice.
-Porque cuando Carso la contó la historia de que se llamaba Isabella y había sido robada siendo un bebe, se hecho a llorar en mis brazos pero la llame Isabella y se enfado muchísimo diciéndome que ella era la Princesa Jane del Reino Alatar-mis lagrimas empezaron a caer- si en verdad ella es de ese Reino, nunca podremos estar juntos, nuestros reinos están enfrentados a muerte, mis padres la matarían nada mas entrar al reino al igual ocurriría en mi lugar en su reino seguramente, encima espero un hijo mio-note los brazos de Alice abrazándome- la amo tanto que no me hago a la idea de poder perderla.
-No te preocupes Edward, ella en verdad es la princesa del Reino Violeta, aunque ahora mismo ella no quiera creérselo y nosotros no podemos demostrárselo con pruebas concluyentes, todo se arreglara y podréis estar juntos, nacieron para estar juntos-dijo Alice acariciando mi cara-ahora Edward descansa tranquilamente.
Me tumbe en la cama mientras veía como Alice desaparecía por la ventana, mis ojos se iban cerrando poco a poco, imaginando mi boda con Isabella, felices, amándonos y sin ningún impedimento.
Capítulo 14: NOTICIAS
Bella
Allí me encontraba en ese maldito reino del cual me había convertido reina, sin quererlo ni beberlo, hoy me tocaría cambiarme de dormitorio y dormir con mi esposo, no podía ser; baje al jardín donde me puse a caminar e intentando dejar mi mente en blanco, me notaba un tanto débil, seria de los nervios que había pasado en estas semanas, unas nauseas se apoderaron de mi con un fuerte mareo que hizo que me agarrara a un árbol para no caerme, me senté en el banco mas próximo donde intente respirar profundamente y tranquilizarme; estuve un rato ahí hasta que note que las nauseas y el mareo desaparecían, me levante y entre en el castillo, subiendo a la habitación para darme un baño, pero salí corriendo hacia el WC donde comencé a vomitar, al terminar me senté en el suelo y mi peor pesadilla se echo en mi, tenia toda la pinta de estar embarazada, no podía ser, solo lo había echo una vez, hacia dos semanas en aquel claro con Edward,¿Cómo iba a explicar mi embarazo si no había tenido relaciones con mi esposo?¿Como iba a tener un bebe bastardo ante sus ojos? no podía permitirlo, le matarían y ami tras él, no iba a dejar que el fruto de amor de Edward y yo fuera asesinado, tenia que salvarlo, aunque fuera escapándome del reino; pensé muchas maneras de avisar a Edward y escaparme, pero a cada cual mas imposible y alocada, rezaba para mis adentros por una solución, cuando el pequeño duende del claro, Jacob, llamo a mi ventana con un pequeño tintineo, le abrí dejándole entrar.
-Majestad, venia a felicitarla por su embarazo, aunque veo que no esta muy contenta con esa noticia-dijo Jacob dulcemente
-No estoy contenta porque si mi esposo se entera nos matara a los dos y mi hijo no debe morir-dije entre sollozos-necesito avisar a Edward y escaparme de aquí, necesito salvar a nuestro bebe.
-Nosotros os ayudaremos majestad, nosotros avisaremos a Edward para que se encuentre con usted-dijo Jacob tocando mi cara tiernamente.
Me levante del suelo, cogiendo un papel y una pluma, para escribirle una carta a Edward y Jacob pudiera entregársela.
Hola mi Romeo
Te escribo esta carta con una gran pena y angustia, aunque en verdad también con jubilo, necesito verte urgentemente, mi vida corre riesgo, por lo que no puedo permanecer mas en el reino, espero a nuestro hijo, tuyo y mío romeo, no puedo permitir que Mike le mate por ser bastardo ante él, debo luchar por salvar su vida aunque sea lo ultimo que haga de la mía, son 9 meses lo que debo de esperar y no dejar de luchar; se que con mi marcha una gran guerra se avecina y a lo mejor es demasiado egoísta querer salvar dos vidas por las tantas muertes que puede haber con mi fuga, pero es tu hijo, tuyo y mío. Espero verte esta medianoche en el claro, donde nos unimos.
Tu amada Julieta.
Le entregue la carta a Jacob, quien se marcho rápidamente por la ventana a la hora o así, volvió para avisarme de que Edward había estado de acuerdo en vernos en ese claro a medianoche, Jacob me dijo que pararía el tiempo de nuevo, solo durante una hora como mucho para poder salir del reino, hablar con Edward y volver al reino, eso hizo que mi animo subiese un poco.
Baje al comedor donde cene con mi esposo, él cual no hacia nada mas que sonreírme y tirarme besos como un completo estupido, nos fuimos al dormitorio en conjunto donde el pretendía hacerme suya.
-Por favor Mike, todavía no estoy preparada-dije con la cabeza agachada-me gustaría esperar un poco mas.
El pareció molesto pero no me presiono, algo extraño, sabiendo de todo lo que era capaz, nos metimos en la cama en donde apenas en unos minutos el ya roncaba en su dulce sueño, yo con los ojos abiertos, espero hasta las 23:59, en donde vi que entraba Jacob y paraba el tiempo, haciéndome salir del reino y marchándome rápidamente al claro, donde me esperaba Edward con una enorme sonrisa.
-Mi amor, mi Julieta-me abrazo y beso dulcemente en los labios-me alegro recibir tu carta y la noticia que me dabas en ella, yo también luchare por la vida de dos, de mi pequeño y de ti, no dejare que nadie os haga nada.
-Edward por favor-le puse un dedo en sus labios callándole dulcemente-escúchame no dispongo de mucho tiempo, y necesitaba verte, porque debemos de pensar un plan, intentare mandarte cartas através de Jacob, pero si alguna vez no puedo, vendré a este claro con la escusa de pasear y la dejare en un hueco que ahí en ese árbol de ahí, debajo de las raíces, lo tapa el musgo, por lo que nadie sospechara, tus respuestas también las esperare ahí, cada día vendré a verlas-al terminar de hablar bese sus labios con tal fugacidad que un escalofrío recorrió mi cuerpo-ahora he de regresar al reino, con mi esposo, para que no noten mi marcha.
-No te vayas todavía Jane por favor-dijo sollozando Edward-apenas hemos estado juntos.
-no puedo de verdad Edward, me encantaría pero no puedo-mientras me alejaba de él, me gire para decirle la ultima palabra-NUNCA
-NUNCA- respondió el tristemente.
Edward
Volví al reino con la cabeza gacha. En verdad me había hecho feliz la noticia de ser padre, y mucho más poder volver a ver a Jane, aunque no hubiese sido por más de unos minutos. Quería estar con ella para siempre, y ahora tendría la oportunidad que tanto anhelaba. Tendríamos que huir, y sería duro, lo sabía, tener que pasar el resto de nuestra vida como fugitivos, ya que removerían cielo y tierra en los reinos para encontrarnos… Debía planearlo todo con mucho cuidado, deberíamos alejarnos de nuestros reinos y los vecinos, ir a un lugar que nos resultase desconocido en el cual también nosotros resultásemos desconocidos a los demás…
Cuando llegué a casa, me fui directamente a mi habitación. Me relajé al comprobar que nadie se había percatado de mi ausencia, ya que sería muy difícil de explicar que hacia fuera del reino a estas horas de la noche. Me encontraba demasiado excitado por las noticias del día como para dormir, así que decidí comenzar a planear todo lo relacionado con nuestra huida, para que Jane no tuviera que preocuparse con nada y pudiera tener un embarazo todo lo tranquilo que pudiese ser, dada la situación.
Encendí las luces de mi cuarto, aunque antes cerré las ventanas y las tapé, para que nadie viese luz desde fuera del castillo. También cerré la puerta de la habitación con llave y puse algo de ropa debajo de la puerta, para que la rendija de luz que saliese de allí no me delatase. Después de asegurarme de que nadie me descubriría, busqué un viejo atlas en unas estanterías. Era un libro antiguo, que me regaló mi padre cuando vio que la geografía me interesaba cuando era más pequeño. Lo abrí y me puse a investigar todos los reinos que existían. Me puse a pensar cuales eran con los que mis padres no tenían contacto, para huir allí y poder escondernos sin que nos descubrieran.
No sé a que hora de la noche me quedé dormido, pero desperté sentado en el escritorio y con todos los papeles sobre mis anotaciones pegados a mi cara. Alguien estaba intentando entrar en mi cuarto, pero como se encontraba cerrado, me estaban llamando para poder pasar. Rápidamente escondí todo lo que tenían encima de la mesa, me quité la ropa, me puse el pijama y abrí. La sorpresa es que en vez de ser el ama que se encargaba de ayudarme por las mañanas, era mi madre.
- Madre, ¿pasó algo? –le pregunté. Hacia muchísimo tiempo que no venía ella por las mañanas, así que su presencia hizo que me preocupara un poco.
- Nada hijo, ¿no puede tu madre venir a verte a tu cuarto? –me contestó sonriendo, aunque la alegría no le llegó a los ojos.
- Madre… suéltalo, por favor –le insistí. Quería que me confesase el verdadero motivo de su visita. Ella soltó un leve suspiro antes de decidirse a hablar.
- Yo solo… quería saber que tal estabas… El día de la boda de la princesa Jane con lord Newton estuviste muy extraño. –Me quedé asombrado, y seguro que mi boca tenía forma de “o” por la sorpresa. ¿Tanto habían notado lo que me molestaba la boda? ¿Lo habría notado alguien más a parte de mi familia?- Así que empecé a atar cabos sueltos, y la única conclusión lógica que encuentro es que Jane Nioman sea tu chica misteriosa, de la cual me hablaste hace largo tiempo.
- Mamá… yo… no, no es lo que te imaginas… -no sabía que decirle. No pensaba que alguien se hubiese dado cuenta de nada.
- Tranquilo hijo… No voy a decir nada –me contestó ella sonriendo- Sólo quería que supieses que sentía mucho que las cosas no hubieran salido bien entre vosotros. Pero ella… bueno ella no, pero sus padres no son muy queridos por nosotros. ¿Lo sabías, verdad? –sólo pude asentir. Estaba estupefacto por percatarme lo intuitiva que podía llegar a ser mi madre- Hubiese sido un gran problema el que vosotros iniciarais una relación. Sé lo que te prometí, créeme que no lo olvido, al igual que sé que tú tampoco. –recordaba su promesa. La de que podría casarme con quien quisiera, siempre y cuando lo hiciera dentro del plazo- Pero con ella no podría ser…
Empecé a recordar el dolor de todo este tiempo, los muchos altibajos que habíamos tenido, y no pude evitar echarme a llorar. Mi madre me cogió entre sus brazos y me cobijó en ellos, haciendo que yo sollozase más fuerte. Tenía que contarle, tenía que desahogarme con alguien acerca de todo lo que tenía encima. Era demasiado joven para guardar un secreto tan grande.
- Mamá, ella… ella… -intenté hablar, pero entre los hipos del llanto y el que no sabía por donde empezar, hacia que no pudiese decir nada coherente.
- Tranquilo, hijo… Yo siempre estaré aquí para ti. –sus palabras de consuelo me dolieron aún más. Si me iba con Jane, ni mi madre ni nadie estaría más junto a mí. Nadie podría volver a consolarme como estaba haciendo ella ahora conmigo. Debería ser fuerte y apechugar con lo que viniese, para darle ánimos a la madre de mi hijo… mi hijo…
- Ella está embarazada –solté de golpe. No pensé ni en el efecto que podría tener mis palabras, pero ya lo había dicho, así que no tenía sentido guardarme nada- y el hijo que espera es mío.
- Pero… ¿cómo? –me preguntó ella. Supongo que estaría pensando como habíamos logrado estar a solas para tener la suficiente intimidad.
- Mejor no preguntes… no estaría seguro de poder explicarte, porque ni yo mismo tengo muy claro como se dio el lugar. Pero no tengo ninguna duda que lo que ella lleva en su vientre es el fruto de nuestro amor.
Mi madre se quedó callada y pensativa, mirando a ninguna parte. Estuve unos minutos mirándola, y la ansiedad se apoderó de mí. Preferiría que me estuviese gritando, que me pegase, me castigase… en definitiva, que reaccionase y me diese alguna muestra de lo que estaba pasando por su mente en estos momentos. Pasado un largo tiempo, que me resultó eterno, ella sólo se giró y me miró sonriendo.
- Voy a ser abuela –fue lo único que dijo. Me dejó muy sorprendido por su reacción. De la cantidad de cosas que podría decirme, de las muchas que podría echarme en cara, ella sólo pudo ver la parte buena de todo esto. Pero ella era así, siempre fue muy distinta a toda la gente que conocía. Por eso decía mi padre que se había enamorado de ella, porque nunca sabía con que iba a salir. La abracé mientras sonreía yo también, y después nos miramos fijamente a los ojos.
- Sé lo que quieres hacer hijo –me dijo después de que este bonito momento pasase.- Créeme cuando te digo que tienes todo mi apoyo, y que si hay algo en lo que pueda ayudarte antes de que te vayas, sólo tienes que avisarme. –quedé sorprendido de nuevo. Mi madre siempre había sabido leer mis expresiones, pero nunca llegué a pensar que podría ser tan claro para ella- Pero quisiera pedirte una única cosa –la miré expectante antes de que ella realizara su petición- Lo único que te pido es, que antes de irte, me lo digas. Quisiera poder despedirme de ti, tener un buen recuerdo de la última vez que vea a mi hijo –lágrimas asomaron en sus ojos, y se las sequé mientras asentía sonriendo. Volvimos a abrazarnos y cuando nos separamos, ella dejó un beso en mi mejilla. –Lucha por tu amor hijo. Lucha por ser feliz, porque lo mereces…
Allí me encontraba en ese maldito reino del cual me había convertido reina, sin quererlo ni beberlo, hoy me tocaría cambiarme de dormitorio y dormir con mi esposo, no podía ser; baje al jardín donde me puse a caminar e intentando dejar mi mente en blanco, me notaba un tanto débil, seria de los nervios que había pasado en estas semanas, unas nauseas se apoderaron de mi con un fuerte mareo que hizo que me agarrara a un árbol para no caerme, me senté en el banco mas próximo donde intente respirar profundamente y tranquilizarme; estuve un rato ahí hasta que note que las nauseas y el mareo desaparecían, me levante y entre en el castillo, subiendo a la habitación para darme un baño, pero salí corriendo hacia el WC donde comencé a vomitar, al terminar me senté en el suelo y mi peor pesadilla se echo en mi, tenia toda la pinta de estar embarazada, no podía ser, solo lo había echo una vez, hacia dos semanas en aquel claro con Edward,¿Cómo iba a explicar mi embarazo si no había tenido relaciones con mi esposo?¿Como iba a tener un bebe bastardo ante sus ojos? no podía permitirlo, le matarían y ami tras él, no iba a dejar que el fruto de amor de Edward y yo fuera asesinado, tenia que salvarlo, aunque fuera escapándome del reino; pensé muchas maneras de avisar a Edward y escaparme, pero a cada cual mas imposible y alocada, rezaba para mis adentros por una solución, cuando el pequeño duende del claro, Jacob, llamo a mi ventana con un pequeño tintineo, le abrí dejándole entrar.
-Majestad, venia a felicitarla por su embarazo, aunque veo que no esta muy contenta con esa noticia-dijo Jacob dulcemente
-No estoy contenta porque si mi esposo se entera nos matara a los dos y mi hijo no debe morir-dije entre sollozos-necesito avisar a Edward y escaparme de aquí, necesito salvar a nuestro bebe.
-Nosotros os ayudaremos majestad, nosotros avisaremos a Edward para que se encuentre con usted-dijo Jacob tocando mi cara tiernamente.
Me levante del suelo, cogiendo un papel y una pluma, para escribirle una carta a Edward y Jacob pudiera entregársela.
Hola mi Romeo
Te escribo esta carta con una gran pena y angustia, aunque en verdad también con jubilo, necesito verte urgentemente, mi vida corre riesgo, por lo que no puedo permanecer mas en el reino, espero a nuestro hijo, tuyo y mío romeo, no puedo permitir que Mike le mate por ser bastardo ante él, debo luchar por salvar su vida aunque sea lo ultimo que haga de la mía, son 9 meses lo que debo de esperar y no dejar de luchar; se que con mi marcha una gran guerra se avecina y a lo mejor es demasiado egoísta querer salvar dos vidas por las tantas muertes que puede haber con mi fuga, pero es tu hijo, tuyo y mío. Espero verte esta medianoche en el claro, donde nos unimos.
Tu amada Julieta.
Le entregue la carta a Jacob, quien se marcho rápidamente por la ventana a la hora o así, volvió para avisarme de que Edward había estado de acuerdo en vernos en ese claro a medianoche, Jacob me dijo que pararía el tiempo de nuevo, solo durante una hora como mucho para poder salir del reino, hablar con Edward y volver al reino, eso hizo que mi animo subiese un poco.
Baje al comedor donde cene con mi esposo, él cual no hacia nada mas que sonreírme y tirarme besos como un completo estupido, nos fuimos al dormitorio en conjunto donde el pretendía hacerme suya.
-Por favor Mike, todavía no estoy preparada-dije con la cabeza agachada-me gustaría esperar un poco mas.
El pareció molesto pero no me presiono, algo extraño, sabiendo de todo lo que era capaz, nos metimos en la cama en donde apenas en unos minutos el ya roncaba en su dulce sueño, yo con los ojos abiertos, espero hasta las 23:59, en donde vi que entraba Jacob y paraba el tiempo, haciéndome salir del reino y marchándome rápidamente al claro, donde me esperaba Edward con una enorme sonrisa.
-Mi amor, mi Julieta-me abrazo y beso dulcemente en los labios-me alegro recibir tu carta y la noticia que me dabas en ella, yo también luchare por la vida de dos, de mi pequeño y de ti, no dejare que nadie os haga nada.
-Edward por favor-le puse un dedo en sus labios callándole dulcemente-escúchame no dispongo de mucho tiempo, y necesitaba verte, porque debemos de pensar un plan, intentare mandarte cartas através de Jacob, pero si alguna vez no puedo, vendré a este claro con la escusa de pasear y la dejare en un hueco que ahí en ese árbol de ahí, debajo de las raíces, lo tapa el musgo, por lo que nadie sospechara, tus respuestas también las esperare ahí, cada día vendré a verlas-al terminar de hablar bese sus labios con tal fugacidad que un escalofrío recorrió mi cuerpo-ahora he de regresar al reino, con mi esposo, para que no noten mi marcha.
-No te vayas todavía Jane por favor-dijo sollozando Edward-apenas hemos estado juntos.
-no puedo de verdad Edward, me encantaría pero no puedo-mientras me alejaba de él, me gire para decirle la ultima palabra-NUNCA
-NUNCA- respondió el tristemente.
Edward
Volví al reino con la cabeza gacha. En verdad me había hecho feliz la noticia de ser padre, y mucho más poder volver a ver a Jane, aunque no hubiese sido por más de unos minutos. Quería estar con ella para siempre, y ahora tendría la oportunidad que tanto anhelaba. Tendríamos que huir, y sería duro, lo sabía, tener que pasar el resto de nuestra vida como fugitivos, ya que removerían cielo y tierra en los reinos para encontrarnos… Debía planearlo todo con mucho cuidado, deberíamos alejarnos de nuestros reinos y los vecinos, ir a un lugar que nos resultase desconocido en el cual también nosotros resultásemos desconocidos a los demás…
Cuando llegué a casa, me fui directamente a mi habitación. Me relajé al comprobar que nadie se había percatado de mi ausencia, ya que sería muy difícil de explicar que hacia fuera del reino a estas horas de la noche. Me encontraba demasiado excitado por las noticias del día como para dormir, así que decidí comenzar a planear todo lo relacionado con nuestra huida, para que Jane no tuviera que preocuparse con nada y pudiera tener un embarazo todo lo tranquilo que pudiese ser, dada la situación.
Encendí las luces de mi cuarto, aunque antes cerré las ventanas y las tapé, para que nadie viese luz desde fuera del castillo. También cerré la puerta de la habitación con llave y puse algo de ropa debajo de la puerta, para que la rendija de luz que saliese de allí no me delatase. Después de asegurarme de que nadie me descubriría, busqué un viejo atlas en unas estanterías. Era un libro antiguo, que me regaló mi padre cuando vio que la geografía me interesaba cuando era más pequeño. Lo abrí y me puse a investigar todos los reinos que existían. Me puse a pensar cuales eran con los que mis padres no tenían contacto, para huir allí y poder escondernos sin que nos descubrieran.
No sé a que hora de la noche me quedé dormido, pero desperté sentado en el escritorio y con todos los papeles sobre mis anotaciones pegados a mi cara. Alguien estaba intentando entrar en mi cuarto, pero como se encontraba cerrado, me estaban llamando para poder pasar. Rápidamente escondí todo lo que tenían encima de la mesa, me quité la ropa, me puse el pijama y abrí. La sorpresa es que en vez de ser el ama que se encargaba de ayudarme por las mañanas, era mi madre.
- Madre, ¿pasó algo? –le pregunté. Hacia muchísimo tiempo que no venía ella por las mañanas, así que su presencia hizo que me preocupara un poco.
- Nada hijo, ¿no puede tu madre venir a verte a tu cuarto? –me contestó sonriendo, aunque la alegría no le llegó a los ojos.
- Madre… suéltalo, por favor –le insistí. Quería que me confesase el verdadero motivo de su visita. Ella soltó un leve suspiro antes de decidirse a hablar.
- Yo solo… quería saber que tal estabas… El día de la boda de la princesa Jane con lord Newton estuviste muy extraño. –Me quedé asombrado, y seguro que mi boca tenía forma de “o” por la sorpresa. ¿Tanto habían notado lo que me molestaba la boda? ¿Lo habría notado alguien más a parte de mi familia?- Así que empecé a atar cabos sueltos, y la única conclusión lógica que encuentro es que Jane Nioman sea tu chica misteriosa, de la cual me hablaste hace largo tiempo.
- Mamá… yo… no, no es lo que te imaginas… -no sabía que decirle. No pensaba que alguien se hubiese dado cuenta de nada.
- Tranquilo hijo… No voy a decir nada –me contestó ella sonriendo- Sólo quería que supieses que sentía mucho que las cosas no hubieran salido bien entre vosotros. Pero ella… bueno ella no, pero sus padres no son muy queridos por nosotros. ¿Lo sabías, verdad? –sólo pude asentir. Estaba estupefacto por percatarme lo intuitiva que podía llegar a ser mi madre- Hubiese sido un gran problema el que vosotros iniciarais una relación. Sé lo que te prometí, créeme que no lo olvido, al igual que sé que tú tampoco. –recordaba su promesa. La de que podría casarme con quien quisiera, siempre y cuando lo hiciera dentro del plazo- Pero con ella no podría ser…
Empecé a recordar el dolor de todo este tiempo, los muchos altibajos que habíamos tenido, y no pude evitar echarme a llorar. Mi madre me cogió entre sus brazos y me cobijó en ellos, haciendo que yo sollozase más fuerte. Tenía que contarle, tenía que desahogarme con alguien acerca de todo lo que tenía encima. Era demasiado joven para guardar un secreto tan grande.
- Mamá, ella… ella… -intenté hablar, pero entre los hipos del llanto y el que no sabía por donde empezar, hacia que no pudiese decir nada coherente.
- Tranquilo, hijo… Yo siempre estaré aquí para ti. –sus palabras de consuelo me dolieron aún más. Si me iba con Jane, ni mi madre ni nadie estaría más junto a mí. Nadie podría volver a consolarme como estaba haciendo ella ahora conmigo. Debería ser fuerte y apechugar con lo que viniese, para darle ánimos a la madre de mi hijo… mi hijo…
- Ella está embarazada –solté de golpe. No pensé ni en el efecto que podría tener mis palabras, pero ya lo había dicho, así que no tenía sentido guardarme nada- y el hijo que espera es mío.
- Pero… ¿cómo? –me preguntó ella. Supongo que estaría pensando como habíamos logrado estar a solas para tener la suficiente intimidad.
- Mejor no preguntes… no estaría seguro de poder explicarte, porque ni yo mismo tengo muy claro como se dio el lugar. Pero no tengo ninguna duda que lo que ella lleva en su vientre es el fruto de nuestro amor.
Mi madre se quedó callada y pensativa, mirando a ninguna parte. Estuve unos minutos mirándola, y la ansiedad se apoderó de mí. Preferiría que me estuviese gritando, que me pegase, me castigase… en definitiva, que reaccionase y me diese alguna muestra de lo que estaba pasando por su mente en estos momentos. Pasado un largo tiempo, que me resultó eterno, ella sólo se giró y me miró sonriendo.
- Voy a ser abuela –fue lo único que dijo. Me dejó muy sorprendido por su reacción. De la cantidad de cosas que podría decirme, de las muchas que podría echarme en cara, ella sólo pudo ver la parte buena de todo esto. Pero ella era así, siempre fue muy distinta a toda la gente que conocía. Por eso decía mi padre que se había enamorado de ella, porque nunca sabía con que iba a salir. La abracé mientras sonreía yo también, y después nos miramos fijamente a los ojos.
- Sé lo que quieres hacer hijo –me dijo después de que este bonito momento pasase.- Créeme cuando te digo que tienes todo mi apoyo, y que si hay algo en lo que pueda ayudarte antes de que te vayas, sólo tienes que avisarme. –quedé sorprendido de nuevo. Mi madre siempre había sabido leer mis expresiones, pero nunca llegué a pensar que podría ser tan claro para ella- Pero quisiera pedirte una única cosa –la miré expectante antes de que ella realizara su petición- Lo único que te pido es, que antes de irte, me lo digas. Quisiera poder despedirme de ti, tener un buen recuerdo de la última vez que vea a mi hijo –lágrimas asomaron en sus ojos, y se las sequé mientras asentía sonriendo. Volvimos a abrazarnos y cuando nos separamos, ella dejó un beso en mi mejilla. –Lucha por tu amor hijo. Lucha por ser feliz, porque lo mereces…
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